sábado, 26 de noviembre de 2016

Más allá de Zanzíbar y Seoul Station

WEST OF ZANZIBAR (Más allá de Zanzíbar-1928) de Tod Browning


Phroso (Lon Chaney) es un prestidigitador famoso que trabaja con su esposa Anna (Jacqueline Gadsdon). Tras una función el inescrupuloso Crane (Lionel Barrymore), amante de Anna, le anuncia que se marchará al África con ella. Phroso se niega a afrontar la realidad y se pone nervioso, forcejeando con su antagonista y, cayendo desde un primer piso, se da la espalda contra una mesa. Meses más tarde, Phroso se ha convertido en un paralítico que se moviliza con sus brazos. Enterado de que Anna ha vuelto, la va a buscar a una iglesia que es muy similar a la monumental fachada utilizada para THE HUNCHBACK OF NOTRE DAME (El Jorobado de Notre Dame-1923), encontrándola sin vida y con una bebé a cuestas. Tras este prólogo pasan casi dos décadas hasta que, ya en el corazón del África, Phroso -ahora llamado "Dead-Legs"- se ha convertido en mago y chamán blanco de una violenta tribu a la que subyuga por el misterio y los trucos de magia. Su única intención es la de vengarse de Crane, presunto padre sanguíneo de aquella criatura ahora convertida en la atractiva Maizie (Mary Nolan). A través de los años Phroso ha denigrado a Maizie, convirtiéndola en prostituta de un sórdido burdel africano. Un médico borrachín (Warner Baxter) lo ayuda a mantener su quebrantada salud, para cumplir su plan de confrontar a Crane con Maizie. Pero cuando se entera que ella no es hija de Crane sino propia, el tablero de juego cambia radicalmente y se propone sacrificarse para salvarla.


SEOULYEOK (Seoul Station-2016) de Sang-Ho Yeon


Un anciano indigente deambula, herido, entre las populosas calles de Seúl sin atraer mayormente la atención de los transeuntes más que la de algún joven idealista de esos revolucionarios de cafetín que, al acercarse para saber si necesita ayuda, se retrotrae debido al mal olor que despide. Tendido en el rescoldo de una estación subterránea, otro indigente observa su agonizante estado y trata de obtener auxilio de autoridades médicas o policiales pero, nuevamente, sin el menor resultado. Como se prevee, el anciano se transforma en un zombie que recurre a violentas y veloces medidas para alimentarse de carne humana, expandiendo el virus no solo entre los indigentes que proliferan en las desprotegidas calles sino en todos los demás ámbitos, desde un burdel y una comisaría a un hospital y a la red de estaciones ferroviarias. Entre el maremagnum de ataques y descontrol, una precoz prostituta queda separada de su joven e inexperto protector, teniendo como lazo de comunicación un teléfono móvil que sufre las dificultades habituales de cobertura o señal. Mientras la chica se refugia en los túneles del tren subterráneo junto a un homeless, en la superficie, el joven se alía con el iracundo padre de ella para encontrarla. Tras numerosas dificultades, el trío se reúne en una suntuosa tienda de amoblamiento en la que, libres de zombies, tendrán lugar algunas revelaciones indigestas para los amantes de resoluciones felices y finales armónicos.


Enlace


78 años separan Zanzíbar de Seoul Station y algunos datos nos ofrecen un contexto valioso para construir este enlace. En 1928, se cumplía una década de la finalización de la Primera Guerra Mundial y, a pesar de alguna que otra guerra menor, esa paz había alborado una temporada conocida como "Los felices veintes". La pantalla, natural catarsis popular, había sido medio de traumáticos relatos de seres desfigurados y malditos, creados por la pareja artística compuesta por Tod Browning y Lon Chaney. Claro, en época de paz y bienestar, era natural y magnético alivio que estas abominaciones retorcidas solo fluyeran de la ficción cinematográfica.

En la actualidad, ya con la tranquilidad de no existir más las guerras mundiales y con un nivel de bienestar general que ni el más entusiasta utopista hubiera soñado, la pantalla nos trae sin solución de continuidad ataques de autómatas zombies que atacan y pliegan en sus huestes a los seres humanos. Desde la seminal NIGHT OF THE LIVING DEAD (La noche de los muertos vivientes-1968) y la que muchos señalan como opus magno, DAWN OF THE DEAD (El amanecer de los muertos-1978) -ambas de George Romero-, ninguna de estas así tampoco sus derivaciones llegaron a igualar la bajada de línea de aquellas insanas películas de Tod Browning. Habría que esperar a que una cinematografía ajena a Hollywood y sus satélites adaptaran el mito a su propia idiosincracia. Es que vistos por la lente coreana, los zombies no representan ese mero tironcillo de orejas al consumismo norteamericano (y occidental), sino que enuncian toda una declaración sobre el fracaso de un sistema donde abundan los prejuicios, la holgazanería intelectual, la superficialidad de la preocupación por el tema social, la intolerancia por el diferente y la arbitraria crueldad de todos los estratos, tanto entre las autoridades como también -y especialmente- entre los marginados.

Que Seoul Station concluya en un shopping parece un giro al Dawn Romeriano; sin embargo el entorno se muestre como un auténtico santuario, sin amenazas zombies del exterior, la calma se quiebra con la erupción de un drama enteramente humano que es aquel que utilizamos como enlace con Zanzíbar: el supuesto padre se revela como impiadoso proxeneta de la protagonista. Y es un enlace inverso, porque es lo opuesto a lo que ocurre en el final del film silente, con el nefasto personaje de Chaney que descubre ser el auténtico padre de la chica que ha venido pervirtiendo, sin saberlo, durante años como venganza de su rival. Ambas situaciones suponen choques de personajes contra crudas e inesperadas realidades que incluso hasta convierten la amenaza de una tribu de salvajes o de una horda de zombies en un mal menor.

Nota al pie


De "Kongo", obra teatral en la que se basó Zanzíbar poco podemos agregar, salvo que la protagonizó Walter Huston durante 135 representaciones en Broadway durante la temporada 1926 y que su tema ya era retorcido y bien oscuro. Y veamos que curiosa coincidencia que uno de los personajes se llame "Zoombie".


Cuando llegó el sonoro la M-G-M rehizo Zanzíbar titulándola como aquella obra teatral; KONGO (Congo-1932) volvió a ser protagonizada por Huston y nuestro admirado Abuelito la radiografió en su Desván, vínculo que le recomendamos cliquear sin mayor demora.

Entretanto, en nuestra época, el mismo realizador de Seoul Station filmó BUSANHAENG (Invasión zombie-2016), largometraje de acción real que conforma lo que los yanquis denominan "companion film", versión más light y diáfana pero no por ello menos interesante que al tener estreno comercial en Occidente, llamará automáticamente la atención sobre este filme de animación... o al menos eso esperamos.


sábado, 27 de abril de 2013

Los Ojos del Gato y El Informante

CAT'S EYE (Los Ojos del Gato-1985) de Lewis Teague


Un trío de historias terroríficas inspiradas en cuentos de Stephen King se inicia con "QUITTER'S INC.". A través de un amigo, el fumador empedernido Dick Morrison (James Woods) se entera de un servicio para dejar el vicio, "Quitters Inc". Poco después, Dick se decide a buscar ayuda profesional y concerta una cita con el Sr. Donatti (Alan King), que le incauta todos los atados de cigarrillos que posee, como paso previo para el tratamiento. Ambos ingresan en una sala donde hay un gato comiendo su alimento. Donatti acciona un interruptor que provoca una ligera descarga eléctrica en el piso del salón y el felino pegue un salto de miedo. Esta demostración simil al perro de Pavlov fundamenta su explicación: llegará un momento en que el gato asociará el dolor con el hábito de comer y, por más que tenga ante si un plato suculento, preferirá mantenerse en ayunas a arriesgarse a sufrir otra descarga. A partir de ese momento Dick inicia su tratamiento y comienza a ser vigilado día y noche por personas que, de observarlo fumar nuevamente, serán capaces de castigarlo. Pero claro, no a través de descargas eléctricas, sino con la captura de su esposa y posterior tortura. Son treinta días de "tratamiento", si no consigue dejar de fumar, su propia vida correrá peligro.

