domingo, 30 de setiembre de 2007

El Nacimiento de una Nación y Espartaco

THE BIRTH OF A NATION (El Nacimiento de una Nación-1915) de D.W. Griffith
SPARTACUS (Espartaco-1960) de Stanley Kubrick

Bailando antes de la tempestad
Phil y Ted Stoneman (Elmer Clifton y Robert Harron) son dos jóvenes de Pennsylvania que visitan a sus amigos, los Cameron, en Piedmont, Carolina del Sur, donde son entretenidos por los esclavos negros de dicha plantación. Phil está enamorado de Margaret Cameron (Miriam Cooper), en tanto que a su hermano Ben (Henry B. Walthall) se le inflama el pecho con la hermana de Phil, Elsie Stoneman (Lillian Gish), a quien solo ha visto en una fotografía. Pero es una mala época para enamorarse. El Dr. Cameron (Spottiswoode Aitken) lee las últimas noticias sobre el ultimátum separatista del Sur. Cuando estalla la guerra, los Stoneman se marchan para enrolarse en las tropas de la Unión en tanto que los Cameron se alistan en el Ejército Confederado.

Gus (Walter Long) es atrapado por elementos del KlanGuerra de devastación
La guerra es atroz. Dos de los Cameron mueren en combate en tanto que Ben cae herido y es tomado como prisionero por Phil Stoneman, cuya recuperación encomienda a Elsie. Llega a su fin la conflagración y el congresista Austin Stoneman (Ralph Lewis), padre de Phil y Elsie, boga por un castigo ejemplar a los vencidos. El presidente Abraham Lincoln (Joseph Henaberry), que rechaza la idea de venganza, cae asesinado poco después por John Wilkes Booth (Raoul Walsh). Stoneman envía al mulato Silas Lynch (George Siegmann) para ponerse al frente de la reconstrucción de la devastada Piedmont, y esto provoca el alejamiento de los antiguos enamorados: Ben de Elsie y Phil de Margaret. Justamente, es Ben uno de los fundadores del Ku Klux Klan, cuya primera acción es la persecución y ejecución del negro Gus (Walter Long), acusado de violar a Flora Cameron (Mae Marsh) - quien posteriormente se suicidara por el trauma.

El Klan gana
Lynch apresa al Dr. Cameron por conspiración a favor del Klan, pero es rescatado por dos sirvientes, Phil y Margaret, y huye a una cabaña aislada en el monte. En tanto un exaltado Lynch persigue a Elsie con deseos non sanctos, los jinetes del Klan al mando de Ben atacan y derrotan a las tropas negras estacionadas en Piedmont, acudiendo al rescate de Elsie, atrincherada con los demás en la cabaña. El final es con el ingreso triunfal del Klan en Piedmont.

Luchando antes de la tempestad
Ahora retrocedemos nada más que veinte centurias, y cruzamos el charco Atlántico, cayendo en el último siglo de la República de Roma, en la que los Patricios es decir, los ciudadanos, se divierten a costa de miles de esclavos (normalmente soldados enemigos capturados) que realizan el trabajo pesado y luchan a muerte en el Circo. Uno de estos esclavos, que trabaja en las minas de Libia, se llama Espartaco (Kirk Douglas) y es continuamente azotado por replicar verbalmente y demostrar su ingenio. Batiato (Peter Ustinov), un mercader que compra esclavos para convertirlos en gladiadores, adquiere a Espartaco y varios de sus colegas para su campo de entrenamiento en Capua. Esta nueva instancia prueba ser igual o más deshumanizante que el trabajo de las minas, ya que bajo las directivas del entrenador Marcellus (Charles McGraw), se les enseña los trucos del arte del combate cuerpo a cuerpo. Al principio, Espartaco intenta amigarse con Draba (Woody Strode), un esclavo etíope, pero nadie quiere tener por amigo a alguien a quien, eventualmente, tendrá que dar muerte. En Capua, Espartaco conoce y se enamora de Varinia (Jean Simmons), una esclava. Un día llega a Capua un patricio llamado Craso (Charles Laughton), junto con su esposa Helena (Nina Foch), cuñada Claudia (Joanna Barnes) y el prometido de ésta, Marco Glabro (John Dall). Para celebrar el encuentro, Craso insiste en que se realice un combate, a pesar de la disconformidad de Batiato, que no quiere forzar a los gladiadores a luchar a muerte en el campo de entrenamiento.

