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jueves, febrero 28, 2008

Apocalipsis Now y Querelle

APOCALYPSE NOW (Apocalipsis Now-1979) de Francis Ford Coppola y QUERELLE (Querelle-1980) de Rainer Werner Fassbinder

Cada tanto aparece alguien que nos desafía a sopapo limpio a poner en juego nuestros principios, alguien que nos llena de dudas y nos pone a prueba a ver que tan firmes son nuestros cimientos.

“Apocalipse Now” (1979) Francis Ford Coppola
En un lanchón que remonta el Río Nung, penetrando una tupida y enigmática selva sudasiática, el capitán Willard (Martin Sheen) viaja con la extraña y secretísima misión de matar a un superior suyo, el coronel Kurtz.

Kurtz (Marlon Brando), en otro tiempo fiel y destacadísimo oficial del ejército norteamericano, se había desviado de lo señalado... y reescribiendo la Biblia, subyugado y sometido a la exuberante naturaleza y a los residentes de un ríspido paraje camboyano, tornó a mutar hacia dentro, hasta convertirse en Dios.

Ya había intentado el alto mando norteamericano recuperarlo y reinsertarlo en sus filas; también el matarlo y así impedir que uno de los propios se convierta en un enemigo inclasificable y a todas luces mucho peor que "el otro": el Viet-Cong... pero más lo intentaban y más se afirmaba y mitificaba la figura del coronel Kurtz. Era todo un enigma, era un jaque punzante y doloroso provocado ridículamente por un alfil propio, y estaba en las manos del capitán Willard el darle una solución definitiva y rápida. (dicho alfil coronaría con el tiempo y de un modo excepcional en un "Rey verde").

Pero ni se le ocurra pensar, joven, que la tarea era tan sencilla como "ir, ver y matar".

Matar a Dios no es cosa de todos los días, ni tampoco es tarea de soldados... era lógico que Willard dudara de que clase de méritos podría reunir él que lo calificaran para tamaña misión.

Y mientras más se acercaba Willard a su "muelle objetivo", más pequeño éste se tornaba, al tiempo que Kurtz se agigantaba y disipaba fantasmagóricamente adueñándose de cada uno de sus pensamientos: En Willard ahora corre sangre negra bombeada desde el corazón de las tinieblas*.

Turbión de Willard
("Fracaso, muerte segura, 'otro plan que fracasa', mandarán a otro Willard, y a otro... Willard... el Honor, ¿qué valor tiene una medalla? - muerte- la muerte tiene valor en sí misma, no es alegórica como las medallas... pronto seré nadie... ¿y si lo logro?... vendrán hijos y una mujer... merecida gloria a una misión digna de un dios, de otro dios, ¿y Dios?, todos los caminos conducen a Kurtz... ¿y si sobrevivo...? ¿Cómo saldré de aquel lado del espejo? Ya estoy llegando... y es tan pobre o tan miserable el premio como el castigo... me quedo con el castigo como premio, llego hasta su trono, llego... lo mato, vuelvo, lo demás, lo veré cuando llegue el tiempo").

Corolario
Willard llega y mata a Kurtz.

En ajedrez, a ésa circunstancia del juego se le llama "ahogado". No hay ganador.

Querelle (Rainer Werner Fassbinder, 1982)
Puerto de Brest, un barco, el "Vengeur" y toda una tripulación que direcciona sus urgencias sexuales hacia un burdel: "La Feria" -toda la tripulación menos el Teniente Sablon (Franco Nero), quien siendo hombre melancólico y pensante, pasa sus horas libres teorizando acerca del platónico amor que siente por Querelle.

Y Querelle, lejos de toda poesía, es un marino violento, lascivo, asesino y manipulador... Y en el puerto de Brest, Querelle se encontrará con un entorno a su medida.

"La Feria"
Buscando comprador para su opio, Querelle encontrará en el burdel mucho más que solo a un "dealer".

Por empezar, se reencontró con su hermano Robert, amante de la propietaria y madama del burdel Lysianne (Jeanne Moreau); también conoció a Nono (Günther Kaufmann), regente del burdel, moreno inmenso que se cobra las deudas generadas por los dados sometiendo carnalmente a los perdedores (es apropiado acotar que Nono sólo apuesta con marinos); y ni que hablar de Mario (Burkard Driest), un policía cuya imagen imponente y glacial genera espanto y atracción inmediata en Querelle.