THE INSIDER (El Informante / El Dilema-1999) de Michael Mann


¿A qué se dedica el periodista Lowell Bergman (Al Pacino)? El primer rollo de este film nos lo muestra en algún recoveco del Líbano, vendado y siendo escoltado para encontrarse con el líder del movimiento extremista Hezbollah (Cliff Curtis), a quien pretende entrevistar como exclusiva para el programa de la cadena CBS, "60 Minutos", conducido por el genial e incisivo Mike Wallace (Christopher Plummer). ¿Qué problema grave tiene el bioquímico Jeff Wigand (Russell Crowe)? Acaba de ser despedido de su empleo en Brown & Williamson y es obligado a firmar una expansión de su acuerdo de confidencialidad por parte de un ejecutivo (Michael Gambon) que, de no cooperar, lo amenaza con quitarle la obra social e iniciar acciones legales (en la mente del protagonista está la salud de su hija menor, aquejada de asma agudo). Bergman y Wigand se involucran a través de un paquete de documentos relacionados con la firma Philip Morris acerca de las sustancias adictivas que oculta la nicotina. Los interesados en que Wigand permanezca en silencio son los ejecutivos de las principales firmas tabacaleras cuyas corporaciones mantienen un alto nivel de réditos en base al hábito de millones de fumadores norteamericanos. Tras algunas amenazas y encuentros furtivos, Wigand accede a ser entrevistado por Mike Wallace, revelando una historia grave para todos: a través de manipulaciones en laboratorio, Brown & Williamson consiguió una nicotina más rápidamente absorbible por los pulmones, impactando directamente en el sistema nervioso y cerebro. A pesar que estas revelaciones atañen directamente a la Salud Pública, Wallace enfrenta potenciales perjuicios: de emitirse, la cadena CBS podría afrontar un juicio multimillonario por parte de Brown & Williamson que, lógicamente, perjudicaría la inminente venta a la corporación Westinghouse. La única solución viable de emitir la entrevista editada sin los pasajes incriminatorios provoca que Wigand quede acorralado por haber roto su acuerdo y no obtener nada salvo el abandono de su familia y potenciales conflictos legales con sus anteriores empleadores pero, sobre todo, sentirse manipulado por Bergman. ¿Qué chance habrá que la verdad salga a la luz y sea conocida por la opinión pública, entre tanto entramado legal y corporativo?

Enlace



Todo el mundo fuma. En la China Popular, en el África, en la pujante Latinoamérica, la culta Europa y la moderna Norteamérica. Tal hábito, es sencillamente observable, provoca cambios en el organismo del fumador. Un tumor cancerígeno, por ejemplo. Desde un punto de vista malthusiano, el cigarrillo es un excelente regulador poblacional. Sin embargo, en los últimos años las ideas del estabilishment han ido cambiando paulatina pero irreversiblemente. Si vd. ve cualquier película de la década del '40, todos los personajes mayores de edad, en una escena u otra, fuman. En el primer film de esta noche, un personaje en especial fuma compulsivamente hasta que coartan su derecho a hacerlo. Durante los 157 minutos de metraje del segundo film seleccionado, salvo tres figurantes en el fondo del cuadro, absolutamente ningún personaje fuma. El cine, nuevamente, va a la par de la opinión pública y lo políticamente correcto.


Observamos los esfuerzos de los personajes para esclarecer la causa del hábito por el cigarrillo. ¿Es una insatisfecha necesidad oral? ¿Es a causa de las tabacaleras que agregan ingredientes químicos para que el cliente se haga adicto a esa sustancia? ¿Es por status o para evitar ingerir bocadillos entre comidas? ¿Es un buen compañero para mitigar la soledad que se ha extendido como epidemia?


¿Por qué se incurre en el autoritarismo para defender al fumador de si mismo? Muchos fumadores asumen sin problema su destino de obstrucción arterial, pulmones carbonizados y riesgo cancerígeno, a pesar que tengan que ser atendidos por sus hijos o parientes en las largas instancias previas al deceso. En el intento de liberarse de su formidable tabaquismo, James Woods comienza a llenar huecos de afecto con comida (el otro gran flagelo del pueblo norteamericano). Y volverá a caer en "Quitter's" para resolver ese nuevo problema. ¿Es eso lo único que nos lleva a mejorar, el rigor?


El bioquímico Russell Crowe también tiene sus conflictos pero todo queda en un segundo plano a raíz de una encrucijada de intereses corporativos y amenazas judiciales. También en esas encumbradas esferas habrá una mano autoritaria que obligue a que la verdad salga a la luz. ¿Será válido establecer entonces, como digno y arriesgado enlace, una relación entre la verdad y la ausencia de humo? Aliada del aire fresco, la verdad es un diáfano lente que nos permite percibir y formar un juicio acerca de las cosas. ¿Para qué, finalmente, necesitamos fumar? Tal vez para equilibrar el cuadro y que no todo sea claridad prístina y no todo aire fresco. La verdad y las manipulaciones ocultas, el aire fresco y las espesas volutas del cigarrillo, todo eso conforma un justo reflejo del yin-yang que parece presidir todo aquello que existe.

Darío Lavia

Dedicado a mi amiga Carina Rodríguez.

martes, 6 de noviembre de 2012

El Gran Dictador y El Dictador

THE GREAT DICTATOR (El Gran Dictador-1940) de Charles Chaplin

¿Qué es El Gran Dictador sino una Gran Excusa? Un esquema narrativo estilo "Príncipe y Mendigo" o "Prisionero de Zenda" sirve como marco para algunas deliciosas pantomimas de Chaplin, en su tradicional personaje del vagabundo o bien como el grandilocuente dictador Hynkel de Tomania, desembocando en un discurso lleno de humanismo e irrealidad. Pero vamos por partes, joven lector/a, que esta noche tendremos un poco de todo.

El bigote totalitario

Al final de la Gran Guerra Europea, un despistado soldado (Charles Chaplin) salva la vida del piloto Schultz (Reginald Gardiner). Durante un peligroso vuelo sobre las líneas enemigas, el aeroplano debe efectuar un aterrizaje forzoso y nuestro protagonista queda amnésico. Luego de años internado, sale y regresa a la vida civil, reabriendo su antigua barbería en pleno ghetto judío. El dictador de Tomania, Adenoid Hynkel, ha aprobado una serie de medidas que perjudican a los judíos. En una de las redadas, el barbero es detenido por una patrulla comandada por el mismo piloto cuya vida salvara antaño. En honor a aquel gesto, el barrio comienza a gozar de un trato preferencial por parte de las fuerzas del orden.

En tanto, el dictador, cuyas fisonomía y facciones son similares a las del pobre barbero, pone en marcha sus planes de dominación mundial y para ello decide utilizar a los judíos como perfecto chivo expiatorio. Debido a su tolerancia racial, Schultz es arrestado y todos los habitantes del ghetto son paulatinamente deportados a campos de concentración. Mientras Hynkel está por entrevistarse con el dictador de Bacteria, Napaloni (Jack Oakie), y busca dar la más convincente impresión de poder, Schultz y el barbero tratan de escapar ataviados con uniformes militares. Los soldados los capturan pero, debido al notable parecido, confunden al barbero por Hynkel y lo conducen al podio donde debe hacer uso de la palabra frente a una congregación masiva del partido. Es la chance de arruinar todo o... apacigüar los ánimos y salvar su vida (y la de millones).

THE DICTATOR (El Dictador-2012) de Larry Charles

Bajando un par de escalones en valores cinematográficos tenemos El Dictador con el irreverente Sacha Baron Cohen. A pesar que a siete décadas de su estreno seguimos hablando de la obra de Chaplin, es difícil vislumbrar que se siga mencionando este otro felm mucho más de la siguiente temporada. Aún así nos aporta una actualización de las ideas y conceptos que El Gran Dictador nos pone en la pantalla de su época.

La barba democrática

A pesar de tener muy pocas luces, el dictador Aladeen (Sacha Baron Cohen) es el más notable personaje de la pequeña nación norafricana de Wadiya: es presidente, el más lúcido hombre de ciencia, mejor atleta, mejor amante, etc. Sin embargo todos estos méritos los consigue obviamente por amenazar las vidas de aquellos que lo contradigan o tengan la insensatez de superarlo. El régimen de terror que impone en la comarca está secretamente amenazado por una conspiración cuyo lider es su propio tío Tamir (Ben Kingsley). Un viaje a los Estados Unidos, donde Aladeen dirigirá la palabra ante unas Naciones Unidas preocupadas por los presuntos informes acerca de armas nucleares en Wadiya, brinda la posibilidad al tío de deshacerse de su inoperante sobrino. El agente asignado a su seguridad (John C. Reilly), pagado por Tamir, trata de liquidar a Aladeen pero luego de afeitar su tupida barba, perece en el intento.

Lampiño y sin su pintoresco uniforme, Aladeen se entera que el tío lo ha reemplazado con un sosías que anuncia en el discurso oficial la inminente llamada a elecciones y la creación de una república democrática en Wadiya. Encolerizado, Aladeen decide poner las cosas en su lugar, pero se termina involucrando con una joven activista (Anna Faris) que está a favor de todo lo que pueda denominarse "progresismo"; de hecho, dirige un pequeño supermercado de productos orgánicos en que la totalidad de los empleados son refugiados de todos los rincones del orbe. Como eventual aliado para obtener sus propósitos, Aladeen se reencuentra con su antiguo jefe del proyecto nuclear, el científico Nadal (Jason Mantzoukas), otrora enemigo mortal que ahora ofrece darle una mano a cambio de volver a estar a la cabeza de dicho proyecto.