Guerra a muerte
Por supuesto, Espartaco y Draba son elegidos para luchar y éste último triunfa. Pero rehusa a dar muerte a su colega, prefiriendo atacar a Craso, por lo que es muerto de inmediato por un guardia. Cuando Espartaco se entera que Craso ha adquirido a Varinia, se decide a rebelarse y ataca a Marcellus, lo que provoca sentimientos de rebelión en el resto de los esclavos, que logran escapar y marchan a través de la campiña, atacando a los hacendados y liberando a otros esclavos, que automáticamente se incorporan a la fuerza. La noticia de la rebelión de los esclavos llega a Roma, causando furia en el Senado, donde Craso tiene un férreo rival en la figura de Graco (Laurence Olivier), que desafía a Glabro (jefe militar de la guarnición de Roma) a salir a hacer frente a los rebeldes. Mientras Craso se dedica a admirar a su nuevo esclavo, Antonino (Tony Curtis), Graco conspira con Batiato y culpa a Craso por la rebelión de los esclavos. Poco después, el ejército de Espartaco acampa cerca del Vesubio, donde llega un Antonino prófugo que de inmediato se incorpora a la armada. Luego de pactar con Tígranes (Herbert Lom), jefe de los piratas sálicos, Espartaco confía en conseguir una victoria debido a que sus tropas, a diferencia de los romanos, está compuesta de gladiadores entrenados para matar o morir y no tienen miedo a la muerte. En la primer batalla, Glabro subestima el poder de los rebeldes, y es derrotado, capturado, y enviado al Senado con una advertencia.

Espartaco (Kirk Douglas) se apresta a la batallaRoma gana
En Roma, Graco convence al Senado de nombrar a Julio César (John Gavin) como comandante de la guarnición y enviar dos legiones para destruir a los esclavos. Graco confiesa a César que el pacto entre los piratas y Espartaco fue una estratagema suya para debilitar el poder de Craso. Sabiendo que el camino hacia Roma le puede significar la muerte y la posibilidad de que no pueda llegar a ver al hijo que Varinia lleva en su vientre, Espartaco prefiere prestar batalla, siendo derrotado por las tropas de elite de Craso. Es el final, y Craso anuncia que todos los sobrevivientes serán crucificados a no ser que identifiquen a Espartaco. El primero en dar un paso al frente es Antonino que dice "yo soy Espartaco". Uno a uno, todos los esclavos siguen su ejemplo, prefiriendo morir que traicionar al hombre que, por una temporada, los convirtió en hombres libres. Enfurecido, Craso ordena que sean crucificados a lo largo de un largo camino. Reconoce a Varinia y la envía a su villa; más tarde también captura a Espartaco y Antonino, obligándolos a luchar entre sí, y siendo el ganador crucificado. Ambos luchan vigorosamente para evitarle al otro una muerte más dolorosa, y Antonino muere diciendo a su matador que lo quiso "como un padre". Espartaco afirma que "volverá y será millones" y es crucificado, no sin escupirle la cara a Craso. Por su parte, Batiato lleva a Varinia y a su bebé a Graco que, en orden de perjudicar a Craso, les facilita papeles falsos que le confieren la libertad. En sus últimos momentos de vida, Espartaco ve a Varinia y a su hijo, y ella afirma que le dirá al niño quien fue su padre y lo que significó en la Historia.

Laurence Olivier, Peter Ustinov, Nina Foch y Jean SimmonsEnlace
Mucho se ha escrito sobre El Nacimiento de una Nación y su significancia en el desarrollo del Cine como Arte y su carácter retrógrado en cuestiones éticas. También ríos de tinta y papel se han derramado en torno a la película de Kubrick, y sobre el significado de haber hecho figurar en los créditos a Dalton Trumbo, un guionista perteneciente al grupo de los "proscriptos de Hollywood", que se negó a declarar sobre sus presuntas actividades comunistas durante la época MacCarthysta. Hoy, sin embargo, tenemos estas dos películas unidas por un nexo común que, intentaremos demostrar, consiste en una maravillosa ambigüedad cuya identificación depende del lado del mostrador en que se pare el observador.