Presentados los personajes, veremos a Querelle merodeando, semblanteando, y a poco de relevado el terreno, matando por capricho y a voluntad; lo veremos también sometido carnalmente por Nono y por Mario y también atrayendo y dominando sexualmente a voluntad a Lysianne, en síntesis; lo veremos "en acción".

Y a poco de actuar, será Querelle dueño absoluto del entorno, y como tal, dueño de algunas vidas, vidas que decide acortar por puro placer, o por el ejercicio simple y llano de un derecho natural.

Seblon es quien nos mantiene en equilibrio durante la sucesión de los hechos; Seblon "lo explica" a Querelle, echando luz a tanto capricho, a tanta lujuria, a tanta incontinencia. Lo ama en silencio. Lo contempla en la soledad de su sala de mando; lo venera, no lo toca, lo idealiza.

Y un día, Querelle se rindió ante la firme serenidad de Seblon…

... y ansió por una vez cambiar la adrenalina de la caza mayor por la seguridad y la tranquilidad de una vida apacible, sosegada. Buscó en Seblon aquello que por impropio, no podía encontrar dentro de sí.

"Ahogado" de Querelle
Seblon se negará a romper el hechizo. Lo que nació platónico, debe terminar platónico.

Todo el encanto y fascinación que despertara Querelle en el teniente no podía ni debía nunca contrastarse con la realidad. Era "el sueño de Seblon" y así estaba bien.

Amado y deseado por muchos y sin embargo inmerso en el hastío y en la impunidad del entorno que había generado, Querelle terminará la partida (de su juventud)... en nada, en un "ahogado".

Su relación con su hermano y con Lysianne nunca será algo de valor. No existe en él sentido de familia ni de pertenencia. Querelle es sólo y es único.**

Enlace
Fassbinder / Genet nos tira todas las cartas sobre la mesa. Eso es Querelle, un desparramo de cartas, en donde las reglas del juego cambian caprichosamente pero orientadas a una suerte que – como con los dioses griegos de antaño-, siempre tendrá como destino final el favorecer a los Elegidos.

¿Qué es la realidad? ¿Es ésto que percibimos a diario? ¿Qué tal si fuera Querelle el único que ve las cosas como realmente son? ***

Despojado de toda concepción moral y religiosa, Querelle es un predador salvaje entre víctimas predestinadas, que luchará por mantener su propio espacio entre otros predadores. Sin estatura moral ni intelectual, no aspirará a más que esto. "Todo lo otro" es vanidad ciega, fútil, inservible, debilidad pura.

Kurtz no es Querelle.

Pero ambos someten todo cuanto los rodea; solo que Kurtz terminará sus días sumido en un desprecio absoluto; tan abrumado…que pareciera como si el destino final de los leones no fuera más promisorio ni feliz que el de los antílopes.

Willard era un sacerdote que exponía sus arcanos a un dios... ridículo y patético, pero no inocente. Arriesgaba su vida, o algo más valioso aún: el "sentido" de su vida.

Ya hablamos del "ahogado"... es como hacer tablas pero peor, porque presupone una condición ventajosa tontamente desperdiciada... Willard estaba con vida **** mientras su mente lo agobiaba. Iba derecho hacia el "ahogado" y no podía evitarlo…cuando bajó del lanchón para buscar a Kurtz se quedó en el lanchón para siempre todo su pasado, su fe y su Biblia, y así, desprovisto de todo, se fue a enfrentar a dios, y a matarlo.

Querelle intentó con un golpe desesperado de timón, cambiar su propia naturaleza *****. De haberle salido bien, hubiera sido suerte, pura suerte.

Y así, una partida que a poco de iniciada mostraba claras ventajas hacia su lado del tablero, termina ahogada en un abrupto ataque de conciencia de un jugador que, por haber hecho trampa y violentado toda regla desde el inicio, ahora se niega a terminarla. (Turbión de Querelle******)

Y por si fuera poco con lo expuesto...
Querelle y Kurtz van por todo; Querelle, "ambición pura", por todo lo que cruza en su camino; Kurtz, para confirmar una visión, mejor dicho, una cosmovisión propia y personalísima. Directamente someten y matan, así resuelven todo conflicto que pueda presentárseles, evitando disquisiciones bizantinas o mariconas.

¿Y usted y yo, joven?

Yo al menos, lleno de dudas.

Patricio Flores

A Carlita y a Gastón; y a Hayao Miyasaki.