A esto, súmele dos o tres secuencias realmente hilarantes y la constante bajada de línea hacia los vicios en que caen las democracias occidentales que, al tratar de parecer lo más inclusivas y abiertas posibles, se tornan en dictaduras de la mayoría. Un final a toda orquesta con discurso estilo El Gran Dictador y ciertos giros espectaculares no alcanza a tornar el entretenimiento pasatista en algo valioso.



Enlace

Difícil es ver estos felms sin que se nos disparen inquietudes o ideas. La simbología del poder, sea un bigotito bajo la nariz o una tupida barba (sin bigote); la visión, desde la cima, de los subordinados; la tendencia de ese poder a la hegemonía; la manipulación de la voluntad popular para justificar no solo el ascenso sino el permanente ejercicio del poder; la conceptualización de un enemigo, sea racial o ideológico, que conduzca a dividir aguas; los intereses que se mueven en las distintas capas del poder así como los que palpitan en los grupos que no están en el poder... desarrollemos una de varias ideas y pasemos al enlace. Muchas gracias, joven.

Se suele creer que la proliferación de las dictaduras se rebate con el fomento de la educación. Pero bien podemos observar que la educación es perfectamente manipulable y ningún gobierno se anima a destinar presupuesto para una actividad que estimule demasiado la corteza cerebral de sus ciudadanos. Como evidencia tenemos naciones bajo dictaduras cuyos pueblos gozan del 100% de alfabetismo pero que no pueden leer nada que se aleje de lo oficialmente impuesto o sacar provecho de sus saberes académicos. Entonces, tal vez, el factor de la aceptación popular de los dictadores y los mandatarios mesiánicos en lo educativo pase por la manera de desalentar o coartar las inquietudes en los ciudadanos: vean sino la candidez infantil con que abrazan un discurso y rechazan el ajeno, la permeabilidad hacia el panfleto propagandístico y la imposibilidad de leer entre líneas o sacar otras conclusiones que no sean ajenas.

El dictador es un maestro del mensaje. No deja detalles al azar debido a que posee un avanzado conocimiento de la psicología de los potenciales receptores del mensaje. Por lo tanto es perfectamente natural que el climax de ambos felms se plasme a través de discursos. En tal sentido, Hynkel y Aladeen nos dan sus cátedras magistrales como un pintoresco juego de espejos: es el barbero judío que declara principios humanísticos asumiendo la impostura del dictador y es el propio dictador africano que, desplazando al impostor, reconoce que el abanico benéfico de la Democracia genera mayor bienestar general. Ninguno de los dos se baja del poder, pero darse cuenta que otorgar concesiones y derechos es más satisfactorio que mantener un poder imbatible y absoluto es ya todo un progreso.

Claro, esto es cine. En la vida real la cosa cambia. Con la afinidad de los mandatarios democráticos a promover sus reelecciones, imagínese qué tan poco dispuestos estarán los dictadores a ceder siquiera un ápice del poder que tanto desgaste, sacrificio, manipulación y traición les costó poseer.

Darío Lavia

El discurso final

Decíamos, así como el dictador arenga a sus huestes para la guerra y el odio, también podría hacerlo para la tolerancia y la armonía. Imagínese uno que comunique semejante mensaje a sus ciudadanos:



Una perlita arqueológica de difícil visionado

THE DICTATOR (1922) de James Cruze: Comedia con toques revolucionarios, con el playboy Brooke Travers (Wallace Reid), "mejor versado en flappers que en frutas", hijo de un millonario que, para huir de un taxista (Walter Long) que lo persigue para que le abone lo adeudado, aborda un vapor rumbo al pequeño país sudamericano de San Mañana, controlado por el dictatorial general Campos (Kalla Pasha). En destino se involucra con un movimiento revolucionario, enamorándose de Juanita (Lila Lee), hija de Carlos Rivas (Theodore Kosloff), líder exiliado "por razones político-bananeras" y, a fin de cuentas, enemigo del millonario padre de Brooks, el "rey de las bananas" (Fred Butler). A pesar que los voraces intereses empresarios paternos serán perjudicados, Brooke se pone del lado de la revolución y ayuda a que el movimiento triunfe, derrotando a Campos, obteniendo el amor de Juanita y, finalmente, el respeto de su padre. Esta versión de la antigua comedia "The Dictator; a Farce in Three Acts" (New York, 1904) de Richard Harding Davis, que ya había sido llevada a la pantalla en 1915 con el galán John Barrymore, no pareció haberse estrenado en Sudamérica tal vez por el típico descontento que solían generar las caricaturescas visiones hollywoodenses de los países al sur del Río Grande.

Como aporte a esta columna observemos que, después de aguantar tantos dictadores, los pueblos parecen haber heredado una tendencia que hicieron gala aquellos líderes que tanto amaron al llevarlos al poder y tanto odiaron al derrocarlos: ¡cero autocrítica! Una comedia norteamericana de la época silente que parodia los diversos intereses en juego en los países latinoamericanos: la libre empresa internacional, el populismo conveniente del dictador, el idealismo del revolucionario (que al subir al poder terminará pactando con las mismas corporaciones o sus competidoras) y en el medio, o mejor dicho, abajo, el pueblo que no alcanza a percibir sino un eco de ese drama titánico. A pesar de una visión inexacta y pintoresca de los países latinoamericanos retratados, eso no debería invalidar la crítica. Pero bueno... así estamos, joven.

martes, 24 de julio de 2012

El Momento Perdido y Los Otros

THE LOST MOMENT (El Momento Perdido-1947) de Martin Gabel
LOS OTROS (2001) de Alejandro Amenábar

Los unos...


En busca de las perdidas cartas de amor del poeta Jeffrey Ashton, el editor Lewis Venable (Robert Cummings) viaja de New York a Venecia, alojándose en la mansión de Juliana Bordereau (Agnes Moorehead), una anciana de 105 a quien antaño esas cartas estaban dirigidas. Juliana vive con su sobrina-nieta Tina (Susan Hayward), una mujer joven pero envuelta en una fría y profunda parquedad. Para no provocar el encono de sus anfitrionas, Lewis se hace pasar por un novelista que quiere finalizar una obra. Sin embargo, trata de buscar pistas de esas famosas cartas que, de publicar, lo convertirían en millonario.

...y los otros


Grace (Nicole Kidman) lleva a sus dos hijos enfermos a una mansión ubicada en la isla de Jersey, cerca de Inglaterra, hacia finales de la II Guerra Mundial, donde espera a su marido, combatiente en el frente bélico. Los niños viven en un extraño y opresivo ambiente, que, sumado a su extraña enfermedad (no pueden exhibirse al sol directamente), nos da la antesala perfecta para el ingreso a lo desconocido. La trama se completa con la aparición de tres sirvientes, quienes añaden su pizca de misterio, el cuál se completa por las extrañas presencias y ruidos que son percibidos no solo por los niños sino por la madre.



Pre-enlace

El "inglés" Henry James (1843-1916) nació en la nada inglesa New York pero vivió y trabajó durante la mayor parte de su vida en el Viejo Mundo. Esta dualidad, palpable en varios de sus personajes, también está presente en dos de sus obras más populares, "Los Papeles de Aspern" (1888) y "Otra Vuelta de Tuerca" (1898), que justamente ofician de caprichoso pre-enlace debido a que ambas sirven de fuente a nuestros dos felms de la noche.


En el caso de El Momento Perdido se troca el apellido del legendario poeta de Aspern por Ashton modificándose el nudo y desenlace en pos de una resolución más cinematográfica y "feliz" aunque no por ello naif. Es de notar que la primera adaptación de "Otra Vuelta de Tuerca" se llamó THE OTHERS y fue un episodio televisivo en la década del '50. Tal fue el título que Amenábar eligió para su felm a pesar que no hizo constar la obra de James en créditos. La omitida filiación narrativa entre novela y película daría pie a ciertas bromas cuando el realizador fuera galardonado a algún premio por "mejor guión original".


Enlace

Solemos asumir que morir es lo opuesto a vivir. Sin embargo, vivir es una faena que tenemos que afrontar día a día y la muerte solo nos toma un lapso de tiempo que, sean segundos o meses, termina siendo comparativamente breve. Desde que nacemos vamos tomando natural conciencia que todo lo que nos pasa ocurre en el presente. Amamos, odiamos, ayudamos o padecemos, todo en presente. Lo otro, anclarse en el pasado, trágico o melancólico pero sólido y sin las fisuras de incertidumbre del presente, es en lo que caen nuestras figuras estelares. Tina, una mujer que relega su vida para vivir una ajena (la de su centenaria tía); y Grace, una madre que ignora su reciente muerte en su esfuerzo por vivir también en el pasado. Ud., ¿en dónde prefiere vivir?

