viernes, 26 de marzo de 2010

La Gran Comilona y Entrenando a un Dragón

LA GRANDE BOUFFE (La Gran Comilona-1973) de Marco Ferreri
Cuatro amigos deciden quitarse la vida comiendo… hasta reventar.

Philippe, el dueño de casa, es juez de la corte. Su vida de fallos y sesiones mantiene en buen resguardo un costado degradante; su relación amorosa con Nicole, quien fuera su aya de niño y que hoy ejerce una ascendencia inusitada sobre nuestro juez manipulándolo, masturbándolo.

Michele es un reconocido productor de TV. Un episodio con su hija nos deja ver en él algo de hedonismo y cierta obsesión por la higiene. Michelle es músico, es iniciado en el ballet, refinado observador de personas y cosas, varón de enriquecidas lecturas y de modos amanerados.

Ugo es chef internacional. Será quien tome la batuta culinaria en todo momento. Su esposa, delicada e histérica, no logra sonsacarle a donde diablos va con tanta prisa, llevándose las cuchillas y conservas de la casa. Mordaz, cínico e histriónico, Ugo es el menos descifrable de los cuatro.

Marcello es comandante de avión. Acaba de aterrizar cuando lo vemos relacionarse con el resto de la tripulación. Agresivo, vulgar, con rasgos de morbosidad, se confiesa “obseso del sexo”. De modos nerviosos y esencia fetichista, sin vida interior de peso y abocado a la mecánica de los aviones, de los autos y de las mujeres.

A poco de iniciadas las acciones, vemos a Ugo apropiarse de la cocina, a Philipe asumiendo un rol paternalista y de sostén moral del cónclave, a Marcello adueñarse del piso superior y a Michelle hacer lo propio con el piano y el gramófono. El lugar estaba lo suficientemente acondicionado y aprovisionado como para que la muerte los encontrara a cada uno en su ambiente, con sus cosas y... rodeado de amigos (el Hastío es hermano de sangre del Capricho)

Pero Marcello arruina –o no- la santidad de propósito cuando se decide y convence a Philippe de involucrar mujeres en la gesta, detalle que no haría más que anular la asepsia pretendida por Philippe, alborotando los ánimos del cónclave y de sus conjurados.

Y así llegaron las muchachas y entre ellas vendría una maestra de escuela, Andrea.

Ahora, ¡a comer se ha dicho!

Como Philippe no ha logrado imponer su impronta moral en el asunto, todo vale y nada tiene mayor limitación que la del deseo de cada uno de los participantes. Sexo, lujuria, comida, promiscuidad, tufos, trifulcas y hasta la explosión de la caja ascéptica acompañan a nuestros scouts en su búsqueda de la felicidad hasta la misma muerte.

Pero de a poco se empiezan a ir las muchachas... los varones no pueden seguirles el ritmo –a excepción de Marcelino y eso de “comer por comer”, ya les proveyó de todo el glamour que tenía para ofrecerles. Lo interesante es que nuestra maestra es quien decide quedase con el grupo. Quizás haya sido la salida de las muchachas la que la decidiera; ahora ella será el único foco de atención entre la manada. Vemos a Andrea como de a poco va soltando su corsé de mujer educada y educanda para volverse hembra liberada a sus instintos y a los del entorno.

Comienzan a morir los protagonistas. Marcello es el primero. Quiso la impiadosa Erinia que antes de morirse probara del vino picado de la impotencia. Su muerte no podía haber sido más atroz y vergonzante: él, un toro del sexo, no podría con una simple maestra algo erotizada.

Michele le seguiría pronto. Enamorado como estaba de Marcello, no soportó su muerte prematura. Y un fulminante ataque gastroenterológico se lo llevaría. La Erinia no mostró sarcasmo en Michele salvo una interminable deflagración de gases que concluyera en su deceso.

Ugo fue quien recibiera una muerte pensada y madurada a su medida. Sabía que la ingesta de un paté para veinte personas hambrientas era suficiente munición para el arma de su hígado. Mientras Philippe le arrimaba los últimos bocados a la boca, Andrea tenía la cortesía de masturbarlo. Un orgasmo lo trajo al mundo y un orgasmo sería su último recuerdo.

Quedaron Philippe y Andrea y el puñado de perros callejeros que se iban acercando a la propiedad a medida que volaban alimentos por las ventanas, producto del hastío, la saciedad y le repulsión de los conjurados.