Notas al pie
* Título de la intensa novela de Joseph Conrad que fuera la base del felm
** Lleva esto al genial personaje de Alain Delon en el felm del genial Jean-Pierre Melville Le Samouraï.
*** Buen punto de partida para discutir con amigos acerca de Platón (en general) y del "paradigma de la línea".
**** Entiéndase por esto un simple "respiraba".
***** ¿Para qué?
****** Me niego a escribirlo, pero lo dejo a conciencia y gusto del lector tan amigo como sufrido

domingo, diciembre 24, 2006

El Beso de la Pantera y La Llave Maestra

CAT PEOPLE (El Beso de la Pantera-1982) de Paul Schrader


Cualquier amante del cine recordará el título CAT PEOPLE (La Marca de la Pantera-1942), un felm de los años '40, producido por un tal Val Lewton para la RKO Radio Pictures, y al que se le asigna el mérito de ser el primero de un ciclo que intentó oponerse al típico terror efectista de monstruo enfocando esfuerzo en la insinuación más que en la exhibición del objeto terrorífico. 40 años después, la productora es otra (Universal), el productor es otro (Charles Fries y Jerry Bruckheimer) y la premisa es otra (mostrar lo mostrable). Nuestro díptico de hoy se inicia con CAT PEOPLE (El Beso de la Pantera-1982), de un eventual guionista de piezas maestras de Martin Scorsese llamado Paul Schrader. La película se inicia con unas escenas que rebozan calidad visual y que narran un prólogo ambientado en un pasado tal vez legendario, en el que un pueblo que vive en un territorio sumamente árido es acechado por panteras que son veneradas como seres divinos. Luego, la acción nos transporta al presente, en el que una virginal joven (la siempre atractiva Nastassja Kinski) llega a New Orleans proveniente del exterior y se encuentra con su hermano (el siempre vicioso Malcolm McDowell), un sacerdote evangélico que se muestra demasiado proclive al contacto físico con ella.

Pero sucede que el hermano es un hombre-pantera, que se dedica a asesinar personas bajo cierto influjo maligno. En una de sus correrías queda encerrado en una habitación y es atrapado por el encargado de un zoológico (John Heard), que le conduce a una jaula del parque. Frente a esa misma jaula, al día siguiente, la joven protagonista se dedica a observar y a hacer bocetos. Esa noche el cuidador y ella se conocen, naciendo una simpatía que se convierte rápidamente en amor. Pero la película recién está comenzando a hacer girar sus engranajes, y la pantera-hermano ataca a un cuidador (el siempre simpático Ed Begley Jr.), a quien le devora un brazo. La huída de la pantera del zoo coincide con la reaparición del hermano, esta vez con un agresivo perfil incestuoso, tratando de convencerla de acostarse inmediatamente con él. Por supuesto, ella se niega, provocando una nueva (y definitiva) separación fraternal: él se va a flirtear con una atractiva joven y ella se va de día de campo con el joven cuidador. Pero siguen apilándose víctimas de la pantera hasta que finalmente se entienden las reglas de las metamorfosis. Esta extraña raza de seres gato, se transforman en felino luego de tener relaciones sexuales, teniendo que matar a una persona para volver a tomar forma humana. De esta manera, se entiende que el ardoroso deseo del hermano pantera sea en verdad, una medida de seguridad...

Es cuando la joven protagonista pierde su virginidad en brazos del enamorado cuidador que comprende las posibilidades y limitaciones de su naturaleza y, luego de volverse pantera y de perdonarle la vida a la persona que ama, es que opta (junto con el cuidador) por una "salida negociada", esto es quedarse en estado animal. Este final, que es opuesto al de la película de los '40 (que apuntaba a la fatídica muerte de la protagonista-pantera), es acorde con el perfil ecológico de las nuevas generaciones, y también mejora el sesgo trágico que en el cine han tenido, por ejemplo, los licántropos o los hombres-vampiro.