Darío Lavia


Dedicado al amigo Juan Carlos Vizcaíno, que amó El Momento Perdido y odió Los Otros

lunes, 28 de mayo de 2012

The Host y Aniceto

GWOEMUL (The Host-2006) de Bong Joon-Ho
ANICETO (2008) de Leonardo Favio

The Host

El río Han ha dado a luz a un monstruo. Esas aguas que bañan las costas de la moderna Seúl ahora albergan el resultado de una mutación genética espantosa: un bicho anfibio semejante a un dragón, de unos quinientos kilos, con una cola prensil de varios metros con la que trepa y agarra, dos robustas piernas que le permiten correr y una maldad y saña antropomórficas. Tiene olfato, muy buena vista y es astuto. Completando el portento, un par de brazos terminados en garras.

Presentemos a los Park. Hee Bong es el dueño de una tienda de comidas rápidas al pie de la playa. Espabilado y luchador, contrasta notoriamente con su hijo Gang Doo, gandul de 30 años a quien mantiene pacientemente por amor a su nieta, Hyun Seo.

Los Park, junto a otros cientos de paseantes son testigos de la primera salida del agua de nuestro monstruo que hubiera confundido al propio Darwin: la muerte saliendo de las aguas. El Monstruo corre, engulle, atrapa, trepa, destroza y enloquece todo a su paso.

Gang Doo intenta valientemente salvar a su hija, pero no puede. Hyun Seo va a parar al rumen del Engendro junto a otros niños, latitas de gaseosas y peces.

La ciudad se quiebra del miedo. Desde el gobierno se habla de la aparición de un virus terrorista al que hay que combatir de inmediato, no sea cosa que las gentes terminen mutando como el monstruo, algo como lo que viene padeciendo el vecino país del norte de unos sesenta años a esta parte.

Hee Bong sale furiosamente a rescatar a su nieta a como dé lugar. La ocasión lo une a Hee Bong y a Gang Doo con los otros dos Park restantes: Nam Joo, medallista olímpica en tiro al arco, y Nam Il, joven universitario desempleado y arrogante, como todo joven que se precie de universitario y de desempleado. Juntos, los cuatro fantásticos Park buscarán a Hyun Seo luchando contra la burocracia, la acidia y la estupidez de la plana mayor del municipio y de la nación coreana que no da pie con bola, cayendo en manos inescrupulosas que al tiempo que vacian los bolsillos del viejo Hee Bong son la única ayuda posible y concreta de conseguir armas y municiones: hacer algo. Y lo hacen bien.

Aniceto

Cae flechado de pasión Aniceto cuando ve a Francisca lavando ropa a la vera de un arroyo cualquiera de algún pueblito del Buenos Aires de los sesenta.

Francisca es empleada en una casa bien acomodada. Aniceto vive de su gallo blanco, corajudo y mañero, vencedor habitué en aquellas arenas. Con este argumento Aniceto saca lo necesario para los bailes del sábado y para sus necesidades y urgencias.

Francisca visita el bulín. Pero no se limita a eso. De algún modo, su presencia vuelve cálido el ambiente, su mano diestra dirige el coro de las cosas y los seres con pericia, siendo el propio Aniceto el tenor solista invitado del drama de su nueva vida. Francisca le da un lustre insólito a todo, hasta a la pava del mate. ¡Si hasta el Gallo parece más blanco y más canfinflero que nunca!

Pero la fatalidad tiene algo preparado. Lucía... era la noche encarnada. Se dejaba y se retraía. Histérica, indómita y sensual, lo mete al Aniceto en esa olla curtida donde se cuece el puchero de la vida.

Aniceto, ávido por disfrutarlo todo de golpe, acaba perdiendo a Francisca y al Gallo. No hay libro sagrado que no nos prevenga sobre estas cuestiones.



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Salvo por las dimensiones, el drama social y el individual son la misma cosa. Se trate de una ciudad atormentada o de una persona sola, ante una crisis se deberá apelar al coraje, al arte y al ingenio.

Los asuntos suelen ir a destiempo con las intenciones. A la ferocidad del Monstruo se le opondrán los Park con una bravura y una determinación que parecieran haber estado hibernando a la espera de una circunstancia fatal y bizarra como esa.

Contra el estómago rumiante del Monstruo había que oponer vísceras corajudas (1). Los Park buscan apoyo del gobierno, de la policía, de las instituciones. Al no hallarlo, se mezclan con el hampa y salen a la caza de lo imposible.

Aniceto no esperaba nada en especial cuando le llega el amor de manos de Francisca. No comprende la lógica del juego y termina haciéndose matar por un prestamista a quien acudiera para empeñar al Gallo, bastión de su subsistencia. Su propia muerte termina por facilitarle las cosas. Sin Francisca y sin su Gallo, vivir habría sido mendigar... aprecio y sustento. Francisca le había asoleado el alma. Lucía le revolvía las tripas. El desenlace de la historia es breve y lacónico. Los dioses se regodean con nuestras abyecciones pero eso no les impide ser clementes (cuando quieren). Y en un rapto de piedad, Aniceto cae fulminado por un balazo.

Ante lo inevitable, el hombre es capaz de cualquier cosa, sublime o degradante. Los resultados suelen ser entretenidos para los mismos dioses quienes también festejan nuestra valentía y arrojo.

Pero a las personas les puede ir la vida, y con ella, la existencia. Al límite de lo soportable, el camino se bifurca entre la magia y el tango fatal.

Después de todo, ¿de qué nos preserva tanta tecnología, tanta literatura especializada… cuando se aparece una Lucía y perdemos hasta el pellejo? Nada nos evitará la melancolía de sentirnos solos. Y quizás en esto duerma lo mejor de nuestra especie. Las tripas y el corazón pueden mucho más de lo que normalmente hacen día a día. Sólo hay que darles rodaje, comprender su cadencia, ritmo, sus tiempos.

Ordenar las pasiones es tarea sagrada e indelegable de cada uno (2). Pero tener pasiones latentes, vivas y calientes, es un deber hacia nosotros mismos. Los resultados a veces son los esperados y otras... no. Nadie nos asegura nada cuando nacemos. Y justamente por ser imprevisible y por no ofrecer garantías, la vida es de un atractivo mayúsculo.



Patricio Flores

Notas
(1): Hace miles de años, los judíos planteaban que el centro de la voluntad y de la conciencia se hallaba entre los riñones, el hígado y los intestinos.
(2): "Todo ánimo desordenado sirve para sí mismo de castigo", enseñaba San Agustín.

domingo, 12 de febrero de 2012

Cuando los Mundos Chocan y Melancolía

WHEN WORLDS COLLIDE (Cuando los Mundos Chocan-1951) de Rudy Maté
MELANCHOLIA (Melancolía-2011) de Lars Von Trier

Del Génesis...
El felm se inicia con unas palabras escritas en caracteres góticos, una cita del Génesis bíblico que sirve de prólogo al episodio de Noé. La trama misma es una nueva versión de tal historia, siendo Noé un grupo de científicos y reemplazando el arca de maderos y brea con una nave espacial. Esta vez Dios no envía un diluvio, sino una estrella y un planeta, Bellus y Zyra, respectivamente. Y como la construcción de la nave para salvar al género humano insumirá cifras millonarias, se recurre a un conglomerado de empresarios con cuyos aportes, empero, no se llegaría a cubrir la inversión necesaria. Es cuando aparece el multimillonario encarnado por John Hoyt, Sidney Stanton, que la cosa toma color. Stanton, atado a una silla de ruedas, es un hombre tan amargado como cínico. Para él no hay límites a lo que puede hacer con su dinero. De esta manera, teniendo como objeto únicamente el de no morir, ofrece el monto faltante para construir las naves poniendo como condición no solo la de viajar él mismo, sino la de seleccionar a sus acompañantes. Hendron responde con un humanitario chantaje, ya que accede a construir la nave, pero el material a transportar será decidido por los científicos: "su dinero por su vida," explica a cara de perro al cínico potentado. Como al millonario solo le interesa su propia vida, acepta el trato pero también da su ácida visión de lo que ocurrirá cuando se precipite el fin. Para él, el Hombre perderá todo rastro de civilización, y dejará de lado la ética y la decencia. Será la ley de la jungla, que él mismo grafica con la frase "dog eating dog." Poco antes del Juicio Final, los integrantes del campamento de Hendron (en su totalidad, estudiantes y académicos especialistas cada uno en una materia o disciplina) se amotinan y, armados, tratan de ingresar a la rampa de lanzamiento, en un último y desesperado intento por sobrevivir. Es la ley de la jungla, preanunciada por Stanton. Sobre el final, en el edénico planeta Zyra (que parece pintado... mejor dicho, está pintado), las letras góticas vuelven a aparecer, como si se estuviera escribiendo una nueva epopeya bíblica. A pesar de estas raíces bíblicas, la trama no es ingenua o juvenil y la impresión que queda sobre el Hombre afrontando sus últimos días en la Tierra es sombría y para nada moralizante.