Justo cuando llegaba un camión de reaprovisionamiento, Philippe cederá. Su diabetes le dejaría que terminara sus días con un doble flan gigantesco con una decoración de merengue y dulce a modo de dos pezones. No fue una muerte como la de Ugo, pero tuvo su encanto.

HOW TO TRAIN YOUR DRAGON (Entrenando un Dragón-2010)
Un pueblo de vikingos vive en un acantilado a orillas de un mar desconocido.
Soporta a su tiempo la invasión de dragones quienes saquean de animales sus granjas y siembran el terror entre el pueblo. Los vikingos rechazan y muelen a hachazos y mazazos a decenas de estos alados e ígneos invasores, pero no logran evitar que, a su tiempo, vuelvan y causen estragos entre el poblado y las haciendas.

Un niño, Hiccap, esmirriado, curioso y muy despierto, será nuestro protagonista principal. Su tozudez por convertirse en vikingo lo lleva a asumir riesgos siempre infructuosos y nunca exentos de complicarle la vida a los aldeanos.

Una noche de invasión, Hiccap le dará caza a un dragón temible. Su disparo de cañón con dos balas encadenadas daría justo en el fuselaje del monstruo.

Hiccap esperaría a la salida del sol y así rastrear el lugar donde había caído su presa cuando, al llegar a un claro en el bosque, se encontrará con un gigantesco dragón negro. Sus balas lo habían enlazado y volteado de su vuelo rompiéndose al caer su alerón y con él toda posibilidad de huida. Así, con un dragón inmenso a su merced se le presenta la disyuntiva de matarlo o liberarlo de las correas. No tiene agallas para lo primero, pero le sobran como para mantener en secreto a su presa viva al tiempo que para inventar “algo” que reemplace la parte dañada de la cola de esta rara especie de dragón, que no figuraba en los anales.

Y así Hiccap, aprendiz de herrería, preparará un complemento ingenioso que, encastrado en su cola, le permitirá remontar vuelo al dragón sólo si éste acepta ser cabalgadura del propio Hiccap.

Durante el tiempo de desarrollo de esta pieza, niño y dragón irían abriéndose mutuamente las puertas de acceso a sus respectivos mundos hasta alcanzar una verdadera amistad, dotando al niño de poderes fuera de lo normal así como al dragón de la posibilidad de convivencia entre humanos sin perder su capacidad agresiva y de daño..

Usted, pícaro, ya imagina el final de la historia. Igual, se lo vamos a contar.

Se descubre la verdadera causa del flagelo de la invasión de dragones a nuestra aldea. No es una mera necesidad de alimentarse sumada a vandalismo como se suponía. Es que a pocos kilómetros de nuestras gentes había un nido que albergaba la terrible presencia de un dragón reina, cuyo tamaño era la sumatoria de todos los dragones... una verdadera montaña demandante de alimento fresco, que sometía como buena reina a sus obreros en la tarea de ser alimentada. O sea, para facilitar la metáfora, la causa de la tragedia era tan agobiante para nuestras gentes como para los dragones involucrados.

Nuestro niño montado en su corcel gigante dará pelea y vencerá a la reina, liberando a humanos y a dragones del flagelo. Así nacían los nuevos tiempos de convivencias, tiempos en que dragones son adoptados por niños como mascotas. Porque en ese pueblo, nada de loritos ni de ponies: solo dragones.

Enlace
Interesantísimas ambas historias. Los dragones, como los mosquitos y las viruelas, no están a la mano del hombre el crearlos ni el aniquilarlos. Puede combatirlos y sacárselos de encima por un tiempo, pero eso es todo. Uno puede tratar de entender su comportamiento, lo que seguramente dará mejores elementos a la hora de combatirlos. Si uno da un paso más, podría decir que el dragón es toda aquella cosa que negamos o rechazamos simplemente por no conocer su naturaleza, lo que deriva en angustia y miedo... porque hay un daño y ese daño duele.

Una relación madura, convivir, soltar amarras en el propio acto sexual, asociarnos en emprendimientos conjuntos, asumir riesgos, hablar en público, exponer ante un auditorio, soltarnos o dejar ese empleo administrativo... en fin. A estos dragones bien podemos eliminarlos para que no nos sigan torturando... o intentar montarlo.