Amos y esclavos
Los Estados Unidos y Roma fueron democracias que aceptaron y convivieron con el concepto de "esclavitud" durante lapsos tan dilatados de años que difícilmente podamos considerar como "gradual nivelación de las clases sociales" o "paulatina extensión de los Derechos Humanos para todos". No señor. Durante siglos la República, el Consulado y el Imperio Romano tuvieron una auténtica clase de descastados denominada "esclavos", cuyo protagonismo en el funcionamiento de la sociedad era tan importante como el "esclavo negro" en los Estados Unidos durante más de la mitad del Siglo XIX. El enfoque de El Nacimiento..., que no por ello deja de ser menos auténtico, es el de demonizar al negro, erigiendo al Klan en defensor de la raza blanca sobre el barbarismo (con lo que, además de justificar la esclavitud, se deja sentado un interesante planteo en el Conflicto Norte-Sur). En Espartaco, siendo el protagonista un tracio y habiendo entre sus colegas algunos libios o etíopes, también tenemos el elemento racial como factor de esclavitud (aunque en plano secundario). Esta vez, el enfoque está planteado del lado opuesto, del lado del esclavo, y ofrece una mirada descarnada que hace parecer las plantaciones de Carolina del Sur un paraje bucólico. Los ciudadanos romanos abusan de sus esclavos hasta niveles denigrantes, que fuerzan una sublevación general (dicha sublevación es mostrada también en El Nacimiento... aunque desprovista del tono romántico de Espartaco).

Se impone el status quo
El resultado es exactamente igual en ambas películas, con las legiones romanas crucificando esclavos y las legiones del Klan desbandando a las tropas de negros. El punto no es, por ende, descalificar éticamente a una película y no a la otra, sino elogiar el grado de avance del Ser Humano y de la Civilización que permite la creación de ficciones donde se reflejan situaciones que atañen directamente a sentimientos e inquietudes profundas, que tienen que ver con la segregación, con la aspiración de libertad y con la aspiración por evolución personal (y de aplacar la del prójimo), siendo estas situaciones altamente corrosivas para quienes están del otro lado del planteo. La Historia nos probó que ambos episodios históricos tuvieron equivalente evolución posterior: La sublevación de Espartaco aplacada y sus huestes crucificadas; los negros del Sur de los Estados Unidos, "libres" nominalmente pero segregados en la práctica y viviendo al margen del blanco durante muchas décadas más. Y enlazadas ambas obras magnas del Séptimo Arte, concluyamos con una frase de Stanley Kubrick: "No deja uno de preocuparse del ser humano por reconocer sus flaquezas, absurdos y falsedades esenciales. Para mí, la única verdadera inmoralidad es aquella que pone en peligro la supervivencia de la especie, y el único mal absoluto el que amenaza con aniquilarla."

Telón

Darío Lavia

domingo, 16 de setiembre de 2007

Mala Mujer y Donde Mueren las Palabras

SCARLET STREET (Mala Mujer-1945) de Fritz Lang


Historia de un pintor

No parece haber evidencias de que el director Fritz Lang tuviera mayores indicios sobre la cultura del tango. Sin embargo, su filme SCARLET STREET, conocido en Argentina como Mala Mujer y en España bajo el más revelador de Perversidad, posee una sumatoria de lugares comunes que letristas como Vaccarezza y Diez (como veremos en breve) inmortalizaron. La trama de la película se inicia con un maduro empleado de una financiera llamado Christopher Cross (Edward G. Robinson) que inicia su vía crucis la noche que asiste a una cena y es agasajado por su jefe (Russell Hicks) con un reloj de cadena. Al salir se encuentra con la Mala Mujer del título (Joan Bennett) a la que salva de un bellaco (Dan Duryea) que en verdad es su propio cafiolo. Por supuesto, Cross queda prendado de la joven y ese será el inicio de una trágica relación que incluirá todo tipo de vejámenes para nuestro enamoradizo protagonista.