...al Apocalipsis
Un drama celeste se insinúa con música de Wagner al mejor estilo Kubrick. Un planeta gigante se acerca a la órbita terrestre, según parece, en pos de una "danza de la muerte" que, según creen fervientes seguidores de Immanuel Velikovsky, podría ser la hecatombe final. Más abajo, en la Tierra, la primera parte del film nos permite asistir a una ceremonia de bodas que se realiza con las habituales demoras, desplantes de parte de algún invitado o de la novia (Kirsten Dunst), algún trapito al sol, etc. La segunda mitad se centra en la hermana de la novia, Claire (Charlotte Gainsbourg) y nos muestra a Justine regresando a casa de su hermana a raíz de una crisis de su pareja. John (Kiefer Sutherland), que ha estado apasionado por el paso del planeta, trata de mantener la calma de su esposa: "Melancolía" pasará a corta distancia de la Tierra, pero no hay motivo para alarmarse. La ciencia no puede equivocarse y los que afirman que será el Fin, solo buscan llamar la atención. Esa noche supuestamente será el momento de mayor acercamiento y los tres, John, Claire y Justine, observan el desfile del planeta púrpura. ¿Se alejará Melancolía como está previsto? ¿Cómo reaccionarán estos personajes en el caso eventual que tales previsiones fallen y se avecine realmente el fin? ¿Cómo enfrentarán una misma realidad, fatal e inexorable, dos hermanas tal vez opuestas en carácter y en historia de vida? Se trata de un tema de ciencia-ficción pero con un enfoque poco habitual y muy europeo. Una trama dramática con estudio de caracteres envuelto por un marco fantástico que permite indagar en situaciones límite para verificar en qué grado uno debe adaptar su vida a las convenciones o si éstas deben adaptarse a uno.

Enlace
Podríamos enumerar una cantidad de pre-enlaces y falsos enlaces pero nos contentamos con las rutilantes similitudes narrativas que suponen dos títulos tan alejados geográfica y cronológicamente que tratan la misma cuestión de choque entre cuerpos celestes. En ambos hay empresarios cínicos, niños inocentones, efectos notables del paso del planeta cerca de la Tierra con el alejamiento momentáneo para regresar y aniquilarlo todo y las delirantes consecuencias físicas en lo referido a órbitas y fuerzas de gravedad. Sin embargo esta noche nos interesa ahondar en el contraste que suponen los finales, feliz en Cuando los Mundos... e infeliz en Melancolía, lo que creemos válido indicador acerca de lo que se vivía más allá de la pantalla, fuera de las salas de cine.

Un lustro después del "apocalipsis" que significó la II Guerra Mundial, el mundo tenía motivos para ser optimista. Y esa nave que escapa a la hecatombe final y logra descender en el planeta Zyra, que no solo es edénico sino que tiene aire respirable, es una expresión de confianza en el Ser Humano. Confianza en un presente, si bien con problemas y más guerras, pero con la esperanza de que la gente del futuro no recaiga en el horror previo. Sesenta años más tarde aunque el Ser Humano se ha permitido unos cuantos genocidios, al menos aprendió la lección del hongo atómico y no volvió a utilizar semejante recurso. Hemos desterrado las guerras mundiales y el peligro nuclear de nuestro horizonte de conflicto probable y desde ya, dormimos mucho más tranquilos.

Choque final feliz con la raza humana perviviendo en otro planeta:

Pero esa invariable tranquilidad, según apreciamos en las conductas de los personajes de Melancolía, también nos hizo caer en el ocio, el hedonismo, la ausencia completa de inquietudes, la exacerbación caprichosa del ego y en una mediocridad tal que nos quitó aquel optimismo que teníamos, convirtiéndonos en una raza adocenada y rebozante de estupidez cuya existencia ya no vale la pena prolongar en un planeta diferente. De manera que, como termómetro de esta esperanza perdida, el felm de Von Trier es categórico: la Tierra se destruye y con ella, se vaporizan todos y todo.

No se pierda el choque en 1:55 de este metraje:

Dedicado a Charles Chaplin que nos lo advirtió en sus "Tiempos Modernos"...





lunes, 7 de noviembre de 2011

Los Visitantes de la Noche e Íncubo

LES VISITEURS DU SOIR (Los Visitantes de la Noche-1942) de Marcel Carné
INCUBUS (1965) de Leslie Stevens


Dos siervos del Diablo por el mal camino

Mayo de 1485. Su Señoría el Diablo envía a dos de sus siervos (Alain Cuny y Arletty) a la Tierra para sembrar discordia y desesperanza entre los seres humanos. Convertidos en Gilles y Dominique, artistas de la legua, ingresan a un castillo y cantan para el severo Barón Renaud y su prometida, Anne (Marcel Herrand y Marie Déa) así como para el padre de la princesa, el regente del lugar, el Barón Hughes (Fernand Ledoux). A través de un mágico acorde de laud, se congela el tiempo y los entes demoníacos aprovechan para tentar a los príncipes: Gilles involucra a la joven Anne y Dominique, por su parte, atrae a los machos alfa, Renaud y Hughes. Sin embargo, Gilles tiene un conflicto interior y decide revelarle a la ingenua Anne acerca de su auténtica misión. Cuando ella le confiesa que no puede dejar de amarlo, Gilles decide romper la fría carcaza que envuelve su corazón y amar, por vez primera en eones, a un ser humano. La reacción inmediata es una tormenta eléctrica y la aparición de un caballero en busca de asilo que es el mismísimo Diablo (Jules Berry) que viene a supervisar y rectificar el desempeño de sus siervos. ¿Podrá la fuerza del amor operar un cambio en la naturaleza del ser diabólico? Y, tras algunas vueltas de tuerca, ¿podrán los seres humanos identificar la senda correcta ante tanta intervención de seres del Averno?


Dos caminos se unen, y lo demás se va al diablo

Una extraña comarca posee una fuente de agua curativa. Al lugar se acercan todo tipo de personas, algunas de buen corazón, pero otras ladinas y ambiciosas. Parece ser un buen extracto humano para ciertos súcubos, demonios en forma de mujer que se acercan a los varones y los tientan para sustraer sus almas débiles y enviarlas directamente al Averno. La premisa básica de estos seres es trabajar siempre sobre seres de bajos instintos, mala entraña o moral desviada, lo cual les asegura el éxito. Sin embargo, una de estos súcubos, Kia (Allyson Ames), se propone como desafío llevar a la perdición a un humano de buen corazón, tarea que, de ser coronada por el éxito, le permitirá encumbrarse como hija dilecta de Satán. A pesar que su hermana Amael (Eloise Hardt) le recomienda no meterse con tales individuos porque el amor puede corromperla, Kia porfía y persigue a un joven héroe cuya bondad es a prueba de mal. El joven es Marco (William Shatner), que vive con su hermana Arndis (Ann Atmar) en una cabaña en medio del bosque. La aparición de Kia enamora inmediatamente a Marco, que sigue al súcubo por el bosque y no solo responde al estímulo físico sino que propone la unión en matrimonio y, para asegurar sus intenciones serias, afirma aspirar a tener un hijo. Imagínense: justo enamorarse de un demonio, con el usual problemita para encarnar que tienen... y ni hablar de ayuntarse para procrear. En fin, a todo este suculento plato narrativo hay que sumar la venganza de Amael, que despierta a un íncubo (Milos Milosevicz), es decir, un demonio con forma de mancebo, con la misión de pervertir a Arndis. 1

Enlace



Pre-Enlace
Fiel a nuestra tendencia a marcar preenlaces ofrecemos la coincidencia de alineación de demonios y humanos: en ambos felms tenemos a un par de hermanos diabólicos como entidades tentadoras. También tenemos correspondencias cruzadas: en el primero, un íncubo se enamora de una mujer; en el segundo, es el humano que se enamora del súcubo. Las consecuencias son dignas de que se raje el firmamento (o la tierra) y surjan potestades infernales superiores, como el propio Satanás o un temible íncubo.


Aperitivo teosófico
Establecemos un Diablo como culpable de todo lo malo que hay en el mundo pero olvidamos que su padre también es el mismo Dios cuyo sueño solemos llamar vida. Entonces, si Lucifer es una especie de tío que guía nuestros pasos, sus íncubos y súcubos realmente son nuestros primos que interactúan como ellos saben hacerlo. Así, como lo esencial en la vida de las personas normales es ganar dinero, ser respetado y formar familias, estos trasgos y criaturas infernales bregan por encontrar almas que sean capaces de resistir sus tentaciones, con lo cual acortan el camino hacia la Luz de la que alguna vez cayeron.