THE SKELETON KEY (La Llave Maestra-2005) de Iain Softley

Habiendo llegado al desenlace de CAT PEOPLE, pasamos ahora con nuestra segunda película, y nos mudamos de New Orleans a Louisiana, donde se desarrolla THE SKELETON KEY ó La Llave Maestra, un filme cuya protagonista es una enfemera (la joven y bonita Kate Hudson), que acaba de arrepentirse de su último trabajo en un geriátrico, debido a su tendencia a involucrarse con sus pacientes. A lo largo de la trama el director dedica un importante tiempo a explicar que ella ve en cada uno de sus pacientes al padre que perdió sin haberle demostrado amor, de manera que estamos en presencia de un típico trauma que motiva al personaje a tomar tal o cual decisión, en este caso, la de abandonar el hospital para emplearse como enfermera a domicilio. La joven responde un aviso de un abogado (Peter Sarsgaard) y es enviada a una vetusta casona, en el medio del páramo, habitada por la clienta del abogado, una anciana (Gena Rowlands) y su marido inválido (John Hurt). Al ser aceptada por su empleadora, la joven recibe una supuesta llave maestra que abre todas las puertas de la casa.


Pronto (y es que estamos en un felm de terror) es que comienzan a surgir sospechas, miedos y extrañas sensaciones. Pero para abreviar, digamos que la joven enfermera nota que el viejito intenta comunicarle algún mensaje sin que su señora lo perciba, así que, naturalmente, la joven sospecha que la vieja quiere hacerlo morir enseguida para quedarse con la herencia. De la sospecha materialista pasamos al miedo, que se inicia cuando el anciano intenta escapar por el tejado de su casa una terrible noche de borrasca (¡a pesar que estaba paralizado!). Y del miedo pasamos a la sensación de estar en terrenos sobrenaturales, con ciertos detalles que, según una amiga nativa le explica a la enfermera, corresponden a los ritos de "hoodoo" (cuya similitud semántica con Vudú es solo eso, ya que el hoodoo se ocupa del curanderismo mientras que el vudú es una religión). Y bueno, de ahí en más, le comienza a picar el bichito de la curiosidad, y de la típica forma de afrontar situaciones, resumidas con el refrán de que "las brujas no existen, pero que las hay, las hay", pasa a un paulatino convencimiento que termina siendo perjudicial ya que, según nos explica la vieja "para que la magia surta efecto, uno tiene que creer".

La vuelta de tuerca (interesante, por cierto), tiene que ver con dos criados negros, Papa Justify y Mama Cecile, que vivieron 90 años atrás en una plantación y fueron quemados por brujos durante una fiesta de sus patrones blancos. Estos criados, antes de morir, habían perfeccionado un mecanismo de enroque espiritual, que les permitió abandonar sus cuerpos e ingresar en el de los hijos de sus patrones (en tanto que las almas de los niños quedaron confinados en los cuerpos de los criados finalmente quemados en la pira). Estos niños (con las almas y las conciencias negras, claro), heredaron la casa y vivieron recluídos ahí hasta que sus organismos envejecieron. Necesitando un nuevo par de cuerpos para hacer la mencionada transmigración, atrajeron un matrimonio sobre el que se cambiaron y arreglaron una transferencia de la casa, de manera que el matrimonio (hospedando claro a las almas de Papa Justify y Mama Cecile) continuó viviendo en la casa hasta envejecer (los personajes de Rowlands y Hurt), momento en el que atrajeron al abogado (al cuerpo del cual Papa Justify ingresó sin problemas, enviando el alma del pobre muchacho al cuerpo del anciano). Claro, el anciano, debido al supuesto "derrame", no puede revelar lo que sabe. Y, eventualmente, la anciana realiza el ritual, pasando al cuerpo de la joven enfermera (y quedando la anciana, con una embolia cerebral, sin habla y albergando el alma de la enfermera). Semejante transmigración de almas, solo comparable en concepto al ajedrez de intercambios de cerebros que propone el jorobado Ygor en THE GHOST OF FRANKENSTEIN (El Fantasma de Frankenstein-1941), conduce a una resolución que nos deja un sabor fatídico en la boca, aunque con algunos intríngulis para resolver mentalmente.

Enlace
Mientras una película muestra un caso más de metamorfosis entre ser humano y animal (que, para simplificar, caratularemos como "Zoofilia"), la otra nos ofrece una fase más de ingreso en sobrenatural terreno de las "correspondencias" (en el significado ocultista de la palabra). Así, un ser humano que sepa como, es capaz de ingresar en el cuerpo de otra persona (previamente evacuando el alma del legítimo ocupante a otro cuerpo). Entre mutación de cuerpos (en CAT PEOPLE) y de almas (en SKELETON KEY), hay un último detalle interesante que es la salida negociada. Ni la primer película liquida a su monstruo (hay que tener mucho desamor para liquidar a una loba tan atractiva como Natassja) ni la segunda logra acabar con el matrimonio de nigromantes (por mucho que le pese a la joven protagonista). De vez en cuando, el mal se las rebusca para sobrevivir en este mundo (de celuloide) tan plagado de justicias y finales felices.