Nuestros cuatro amigos no eran personas comunes. Sus profesiones hicieron de ellos personas notables y admirables hasta cierto punto. Pero la vida les presentaba dificultades que ellos destilaron hasta convertirlas en degeneración. Sus miradas lo dicen todo; casi que ni hay vestigios de algo sano en esas mentes. Todo lo que tocan se corrompe en voluptuosidad.

La sensualidad es un tipo de dragón. Quien no la tiene –o mejor dicho, no puede domarla y exhibirla... "dragonearse" en su relacionarse con el otro-, la anhela, juega con tenerla, y quizás fracase a la hora de la verdad, solo por no entender que a un dragón no se lo monta (¡pícaro Flores!) con buenas intenciones o con merecimientos sino desentrañando su naturaleza y asumiendo equivocaciones en todo el proceso, insistiendo…hasta encontrarle la vuelta al asunto.

Claro, hay personas que doman de éste tipo de dragones sin ninguna preparación aparente o conocida, pero... como bien enseña el film, hay especies bien diferenciadas, aunque todas ellas reúnan características propias de una especie que los aglutina a todos.

Todo asunto de los hombres tiene su vuelta. Encontrarla nos justifica y nos hace mucho bien. No encontrarla nos limita y nos torna miserables.

El exceso de sensualidad –encarnado por Marcello- torna a su portador en un ser despreciable por la misma razón que su sola presencia priva de matices y de profundidad cualquier relación posible. Todo se subsume al erotismo; todo es monocromático, como dicen que ven los perros.

Conocer la naturaleza de aquello que nos limita y cohíbe y alcanzar un equilibrio... debería ser una buena razón para levantarnos por las mañanas. Claramente se aprecia la ventaja de cabalgar sobre un dragón por sobre la de montar un caballo o una oveja.

La Yapa
Así también en los pueblos. En el nuestro, hay dragones. Corren “gotas de sangre jacobina” (Antonio Machado) por nuestras venas. Asumimos –y exigimos- un respeto y una convivencia que lejos está de sernos algo natural, propios; es pura afectación, puro histrionismo. Como el de Ugo. Odiamos la violencia sólo por no entender que es parte de nuestra naturaleza. Hacemos algo peor que esto; la dotamos de moral. El problema está en que –como dijéramos en el díptico anterior, el odio es miope.

A veces, deberíamos imitar el ejemplo de ciertos niños como Hiccap y de paso, dar cumplimiento a la profecía de David que enseñaba que “de boca de los niños pequeñuelos y de pecho te has preparado... a fin de que enmudezcan enemigos temibles y rebeldes” (Sal. 8:3)

Patricio Flores
Un Servidor

lunes, 15 de febrero de 2010

Criatura de la Noche y El Tambor

Mazurca

LÅT DEN RÄTTE KOMMA IN (Criatura de la Noche-2008) de Tomas Alfredson

Preludio
Un vampiro llega al barrio.

Barrio alejado de la noche vital y del jolgorio, de edificaciones modestas de gentes sencillas, de café, escuela pública, con su regio bosque que será verde la mitad del año y blanco de nieve la otra mitad.

El vampiro llegó bien entrada la noche. Al descender del taxi, no había nadie para recibirlo.

Quiso el Diablo que el vampiro fuera muchacha, tornándolo doblemente temible y demandante, al tiempo que frágil y extremadamente peligroso.

Se llama Eli. Su edad es imprecisable, pero Ella aclara “Hace mucho tiempo que tengo doce años”.

Danza
El barrio no estaba preparado para recibir a Eli.

Será su siervo, Hakan, quien se encargue de procurar que cada noche Eli tenga su ración de sangre.

Hakan y sus embudos, su cuchilla, sus soluciones y su aire serio y parco, sembrará de terror insólito al vecindario.

Una reverencia, la bailarina reconoce la pista y el varón consiente y aguarda
La maldad llega a este mundo de la mano del hombre, del ser humano.

A veces, en tamaño familiar, diluida y aumentada con conservantes y saborizantes que no logran sino volver soso al puro carácter.

Otras veces, condensada en envase pequeño. Esencia pura de maldad mineral.

El varón enlaza su brazo al talle de la bailarina
Veamos a un muchacho sencillo. Oskar, también de 12 años, de belleza femenina y candidez nada aconsejables para la edad. Oskar se culpa y se castiga por no poder enfrentar a un grupo de bravucones agresivos que encuentran en el fastidiarlo, una buena razón para ir a la escuela.