Enlace y buenas noches
Habiendo realizado esta pequeña introducción metafísica, creemos justo y sensato enlazar los felms diabólicos de esta noche por el reconocimiento que nos ofrecen historias de amor, pero no amor convencional o sencillo, sino amor prohibido... entre "primos", por así decirlo. Y no es que querramos resaltar que ambas historias terminan mal y que por eso sean válidas sino hacer pie en el concepto de que "en el amor, así como en la guerra, todo vale". Y si en ese "todo vale", ud. súcubo llega a engañar al Diablo, o ud. ser humano, se arriesga a cometer sacrilegios... vale más un minuto de decisión propia que toda una vida de bajar la cabeza y acatar las ajenas por respeto o tradición.



Darío Lavia

Dedicado a Jules Berry y William Shatner, tipos con los cuales sería enriquecedor compartir una cena y un vermouth.


Notas
1 Este doble juego humano-demoníaco-fraternal está complementado por una conceptualización clara y sólida acerca de la naturaleza de los demonios y del Bien. Incluso films posteriores, como ROSEMARY'S BABY (El Bebé de Rosemary-1968), THE EXORCIST (El Exorcista-1973) y THE OMEN (La Profecía-1976), han definido al Diablo y sus huestes de manera más ambigüa y misteriosa pero siempre desde el punto de vista humano. INCUBUS aporta el punto de vista del súcubo, con lo cual va más allá que las citadas en cuanto a motivaciones, limitaciones y campo de acción de los seres infernales, acercándose por ende a un viejo film olvidado del maestro D.W. Griffith, THE SORROWS OF SATAN (Las Penas del Diablo-1926) y al envejecido BLADE AF SATANS BOG (Páginas del Libro de Satán-1921) de Dreyer: todos plantean, en cierto modo, la necesidad del Diablo por regresar a la Luz.

martes, 20 de septiembre de 2011

Submarino Amarillo y Crónica de un Niño Solo

Submarino Amarillo

Este díptico está previsto para ser leído con la Suite Pepperland de George Martin como cortina musical, volumen 50%

En Peperland todo está bien. Los niños juegan al son de la música de los mayores, quienes se cortejan y amigan gentilmente entre ramos de flores y sonrisas angeladas. De fondo y bien arriba, un arco iris preside sobre un cielo pleno y celeste.

Pero el mal acecha. Malvados azules atacan portando un arma letal: un puño enguantado azul y gigantesco que se dispone a aplastar los monumentos y las plazas con sus glorietas al tiempo que arrojan bombas - burbujas que se roban el color de los paisajes y congelan a sus habitantes.

El alcalde de Peperland le ruega al almirante Fred que tome el viejo submarino que se encuentra encallado en la cima de una pirámide y vaya por la ruta de los ancestros a buscar a los únicos que pueden rescatar lo poco que queda y devolverle a la gente sus colores, sus juegos y su música.

Fred y el submarino parten sin rumbo preciso. Recalan mágicamente en Liverpool donde la gente vive gris de abatimiento sin que esto pueda achacársele a villano alguno en particular. Recorriendo sus calles al son de las sirenas y de las chimeneas, lo encuentra a Ringo. Y de un modo natural, medio cantando y medio volando, hará lo propio con John, Paul y George quienes junto al propio Fred integrarán la tripulación del Submarino Amarillo.

Durante la jornada del viaje encontrarán falsas tortugas, tazas de te y teteras gigantescas que juegan sin la mano de ninguna niña, pero… ¡cuidado! Que también hay un “ser aspiradora” que se consume lo mejor que tenés y te tira todo el tiempo para atrás. De hecho, el submarino es aspirado por este abominable engendro y ahora se desplaza en el vacío: ni entre la tristeza de Liverpool ni entre una Peperland congelada y agrisada, ni siquiera en el mar de los seres inconcebibles. En el vacío.

Pero estos cuatro amigos tenían todo lo necesario para enfrentar cualquier situación: se tenían a ellos mismos.

“Todo está en la mente” dice John. Y como el mismísimo razonar a veces asume tonos agresivos (favor de repasar aún sus pensamientos más íntimos), quizás lo mejor sea darle a la mente un buen descanso y un despertar a un nuevo uso bien distinto. Es fácil. Se trata de cerrar los ojos y de volver a abrirlos. Pero esta vez no para juzgar a otros ni a nosotros mismos. Nada hay por asimilar ni por enseñar. Nada es más valioso ni más urgente que el vivir. Es cuestión de no llevar equipaje, ni dogmas ni historias y dejarse llevar, dejarse fluir, confiando en uno mismo.

(Ya Lope de Vega nos había convidado a este banquete impostergable de andar con nosotros mismos sin libros en donde escondernos; Carrol, algo más condescendiente, admite a duras penas los libros, pero solo aquellos que tengan dibujos).

(Este “vacío” viene medio cargado don Flores. Tenga la gentileza de retomar el hilo de la narración). Es justamente en este vacío en donde se encuentran justamente con el “Hombre de ningún lugar”, un ser desquiciado por tantas lecturas, mareado por girar en círculos todo el tiempo. Lo suman a la tripulación: también alguien como él puede cerrar los ojos y volver a abrirlos.

Pero una torpeza de este Personaje retorcido les hará perder el submarino. Quedarán varados en una playa de cerebros que se recuesta… en el mar de los hoyos.

Estos hoyos no figuran en ningún libro ni mapa, por lo que el Hombre de Ningún lugar no acierta a comprender su naturaleza. Pero de algún modo y de tanto entrar y salir por tantos hoyos, nuestros amigos llegarán a Peperland...

…justo a tiempo. Los malvados azules con su ejército de turcos mordientes, de payasos mudos, de “hombres catapultas” que arrojan manzanas verdes letales sobre las cabezas de las personas y sobretodo con el guante gigante, están destruyendo la naturaleza y esencia de Peperland, adocenando a sus habitantes. Ya no hay música ni cortejantes. De los ojos de una niña peperlandesa brota una lágrima rebelde.

El alcalde, reanimado por la llegada de nuestros Beatles y del viejo Fred quien aparece de repente con su submarino amarillo, concibe un plan revolucionario de reconquista: como estos cuatro amigos son bastante parecidos a los integrantes de la banda del pueblo, la banda de los corazones solitarios del Sargento Pepper, los hará disfrazarse y tomar su lugar para que todo peperlandés recuerde aquellas cosas que los hacían tan felices.

Y una canción fue suficiente para volver todo a como era en el principio. La vida es una gran torta de cumpleaños. Pero no te la comas sin compañía, ¿eh?

Crónica de un niño sólo

Haciendo uso de toda su fuerza, su destreza y su coraje, Polín logra escapar del Patronato en medio de una noche como tantas. Corre al límite de sus posibilidades (¡cómo extraño hacer eso!), agitado, excitado, acariciando un tesoro puntual y bien ganado: el de la fuga propia y sin ayuda. Contárselo una y mil veces a sus amiguitos del Orfanato será sin dudas un deleite reservado para unos pocos, Polín entre ellos.

Ya volvería al Orfanato a recibir su recompensa. Pero ahora está corriendo y alejándose del único lugar donde duerme al resguardo de la policía y recibe comida. Corre sin saber que tiene energías como para cambiar un mundo entero, destreza y voluntad como para darlo vuelta todo; y sin embargo vive y vivirá preso de su propia suerte. Polín sabe perfectamente de que se trata todo esto. Sabe todo lo que tiene que saber.

Se detiene al fin, lejos del alcance de cualquier brazo. Las luces de una vidriera le muestran algo que para su suerte le estará vedado. No tiene necesidad de nada de lo que está mirando. Adornos fru frú para una casa de muñecas sin vida.

Sube a un colectivo y siente esa fuerza que lo lleva a lo suyo e inexorable. Un hombre mayor está durmiendo. Sólo hay que arriesgar un poco y dejarse fluir. Y ya está. Ya hay comida asegurada por unos días.

Al volver a la villa encuentra que todo está como lo había dejado. Al amanecer lo vemos tirado cara al cielo fumando un resto de cigarrillo negro. Eso lo seda, lo transporta. Le da por cantar en inglés.

Esa tarde, yendo Polín junto con un amiguito al río, ocurre lo que no queremos ni imaginarnos. Pero ocurre. Polín grita y se desahoga en el vacío. A su amiguito lo abusaron. Fue una pandilla de pibes que alguna vez olvidarán esto o lo deformarán en sus recuerdos hasta que no quede ni vestigios de algo vergonzante. Construirán sobre estos escombros. Polín lo hará sobre los del olvido. Su amiguito también. Y se sigue hacia adelante.

Son esferas. Cada etapa de la vida representa una esfera independiente de las otras. No se sabe bien qué pasa por la cabeza de un anciano o de una mujer muy fea, o de un niño. Podemos adivinarlo, pero es sólo eso. El “toque” se ha quedado en el pasado, en la esfera de nuestra niñez.

Pero los adultos interfieren en las esferas abusando de su autoridad. No comprenden porqué su esfuerzo se diluye o se torna infructuoso, y les irrita el verse desautorizados sin importar lo que convenga o no a un niño o a un anciano. Quien dice que alguna vez también haya sido abusado cuando niño, y que su modo de cerrar aquel capítulo sea el destruir todo lo verde, lo que crece. Toda estructura moral endeble suele ser agresiva y autoritaria, con un alto y deformado sentido de la justicia.