Darío Lavia

sábado, noviembre 05, 2005

El Dios de la Biomecánica en la Cruz o el Replicante de Nazareth


Hoy hacemos dialogar a "Jesús de Nazareth" (Franco Zeffirelli, 1977) y "Blade Runner" (Ridley Scott, 1982).

Hasta el día de la fecha, las enciclopedias del cine insisten en atribuir el guión de "Jesús de Nazaret" a Anthony Burgess (el autor de la novela "La Naranja Mecánica") y Suso Cecchi D'Amico (guionista de varios filmes neorrealistas). Más justo sería adjudicárselo a Marcos, Mateo, Lucas y Juan, o si se quiere, al Espíritu Santo, porque Burgess y D'Amico se limitaron a armonizar los cuatro relatos canónicos de la vida de Jesús y a adaptar el resultado al lenguaje cinematográfico, sin que en dicha tarea se permitieran demasiadas libertades ni excesivas expansiones imaginativas. Esta literalidad extrema ha sido uno de los reproches preferidos de la crítica, elección difícil de compartir: el relato bíblico de la vida y las palabras de Jesús es lo suficientemente poderoso como para hacer de esa literalidad una opción narrativa perfectamente lógica (tanto como la opción opuesta, por cierto).

Más fácil de compartir es la crítica de pomposidad y grandilocuencia: la película de Zeffirelli parece ignorar que la misma Biblia dice que Dios elige la humildad para avergonzar a los fuertes y a los sabios; pomposos eran Caifás o Pilatos, los vicarios del poder.

El trabajo de Robert Powell es muy bueno (tanto que aún hoy es la imagen de Jesús preferida por los posters) y el resto del elenco simplemente asusta: James Mason, Laurence Olivier, Anthony Quinn, Donald Pleasence, Christopher Plummer, Rod Steiger, Peter Ustinov, Anne Bancroft, Ernest Borgnine, Claudia Cardinale, Stacey Keach, James Earl Jones (adivinen haciendo de quién), Ian Holm, Fernando Rey, James Farentino...

Por su parte, "Blade Runner" (una de mis cuatro o cinco películas preferidas) es una historia de ciencia ficción expresada en clave de policial negro de los '40. Dicho así, parecería una de esas películas que uno ve en los ómnibus de larga distancia: lo que la diferencia es la riqueza de los subtextos, la calidad y cantidad de lecturas que invita a practicar. Antes de seguir con una de ellas, un pantallazo del argumento.

A comienzos del siglo XXI, la Corporación Tyrell ha logrado crear seres humanos artificiales llamados "replicantes", a quienes se utiliza en la colonización de otros planetas. Los replicantes son físicamente superiores a sus creadores; algunos de ellos (los creados para ser líderes) también lo son intelectualmente. Tras un motín, los replicantes fueron declarados ilegales en la Tierra, y patrullas especiales (unidades de "Blade Runners", literalmente, "los que corren por el filo") disparan a matar a todo replicante que detecten. En una devastada y empobrecida Los Ángeles, en noviembre de 2019, un grupo de replicantes logra aterrizar clandestinamente y trata de acceder a la Corporación. La razón de la búsqueda: con el tiempo, los replicantes tienden a volverse inestables emocionalmente (¡no podría ser de otra manera!) y, como macabra medida de seguridad, Tyrell los ha programado para vivir solamente cuatro años; los esclavos rebelados, conducidos por su jefe Roy Batty (Rutger Hauer, perfecto) buscan la forma de desactivar esa bomba de tiempo que llevan en su cuerpo. En el camino se cargan como a un pichoncito a uno de los mejores Blade Runners, y el jefe de policía se ve obligado a acudir a uno de ellos que ha renunciado asqueado, Rick Deckard (Harrison Ford). Deckard acepta, acuciado por las deudas y ante la amenaza de que le quiten su licencia de investigador privado. En el camino de dar caza a cada uno de los rebeldes, se topa con Rachel (una bellísima y muy joven Sean Young), una replicante de un tipo experimental que al principio ignora que lo es y que trabaja en la Corporación. Deckard y Rachel se enamoran; Deckard recibe la orden de matarla.