Agobiado por el tormento de tener que ir a clases cada día, se ensimisma en la soledad de su habitación o en la del parque y recrea su duro presente en un escenario en donde él es ahora un príncipe y sus estúpidos compañeros meros villanos, que sufrirán su segura derrota e implorarán por su clemencia, que claro es, Oskar no les negaría nunca. (Hay veces que el odio puede asumir formas de lo más curiosas... como ésta de la de “clemencia”).

Eli, adolescente milenaria, decide acercarse e intimar con Oskar. Con los días (las noches mejor dicho), fluirá la amistad entre ambos. Y con la amistad, el amor.

Final primera parte - Esperan todos de pié

DIE BLECHTROMMEL (El Tambor-1979), de Volker Schlondörff

Interludio. La orquesta interpreta una brevísima variación sobre la melodía principal
Por fin la gran guerra ha terminado. Danzig fue declarada estado libre. A los polacos se les concedió la ciudad y una oficina de correos propia, donde Jan Broski, coleccionista de sellos, encontraría empleo.

También Alfred Matzerath, soldado alemán quien llegara con la marea, decidiría quedarse en Danzig, prendado de la gracia de una bella enfermera, Agnes.

“Los kaschubas (casubios) hemos vivido aquí desde siempre”, afirma Jan, “desde antes que los polacos y que los alemanes”.

“Eso pertenece al pasado, Jan. Ahora hay paz. Kaschubas, alemanes y polacos convivirán pacíficamente”.

“Ya se verá”, comenta por lo bajo Agnes a su madre; kaschubas ambas, fuertes, indoblegables y sensuales por raza.

“Ya veremos” contesta la madre.

Y Agnes se retira del mercado, del brazo de Matzerath y de la mano de Jan.

Fin del interludio. Enlazan sus brazos la bailarina y dos pretendientes
“Estos dos señores –nos relata Oskar Matzerath, el protagonista-, tan distintos entre sí, coincidían en sus sentimientos por mamá. Y se terminaron tomando afecto el uno al otro. Y esta trinidad fue la que me trajo a mí, Oskar, a este mundo, con el sol bajo el signo de Virgo, y con Neptuno en la X mansión celeste, nací signado por el portento y por el engaño”.

Vuelta al tema con repetición

El 12 de setiembre de 1927 fue cuando Oscarcito, que acusaba tres años, se propuso en su corazón no crecer ni un centímetro más de estatura. Niño era y niño quedaría por expresa orden de su férrea voluntad, esa misma que él demandaba impiadosamente a los suyos tan debilitados y vapuleados por todo tipo de pasiones, de debilidades.
Hijo como era de su propio tío, Oskar creció odiando a su entorno, a la cobardía de los polacos y de los kaschubas, y a los alemanes que de a poco se iban apoderando de sus pensamientos, de sus quehaceres, de sus edificios, de sus costumbres, de sus miserias, de sus orgullos, de sus propias vidas.

Pero Oskar no era un loquillo tirabombas ni cualquier malvado suelto.

Su odio –su daño- era producto de una maldad refinada, de una conciencia oscura y libre. Con los años se volvería un “niño hombre” que podía recurrir a su costado “niño” cuando la situación apremiaba, pero también se sabía comportar como hombre si la ocasión le era propicia.

Su sangre condensaba el rencor de los sometidos cuando éstos hallan ocasión de devolver golpe por golpe.

Y no que odiara a todo el mundo. Nada de eso.

Oskar encontraba en Kobyella, un oficial de correos, y en un tendero judío, Segismund Markus, mayores por quienes sentía un sincero aprecio. Los tomaba como seres auténticos (solo los trataba eventualmente) y les dotaba en su mente dañina e infantil de una consistencia que se contraponía a la endeblez de su propia sangre como ya vimos.

Segismund y Kobyella además, eran importantes para Oskar. Ambos entraron en la vida del Pequeño a través de un regalo que éste recibiera en ocasión de cumplir sus tres años: un redoblante de hojalata.

Y así con la “adultez” que manaba de su tambor y lo “ojalata” de su fantasía infantil, Oskar atormentaba a propios y a ajenos con su redoblar maquinal, constante, autómata y malparido, forzando –siempre forzando- a la trinidad familiar a sublimar tanto odio... en culpa.