Polín volverá al Orfanato. Pero ya no será el mismo. Ahora tiene algunas cosas valiosas para contar y otras para olvidar.

Enlace

Ni Polín ni John, Paul, George ni Ringo cargan con el lastre de los libros, de las culpas, los odios ni el de las insatisfacciones propias o las heredadas. A su manera, entienden el simple hecho que la vida es inexorable, y que es mejor asumirla con armas fieles y conocidas –la imaginación, el instinto de supervivencia, la canción, el histrionismo, la picardía, el ir “orejeando” el naipe de la vida como hacía Chaplin- que el ajustarlo todo a un ideal de vida, a la memoria construida de vaya uno a saber quien, a premisas y doctrinas que no aseguran ni siquiera un simple plato de sopa a nadie (no al menos en esta vida).

Polín también tiene su submarino amarillo: Un caballo de alquiler viejo y flaco de su amigo Fabián. Con ése caballo Polín no necesita absolutamente más nada para vivir lo que se le presente siendo rey dentro de su propia cáscara.

Nadie ni nada eximen ni a Polín ni a los cuatro Fantásticos del sufrimiento, de la injusticia o siquiera de lo meramente desagradable. No importa. La receta es la misma: Un submarino y la amistad genuina alcanzan para vivir en Peperland.

Pero si Usted ya comió del fruto del árbol prohibido, no le queda otra que huir hacia adelante.

Para quien ha entregado su alma a superarse a sí mismo, quizás un día de éstos lo termine logrando. Es increíble con qué cosas tortuosas nos estimulamos y premiamos los mortales que alguna vez soñamos con visos de inmortalidad. Y si ya emprendió este camino, no lo abandone. Quizás Usted y yo podamos contribuir en algo a que los niños como Polín, su hijo o el mío, encuentren lo que necesitan para desarrollarse por sus propios medios, con su propia música.

Patricio Flores

A los adolescentes del siglo XXI, a don Leonardo Favio y a Los Beatles: Gracias.

Este díptico, al igual que Submarino Amarillo no tiene nada de inocente. Tampoco de malicioso. Sólo intenta hacerte reír de vos mismo. Y eso, está bueno.

Extras del Díptico
Entrevista Leonardo Favio, gentileza Raro DVD:


miércoles, 17 de agosto de 2011

Ocho a la Deriva y Ciudad de Vida y Muerte

LIFEBOAT (Ocho a la Deriva / Náufragos-1944) de Alfred Hitchcock
NANJING! NANJING! (Ciudad de Vida y Muerte-2009) de Lu Chuan

Aislados en alta mar



La cínica periodista Constante Porter (Tallulah Bankhead) es la única superviviente de un buque torpedeado por un submarino alemán. Sola y tranquila en el bote, observa la llegada a bordo de Kovac (John Hodiak), un operario de máquinas del carguero hundido. Poco después Kovac rescata y sube a bordo a Garrett (Hume Cronyn), operador del radio inglés. Luego van rescatando a la enfermera Alice Mackenzie (Mary Anderson), al marino herido Gus Smith (William Bendix) y al pasajero Rittenhouse (Henry Hull), viejo amigo de Constance. Un sobrecargo de color, Joe Spencer (Canada Lee), también alcanza el bote junto a la Sra. Higley (Heather Angel) y su bebé (que está muerto). El último náufrago llega al bote; es Willie (Walter Slezak), un alemán que no habla el idioma inglés, supuestamente un marino raso del submarino que, según la traducción de Constance, está apenado por el incidente. Tras algunos planteamientos, triunfa la moción del civilizado Rittenhouse de no abandonarlo en mar abierto y de mantenerlo como prisionero de guerra. Los supervivientes [1] quedan a la deriva en el bote salvavidas y, tras innumerables vicisitudes, se terminan salvando merced al ingenio y capacidad de Willie, que resulta ser nazi convencido al punto de animarse a tirar por la borda al malherido Gus, que complicaba la subsistencia del conjunto. A punto de ser rescatados, se arreglan para arrojar al alemán, quien antes se despacha con un discurso de descargo (el cual no alcanza para evitar su virtual ejecución).



Aislados en Nanking



Fines de 1937, Nanking, un episodio de la Guerra Chino Japonesa [2]. La acción de la película nos ubica en las afueras de la ciudad con el nerviosismo de los soldados japoneses en los momentos previos a ingresar a la semiderruida capital de la República China y en la triste deserción del comandante chino y la mayoría de las tropas. Sólo un grupo de soldados, mal armados y auxiliados por civiles y niños, se proponen resistir la entrada de las columnas del ejército nipón. Tras valeroso pero esteril combate, cientos de soldados son capturados y posteriormente fusilados. En ese momento, un pequeño grupo de extranjeros que se quedaron en Nanking organizan un comité, eligiendo al alemán John Rabe (John Paisley) como líder. Rabe, miembro del partido nacionalsocialista alemán, es quien logra hacer reconocer a los japoneses una "Zona de Seguridad" en un sector determinado de la ciudad que no será atacada con la condición que no albergue soldados chinos o integrantes de la resistencia. A partir de este momento se inicia la segunda fase del incidente conocido históricamente como "Masacre de Nanking", tras el fusilamiento de soldados y la matanza de civiles - fusilados, pasados por bayonetas, enterrados vivos, decapitados, etc.-, con la violación indiscriminada de cientos de mujeres chinas.

Enlace



Enlaces varios, contraenlace y conclusión. Dos tramas que ocurren en las bambalinas de la II Guerra Mundial. Dos films que fueron blanco de críticas destructivas pero cuyas virtudes sobresalen para aquellos espectadores que priman belleza cinematográfica sobre corrección política. Dos epopeyas de seres aislados, unos por la marea acuífera, otros por la marea nipona. Dos dramas de seres parecidos y opuestos obligados a convivir en un espacio reducido, sea éste un bote o un barrio de la semidestruída Nanking. Dos ejemplos de perjuicios que sufren los civiles a causa no ya de las acciones de los militares sino del monstruo de la guerra, ser deforme y aberrante para el que no existen tratados, convenciones ni humanidad posible. Eso posibilita la ejecución de un herido o la utilización de miles de mujeres para satisfacer los ánimos alzados de las fuerzas que sitian una ciudad.



Pero dejemos de lado tantas coincidencias y vamos por el contraenlace anunciado, que servirá de generosa conclusión. En el bote de los "Ocho a la Deriva", una minoría (el nazi) es finalmente sometida y ejecutada por la mayoría (democrática), a pesar que le deban la vida. Hitchcock y su guionista John Steinbeck preanunciaban sin saberlo las mejoras del mundo de la salud y la farmacéutica obtenidas por los nazis tras sus experimentos diabólicos o los avances de la cohetería y la aeronáutica que beneficiaron a Occidente y al Bloque Soviético tras las investigaciónes de los Von Braun y los sabios alemanes. Las democracias capitalistas y el comunismo tiraron por la borda al monstruo nazi y hoy es peor decirle "nazi" a alguien que acusarlo de comunista o capitalista, a pesar que el contubernio de jerarcas nazis que idearon el exterminio de judíos no tuvieron ni una gota de responsabilidad con las depuraciones raciales de los Balcanes, los pogroms rusos, las cacerías de negros en Estados Unidos, el genocidio de armenios, las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki o el hambruna provocada en docenas de países por el saqueamiento metódico de sus recursos.

En la Nanking sitiada se repite el concepto, y una mayoría japonesa liquida sistemáticamente a una reducida minoría china, desarmada, desahuciada. La óptica china, libre de la anteojera que tenemos los occidentales (aunque no tanto del que tendrán los ex comunistas), nos plantea una idea desafiante. Para ellos, el demonio que ingiere fetos crudos en bacanales orgiásticos no es nazi sino japonés. Y el nazi, como lo más cercano a un representante del Occidente medianamente civilizado, creador de convenciones de guerra y de paz, es el que salva vidas y ampara refugiados y no, precisamente, al estilo del Schindler Spielbergiano, que salvaba judíos del horno para tener mano de obra barata. ¿Es más monstruoso limpiar nuestras conciencias demonizando muertos del pasado? ¿Será nuestra hipocresía el único monstruo? ¿Quién o qué es el monstruo? ¿Es perjudicial humanizarlo [3]? Nada que nos permita despojarnos de un prejuicio podría serlo.