Semejante filme (de factura soberbia, en especial en el aspecto visual) puede ser abordado mediante diversos enfoques, desde el sociopolítico (un mundo degradado y contaminado, en el que priman las corporaciones y los gobiernos apenas existen) al moral (¿es lícito crear una humanidad artificial?), y del estrictamente técnico (la iluminación, los efectos, la manera de sugerir un mundo que, en ese entonces, estaba casi 40 años en el futuro y hoy apenas 14, mi Dios) al que me pasará a ocupar en próximas líneas y que lo emparenta con "Jesús de Nazaret": la lectura desde el punto de vista de los simbolismos judeocristianos.

"Fieramente los ángeles cayeron / profundos truenos se oían en las costas ardiendo con los Fuegos de Orc", dice casi al comienzo Roy Batty, alterando ligeramente versos del poeta místico inglés William Blake. (Los replicantes son rebeldes, y descienden de los Cielos). Batty busca enfrentarse al creador con minúscula, Tyrell (Joe Turkel), quien apropiadamente para alguien que ha jugado a ser Dios, vive en una especie de pirámide más alta que las nubes, esperando (sin saberlo) un destino que recuerda al de otro que jugó a ser Dios y dar vida: el doctor Frankenstein.

El diálogo que sostienen Batty y Tyrell en su postrer encuentro está cargado de simbología. Roy Batty: "¿Puede el creador reparar lo que ha creado?" (a diferencia de Dios, Tyrell no puede hacerlo: el proceso de degradación celular de los replicantes es irreversible). Tyrell: "¿Cuál es el problema?". Roy Batty responde: "La muerte". Tyrell: "Fuiste formado lo más perfectamente posible. No para durar. La luz que brilla el doble se extingue en la mitad de tiempo, y tú has brillado con muchísima intensidad. Eres el hijo pródigo". Roy, desarrollando un sentido de moralidad que no se esperaba que tuviese (recordemos que fue entrenado para matar): "He hecho cosas malas". Tyrell, a su turno: "Y cosas extraordinarias. Goza de tu tiempo". Roy Batty, la máquina, la criatura, tiene conciencia moral; Tyrell, el creador, tiene la (ausencia de) moralidad de un dios pagano; Tyrell es un dios falso, un ídolo. Entonces Roy dice: "No haré nada por lo que el dios de la biomecánica me impida la entrada en su cielo", besa a Tyrell (como Judas besa a Jesús), toma su cabeza entre sus manos y lo mata, hundiéndole los pulgares en los ojos.

Esta Caída continúa hasta el desparejo duelo final de Batty / Deckard, más bien una cacería. Batty persigue a Deckard en un edificio semiabandonado, con el aspecto de un castillo de película de terror. Llueve torrencialmente. Batty está muriéndose; sus manos ya no le responden bien, y debe atravesarse clavos en las palmas (en toda la secuencia final, Batty presenta los estigmas de Cristo). En el final, Deckard resbala y su Caída y segura muerte es detenida por el líder de los replicantes. Batty lo salva, Batty el replicante (el eslogan de Tyrell Corp. es, refiriéndose a su principal producto, "más humano que un humano").

En el final, su final, Batty / Hauer filosofa acerca del horror que sus ojos han visto. En el momento de morir, (ante que una paloma ascienda a los cielos) llega a expresar una verdad terrible: "todos esos momentos se perderán como lágrimas en la lluvia". En el universo de "Blade Runner", en el momento de morir no hay dioses (todo se pierde irremediablemente) y no hay sentido (¿qué sentido puede tener la vida de una máquina de guerrear creada en un laboratorio y con cuatro años de vida útil?). Sin embargo, del hecho mismo de la inevitabilidad de la muerte pueden nacer la conciencia del bien y del mal y el amor a la vida.

En "Jesús..." también hay un mensaje que implica una conciencia del bien y del mal y el amor a la vida, pero la presencia de Dios hace que nada se pierda y que la vida tenga un sentido absoluto. Ahora, ese valor absoluto sólo es accesible a través de la fe. Pero siendo la fe un don (con lo que algunos pueden poseerlo y otros no) ¿ese valor absoluto de la verdad cristiana no se hace relativo?

Amigo Flores, mire adónde hemos ido a parar con una película que parecía "una de tiros". Qué gran verdad esa de Kubrick y Clarke y "2001": la exploración del espacio exterior es una vía para el conocimiento de un abismo tan insondable como ése, el espacio interior.

Pablo Martín Cerone

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