Se sueltan los bailarines
Algunos eligen domar su lucidez y llevarla a paseo por campos verdes y apacibles. Otros prefieren aguzarla y clavarla en una verdad dolorosa y tangible; sólo que no consideran que cualquier verdad se desdibuja si se la aprecia desde el odio, que es miope por naturaleza.

Vuelta al tema sin repetición
Oskar Matzerath solo odiaba. Su tamborcito ahora preludiaba a un arma aún más dañina: su grito. Grito agudo e histérico que rompía los cristales del mundo de los adultos, que dotaban a Oskar de ascendencia entre otros niños, pero que sobretodo, buscaban quebrar todo aquello que dócilmente se entregaba al sueño de la voluptuosidad, del no querer ver... sueño que pronto recibiría un tutor de hierro que lo enderezaría de raíz: el nazismo.

Enlace Final
Dos películas que se plantean desde una absoluta libertad el tema de la maldad y los niños. Cierto es que los vampiros no tienen edad, o mejor dicho, tienen una edad disparatada para nuestro odómetro convencional de vida humana. Tampoco nuestro frenético tamborilero tenía una edad definida. Pero lo concreto es que Eli y Oskar Matzerath son dos engendros del demonio cuya naturaleza los condiciona y los define. Y que son pequeños ambos.

Pero claro es, aún los malos “suelen dar buenas dádivas a quienes quieren” (Mateo 7:9-11)

La maldad no impide a quien la porta a sentir afecto sincero por otros, incluso amor; o a mantener relaciones serias con otros pocos seres, o hasta de amistad. La creencia que el malo es malvado desde que se despierta hasta que se acuesta es un modo de caricaturizar el asunto más que de abordarlo. Si los buenos simplemente fueran “buenos”, y los malos, “malvados”, y si siempre actuaran conforme a la naturaleza que es de suyo propio, este mundo se volvería previsible e insulso, y la raíz misma de nuestra autosuperación -que es el conflicto permanente-, se vería mortalmente dañada por una simpleza que lejos de facilitar las cosas las elimina de cuajo.

Uno está tentado a escribir que los malos no tienen esos dilemas morales que sí tienen los buenos. Oskar Matzerath pareciera desmentir esto. Buenos y malvados son igualmente complejos. Volvemos a Jesús cuando sugiere que se deje crecer juntos al trigo y a la cizaña. Ni la cizaña se vuelve trigo con los años, ni el trigo cizaña. La naturaleza de ambas pareciera signada desde la semilla. La inmensa variedad de alternativas que puedan presentarse también quedan signadas por la naturaleza de uno y otro. El trigo podrá volverse en pan o no, pero la cizaña, no correrá nunca esa suerte.

Eli se enamoró de Oskar. Cualquier sentimiento parecido con el del amor, ya no es amor.

Eli se enamora y nuestro blondo Oskar también cae presa a su llamado. Ya la veremos a “Eli Mujer Furia” como hace pasar a mejor vida al puñado de muchachitos vándalos que tanto lastimaban a Oskar. Ya veremos a Oskar llevar hasta el suspiro final a un vecino entrometido que podría arruinar el secreto idilio de nuestra pareja de preadolescentes.

El odio en los niños y su consiguiente deseo de venganza no debe de extrañarnos (“recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte” nos ordena don Jorge Manrique). Cuando ese odio se adueñe de las emociones y de las acciones, lo demás... será solo cuestión de recorrido.

Saludo y genuflexión
La vida en todo caso, es el escenario en donde se puede ser egoísta de a dos; o generoso a manos abiertas. Y si no optamos por una de estas dos alternativas, quizás la propia fuerza de las cosas sea la que decida por nosotros, solo que después no podremos hacer más que llorar sobre una vida que lejos de vivirla... nos arrastra, o algo peor, “vivir” dedicando una vida entera a encontrar culpables –aún odiando sinceramente- y buscando una justicia que ningún dios conocido nos haya prometido alguna vez jamás en nuestra estadía terrenal... cuando en realidad nada de lo que nos ocurre nos es ajeno.

Nada.

Oskar Matzerath, el hijo de Agnes, es un fiel ejemplo de esto que afirmamos.

Llegó incluso Oskar a amar alguna vez... y fue una enana, Roswitha, de un circo que actuaba exclusivamente para oficiales SS.