Darío Lavia

Dedicado a "Willie" y John Rabe



Notas al pie
1: Al igual que en ALIEN (Alien, el Octavo Pasajero-1979), hay ocho pasajeros-tripulantes y un infiltrado (si ud. cuenta al Johnsie, el minino de Ripley, ahí tiene los ocho pasajeros del "Nostromo").
2: En la actualidad se hablan de una Primera Guerra Sino Japonesa (1894-1895) y una segunda (1937-1945), que es la que se menciona en este film.
3: Que de eso es lo que se acusaba a un film que ofrecimos en díptico hace no tanto.


martes, 26 de julio de 2011

El Erizo y Stalker

LE HÉRISSON (El Erizo-2009) de Mona Apache
STALKER (La Zona-1979) de Andrey Tarkovskiy

El encanto del erizo


Paloma tiene 11 años, y ya entiende un par de cosas acerca de la vida. Sin lastre ni teoría alguna por demostrar, decide filmar el tedio de la propia experiencia familiar y coronar su narración visual con su propio suicidio. Hasta aquí sólo cabe agregar que Paloma lleva una vida breve pero intensamente honesta y sin concesiones. Todo pareciera inclinarse hacia un presente inefable, en un estado de situación que demanda por ser desentramado y comprendido sin que esto asegure dicha alguna. Y que siempre sigue ahí. (El hastío puede ser tan corrosivo y contundente como el odio).

Renee friega y refriega pisos y paredes al tiempo que se olvida de sí misma. O casi. Es la portera del edificio donde vive Paloma. Ya hace rato que Reneé ha depuesto sus armas a los pies de César recibiendo a su vez como único favor el contar con algo de sosiego y de tiempo para escabullirse en su pasión oculta, los libros. Un gato es su única compañía.

Insólito sería el encuentro de Renée con el señor Ozu, un millonario jubilado japonés que acaba de mudarse al último piso de ese suntuoso edificio parisino. A poco de llegado Ozu ya había tomado nota de Renée y sus delicados y ocultos atributos. El desarrollo de esta nueva relación recaerá desde un primer momento sobre los hombros de Ozu aportando los momentos más fluidos y simpáticos de nuestra historia.

Volviendo a la Niña, la poca caladura de su esquife no admitía aguas tan profundas, situaciones tan extremas. Y sin embargo, la melancolía parecía adueñarse de toda perspectiva. Pero hubo un momento en que Paloma intuyó el simple hecho de que sola, no iba a poder salir del laberinto, y que Renée constituía -sin proponérselo-, ésa voz y esa luz a la que todos, absolutamente todos los mortales, acudimos al menos una vez en busca de claridad o de modelo. Lo mismo podemos afirmar de Ozú. Cada uno en su simpleza configura al “otro”, al verdadero prójimo. (1)

De la amistad entre el jubilado japonés, la encargada y la niña, nacerá el nuevo ser. Pero no un ser gestáltico. No así.

Tres voluntades distintas, tres etapas distintas en la vida, de una vida tan breve y sin embargo inconmensurable.



Stalker


Veinte años habían transcurrido desde aquella explosión que asolara toda la región. Eminentes científicos e intelectuales habían planteado por aquellos tiempos la teoría de una maniobra de invasión extraterrestre. (2)

Al tiempo presente, el gobierno se las entendía con este asunto sosteniendo un cordón policial perimetrando “La Zona”. Ya lejos de todo interés masivo descansaba este “asunto” que en su momento fuera de consideración obligada a todo nivel. Y así y todo, algunas secuelas habían quedado.

Todavía quedaban quienes querían entrar a “La Zona”. Se corrían rumores en círculos muy cerrados que seguía en pié un caserón de aquella aldea; y que quien se atreviera a trasponer su umbral, accedería a un don: se le concedería aquel deseo más profundo, más recóndito del ser. Un grupo de arriesgados baqueanos, los “stalkers”, guían por un buen dinero a quienes desafían el cerco policial para adueñarse de aquel don. (3) y (4)

Los abiertos y arbolados terrenos de La Zona se hallaban salpicados por tanques incinerados y riachos persistentes.

La Zona, litúrgica y caprichosa como el Stalker, mutaba tanto como las mentes febriles de los aventureros y del propio baqueano. Así, aparecían reglas y consideraciones “al paso” que condicionaban casi cada avance, ralentándolo y tornándolo fatigoso. Varias veces la expedición traspasará lo señalado, desafiando a las fuerzas ocultas, al “flamante sentido común” gregario, y al propio stalker de un modo llano y abierto. Pero no habrá consecuencias. Incluso el vadear el vallado policial terminaría siendo una tarea mucho más amenazante que realmente peligrosa. No hay balas que acierten ni persecuciones asfixiantes.

Tras mil rodeos, cuando ya el cinismo se había adueñado de las voluntades de los expedicionarios “Científico” y “Escritor” –jamás del stalker-, llegaron al caserón del destino. Tiempo y lugar. Ya no hay más vallas ni policías ni siquiera otras personas observando.

Los tres viajeros habrán agregado a la compleja trama de posibilidades infinitas e irrealizadas de sus vidas, una cuerda delgada e intrigante de orden sobrenatural. No es poca cosa.



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Tres personas se abren al otro. Y aparece un sentido de la vida. Otras tres bucean en el mito y quedan expuestas a un inexorable vacío existencial. Esta es una primer lectura posible. Otra podría ser ésta.

Hay quienes prefieren morir antes que tornarse enseñables. Muchos no soportan el verse a si mismos inexorablemente adocenados; pero tampoco pueden aguantar el tremendo peso de una conciencia absolutamente libre. Y nunca uno tiene todas las seguridades del caso. Uno ya sabe que la mente engaña, distorsiona, atropella y humilla. Pero ¿qué otra alternativa tenemos que no sea la de nuestros propios razonamientos? Confiar en una martingala espiritual no parece ser algo sensato ni tampoco demasiado atractivo. “Arriesgarse” suele ser algo necesario en varios pasajes de la vida pero difícilmente sea una opción en aquellos momentos decisivos, donde buscamos refugiarnos en la seguridad que solo ofrecen nuestros propios pensamientos. Renée se abre al amor en el momento menos pensado de su vida. Su vida se justificó en ese solo acto, como si todo lo anterior fuera un preludio o un exordio.

Resumir todo a “un solo y gran deseo existencial” es algo desafiante de varios puntos de vista. Y si uno lograra hacerlo, entenderá que debe recorrer cierto camino crítico para su consecución. Y ése camino puede desandarlo liberado (o cargado) con el peso de la desconfianza y del cinismo. Pero nunca podrá hacerlo solo. Un stalker o un japonés millonario deberá acompañar al interesado en la travesía.

Y una tercera aproximación sería: El único modo de constatar la existencia y el carácter de la meta es alcanzarla. Antes de eso –aún a los umbrales- no hay nada. Siempre volvemos al gato Risón de Alicia: quien camina lo suficiente llega a algún lado. Y existen miles de lados posibles. Es cuestión de escoger uno de ellos, o simplemente dejar que sea la vida misma la que lo haga por uno. ¿Será “el amor” una meta posible? Sólo lo sabrán quienes lo busquen y caminen lo suficiente. “Caminar lo suficiente”. Eso era todo lo que Paloma necesitaba escuchar.

Patricio Flores

Dedicado a mi sobrino nieto Dylan Ceccón.


1: Una digresión: “...Toma contigo estos compañeros de futuros hados y busca para ellos nuevas murallas que fundarás, grandes por fin, después de andar errante mucho tiempo por los mares”. Y se llevó consigo (Eneas) con sus propias manos a la poderosa Vesta y las ínfulas y el eterno fuego que arde en el profundo santuario”. (Virgilio, “La Eneida”)

2: Aquí la historia pareciera alejarse de “la tragedia de Tunguska”, ocurrida en Siberia el 30 de junio de 1908 y que diera probablemente inspiración a esta bella película. Nunca se supo cual fue la verdadera causante de la tragedia que asolara más de 2.000 km2 bajo la presión de una energía liberada de 30 megatones. Según sus propios pobladores, los Tungus, lejanos descendientes de mongoles, el bólido celeste “brillaba como un sol”. Nada quedó en pie con la caída de ése sol.

3: Otra digresión. “Luter” es el encargado del bar en donde “Científico”, “Escritor” y “Stalker” inician su camino hacia la Zona, eje narrativo de esta historia. Es interesante notar que el surgimiento del “individuo” encontrará su punto de apoyo en la generación de autoconciencia propiciada -entre otros- por la insoslayable figura de Martín Lutero. Hasta entonces, el hombre común vivía sumido en todas sus esferas de actividad a distintas formas de servidumbres, conectado con el mundo a través de sus vínculos primarios. El orden social era un orden natural, y el ser una parte de este orden confería al hombre seguridad y pertenencia, sentimientos ambos que se deshojarían en la medida que el Hombre se iniciaba en el camino de su propia independencia, naciendo en un tiempo el individuo y las naciones, el umbral de los tiempos que aún hoy vivimos. Este es el tema central del excelente libro de Erich Fromm “El miedo a la libertad”.

4: “Erizo” supo ser el apodo del stalker más famoso hasta que un día, decidiera suicidarse por razones desconocidas.

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