Luego de darle ingentes sumas de dinero, le alquila un apartamento para utilizar como estudio de pintura (Cross es un pintor dominguero); más tarde consiente que ella le venda sus cuadros afirmando ser la autora; hasta que finalmente se topa cara a cara con la realidad cruel y enfermiza, reaccionando como haría Edmundo Rivero...

(...)
Y luego, besuqueándole la frente,
con gran tranquilidad, amablemente,
le fajó treinta y cuatro puñaladas.
(Amablemente, Edmundo Rivero e Iván Diez)

Pero claro, la película no concluye ahí sino que sigue el itinerario del protagonista, el proceso judicial por asesinato y el ajusticiamiento del cafiolo (con una increíble sumatoria de pruebas que lo condenan). Como diría Vaccarezza...

(...)
¿Qué te importa si la paica
del bulín se te fugó
y te traicionó el amigo
y la timba te secó?
Si el destino, que es criollazo,
justiciero y vengador,
ya ha de darlos contra el suelo
a la ingrata y al traidor...
(...)
(Otario que andás penando, Alberto Vaccarezza)

Y tal como reza el tango, Cross se pierde en el horizonte de pavimento, convertido en un homeless y penando por siempre el remordimiento de haber dado muerte a dos personas. Telón.

DONDE MUEREN LAS PALABRAS (1946) de Hugo Fregonese


Historia de un pianista

Un anciano ácido (un Enrique Muiño caracterizado como Rotwang, aquel inventor de Metrópolis de Fritz Lang) es un mero ejecutante de timbal en el teatro del pintoresco Carlo Carletti (Italo Bertini), donde se ofrecen obras interpretadas por una espectacular compañía de títeres. El creador de los títeres (Héctor Méndez) pretende utilizar su rostro para esculpir un nuevo personaje, pero el viejo se niega rotundamente, alegando que es un criminal y que no desea que miles de personas vean su rostro. Peor cuando el artista le pregunta si puede copiar el rostro angelical de una joven cuya fotografía el anciano oculta en un cofre... ¿Qué mejor que ilustrar este segundo tango-filme con letras de Homero Manzi, co-autor del guión de la película, junto a Ulises Petit de Murat?

(...)
Yo te quise esconder en el cofre de un vaso y cuidarte.
Pero has muerto y entonces te hice mi afán.
(La Mariposa y la Flor, Homero Manzi)

Reducido a sereno nocturno, permite el ingreso de un joven aspirante a pianista (Darío Garzay) para que practique bajo su tutela. Nace una relación paternal y el anciano explica no solo la técnica sino la filosofía del arte y de la vida, hasta que se revela la verdad: el viejo fue un famoso compositor y director de orquesta que arregló la 7ma. Sinfonía de Beethoven para un ballet que sería protagonizado por su debilitada hija (Linda Lorena), de cuya posterior muerte en escena, se culpa.

(...)
Y gritaré para vivir...
como si huyera del recuerdo
en arrepentimiento
para poder morir.
(Después, de Homero Manzi)

Cuando Garzay descubre esta historia, ya es tarde, y el anciano yace muerto junto a la muñeca que representa a su hija. Segundo telón y pasamos al enlace.


Enlace

Enlazar las películas no resultaría sencillo si no fuera por el sentido "tanguero" que predomina en la construcción de ambas tramas. Tenemos a un Edward G. Robinson y a un Enrique Muiño similares en cuanto al descenso progresivo de vida, tanto laboral como espiritual. Robinson, bajo la figura del "otario" engatuzado por la típica "mala mujer", llega al crimen pasional bajo una combinación aleatoria de circunstancias negativas que solo podrían tener lógica en el contexto de un tango. Entretanto, Muiño, que vive tratando de olvidar su trágico pasado (el cual le sale al encuentro casi en todo momento), llega a la auto-destrucción de manera igualmente aleatoria. La vida parecería ser una combinación de momentos buenos y amargos. Pero para la construcción de un buen tango es indispensable la sumatoria de estos últimos, los cuales abundan en ambas películas. Y tanto los personajes de Robinson como Muiño podrían verse identificados con el siguiente verso.

¡Ya no estás!
Y el recuerdo es un espejo
que refleja desde lejos
tu tristeza y mi maldad.
(Fruta amarga, de Homero Manzi)

Darío Lavia

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