La muerte de Roswitha por acciones de la guerra no cambiaría demasiado la cosa, como tampoco la muerte prematura de su madre Agnes, padre Alfred y su tío Jan, todas propinadas y preparadas por él propio niño demonio. Oskar podía amar sin dejar de odiar nunca. El amor no lo redimía, apenas lo distraía.

Después de todo, de haber otra vida, Oskar bien podría quejarse de su suerte y todavía habría oídos atentos a escucharlo y a exculparlo.

No sabemos nada de nada. Ni de vampiros; ni de niños, ni de guerras. Quizás el odio, como aquel primer amor, sean algo indiscutido aunque resbaladizos como para llegar a comprenderlos. Tampoco sabemos que tan cierto sea esto. No queremos aprender nada que ya no sepamos, y encima, no sabemos nada.

A no asustarse ni indignarse entonces con Eli.

La única maldad conocida, la que hace mal, la que odiamos y nos enfervoriza, es la que en el fondo reconocemos como propia. Y quizás, si no matamos a nadie o si no lastimamos más de lo que lo hacemos –aunque a veces hagamos mucho daño aún sin percibirlo- se relacione más con nuestra cobardía sostenida y disfrazada por años de educación bien masticada que a una noción concreta de bien. Nuestra naturaleza “mixta” nos vuelve medianos... y acá si me cierra el planteo:

Los mixtos son (somos) parias.

Ni de Dios ni del Diablo. Este es un mundo con miles de millones de mixtos y un puñado de demonios y dioses. Aquí les presentamos una muestra de este puñado.

Fin de la danza. Las Parejas se separan. Ella sonríe y sale rauda a conversar con sus amigas. El se sonroja. El amor siempre encuentra un resquicio por donde colarse.

Patricio Flores

Un Servidor

A la Memoria de don Antonio Machado

miércoles, 20 de enero de 2010

La Caza del Hombre y Batman, el Caballero de la Noche

MAN HUNT (La Caza del Hombre-1941) de Fritz Lang
THE DARK KNIGHT (Batman, el Caballero de la Noche-2008) de Christopher Nolan



Quive-Smith (Sanders)
Cazando al führer
Thorndike (Walter Pidgeon) es un cazador deportivo de gran currículum. La cámara nos muestra sus huellas, en una zona boscosa y montañosa. Al fin lo vemos en persona, apuntando y gatillando cuando fija su mira telescópica en la figura de Adolf Hitler (Carl Ekberg), quien a 500 mts. está paseando por la terraza de su (queremos suponer) "wolfschanze". Por supuesto, con la recámara vacía, no pasa nada, pero cuando su rostro cambia de expresión y carga un cartucho, es sorprendido por un centinela que lo captura y lo lleva ante Quive-Smith (George Sanders), alto oficial de la Gestapo con extraño apellido no germánico. Thorndike explica que su propósito solo era el de demostrarse que podía disparar, pero no el de matar al führer. Quive-Smith, a pesar de ser él mismo un experto cazador, no cree una sola palabra y ordena torturarlo. Estamos en los días previos a la invasión de Polonia (mediados de 1939) y el horno no está para bollos. Cualquier incidente, por mínimo que sea, es materia prima para que los diplomáticos presenten quejas o denuncien maniobras sospechosas y todo puede ser utilizado como motivo para desatar una contienda. Fiel a su amor por el deporte, Quive-Smith suelta a Thorndike para proceder a su cacería, pero el protagonista escapa y, ayudado por un pequeño grumete (Roddy McDowall) logra escapar a Inglaterra, donde los agentes nazis (John Carradine y secuaces) no dejarán de seguirle el rastro. Oficialmente desaparecido, Thorndike se hace amigo de una prostituta (Joan Bennett) que le da asilo a cambio de dinero. Ahí es cuando se inicia el verdadero tema del filme, que consiste en el juego de gato y ratón en el que los nazis son decididamente malos pero no tontos.

Cazando al Guasón

Batman (Christian Bale) y
el Guasón (Heath Ledger)
Varios civiles improvisados se enfundan en trajes de murciélago para hacer justicia por mano propia y complicar las cosas al mundo del hampa. Sin embargo, el verdadero justiciero nocturno Batman (Christian Bale) se pone en alerta ante la aparición de un criminal fuera de serie que se hace llamar "el Guasón" (Heath Ledger). Pactando con los jefes mafiosos de turno, ofrece liquidar a Batman a cambio de una desorbitante suma de dinero. A medida que se lleva a cabo la investigación policial, encabezada por el teniente Gordon (Gary Oldman) y el fiscal Dent (Aaron Eckhart), Batman acomete proezas como la extradición ilegal de un empresario corrupto (Chin Han) o la desaforada persecución y captura del Guasón. Entre sus "experimentos sociales", el Guasón amenaza que, a no ser que Batman revele su identidad, personas del órden público comenzarán a morir; secuestra a Dent y a la joven Rachel Dawes (Maggie Gyllenhaal) y los oculta de tal manera que Batman solo pueda salvar a uno teniendo que sacrificar al otro; exige la muerte del gerente de las empresas Wayne (Morgan Freeman) para evitar volar un hospital público y sabotea dos ferries, uno lleno con reclusos, otro con civiles, cada uno de los cuales tiene dispositivos para hacer explotar al otro.

Enlace
¿Tendrá el maniqueísmo que políticos y líderes de masas utilizan en sus discursos algún basamento más tangible que lo ideológico? ¿Es siempre el "otro" el símbolo de todo lo dañino, lo indeseable, lo denigrante, lo indigno? ¿Es una lucha lo que separa ambos ying-yang o - nunca nadie lo aclaró explícitamente - una negociación?


Quive-Smith (Sanders) y Thorndike (Pidgeon),
frente a frente
Observemos estos casos, en primera línea tenemos a un "Otro Demonizado" por excelencia... ¿a ver? ¿Quién adivina? Thorndike es el famoso y típico inglés aristócrata de perfil alto y pretencioso, bueno, un tipo nada rescatable, especialmente para las naciones que han sido perjudicadas por la Corona Británica durante siglos. Aficionado a la caza, su propósito es acercarse lo suficiente a Hitler (cuya demonización hemos hablado en un díptico sobre DER UNTERGANG) como para dispararle. ¿Qué pasa cuando ese temerario inglés se encuentra frente a frente con uno de su misma audacia, Quive-Smith? El cazador se convierte en presa, y de eso trata el resto del magistral thriller propagandístico de Fritz Lang.

Estamos en el siglo XXI, y la asociación Bien y Mal juegan nuevas cartas. Esta vez tenemos al típico empresario que toma la ley en sus propias manos y se dedica a castigar a los que considera que rompen las reglas de la sociedad. Del mundo del crimen surge un visionario, perfectamente comparable al Quive-Smith del mundo de la guerra, un tal Guasón, que se dedica indiscriminadamente a poner en evidencia las injusticias sociales [1] exactamente igual que Batman, sólo que con un poco más de cinismo.


Thorndike, de cazador a presa
Con el esfuerzo argumental por redimirlos, el espectador termina por identificarse un poco más con Thorndike y Batman que con sus alter-ego Quive-Smith y Guasón. No son héroes de ética clara, inquebrantable, como la vieja escuela [2], sino seres lúdicos, de moral compleja [3] y de perpetua negación de los motivos del otro. El rechazo que nos provocan algunas determinaciones de los héroes va de la mano de la atracción de algunos postulados de los villanos y en su combinación tenemos las dos caras de una misma moneda que expusimos a través de estas dos películas dos.

Darío Lavia



Notas
1: Buen ejemplo es la famosa escena de los ferries. A los reclusos se les dice que la única posibilidad de supervivencia es hacer estallar el ferry de los civiles. Lo mismo se les dice a los civiles. ¿Qué hacer para salvarse? La película nos demuestra la Humanidad en la forma de un reo gargantúa (el gigantesco Tom 'Tiny' Lister Jr.) que arroja el dispositivo por un ojo de buey para impedir que alguien lo accione. Estamos en una película, es cine fantástico... la realidad nos hubiera deparado resoluciones más egoístas y primitivas.
2: En el desenlace de MAN HUNT hay un memorable duelo verbal y filosófico entre Quive-Smith y Thorndike. Estando en un filme propagandístico no se puede esperar mucho, pero los puntos de vista de Quive-Smith son lo suficientemente válidos para que su razonamiento sea digno de vencer por Thorndike. Esto no es frecuente, lo usual en el cine de esa época es poner en boca de los nazis discursos de barricada y sus típicos panfletos falaces.
3: En una escena fundamental de DARK KNIGHT también tenemos una confrontación oral entre Batman y Guasón. Cada uno expone sus cartas en la mesa y fundamenta sus actos... y ninguno está muy lejos de tener la razón.

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