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martes, 6 de noviembre de 2012

El Gran Dictador y El Dictador

THE GREAT DICTATOR (El Gran Dictador-1940) de Charles Chaplin

¿Qué es El Gran Dictador sino una Gran Excusa? Un esquema narrativo estilo "Príncipe y Mendigo" o "Prisionero de Zenda" sirve como marco para algunas deliciosas pantomimas de Chaplin, en su tradicional personaje del vagabundo o bien como el grandilocuente dictador Hynkel de Tomania, desembocando en un discurso lleno de humanismo e irrealidad. Pero vamos por partes, joven lector/a, que esta noche tendremos un poco de todo.

El bigote totalitario

Al final de la Gran Guerra Europea, un despistado soldado (Charles Chaplin) salva la vida del piloto Schultz (Reginald Gardiner). Durante un peligroso vuelo sobre las líneas enemigas, el aeroplano debe efectuar un aterrizaje forzoso y nuestro protagonista queda amnésico. Luego de años internado, sale y regresa a la vida civil, reabriendo su antigua barbería en pleno ghetto judío. El dictador de Tomania, Adenoid Hynkel, ha aprobado una serie de medidas que perjudican a los judíos. En una de las redadas, el barbero es detenido por una patrulla comandada por el mismo piloto cuya vida salvara antaño. En honor a aquel gesto, el barrio comienza a gozar de un trato preferencial por parte de las fuerzas del orden.

En tanto, el dictador, cuyas fisonomía y facciones son similares a las del pobre barbero, pone en marcha sus planes de dominación mundial y para ello decide utilizar a los judíos como perfecto chivo expiatorio. Debido a su tolerancia racial, Schultz es arrestado y todos los habitantes del ghetto son paulatinamente deportados a campos de concentración. Mientras Hynkel está por entrevistarse con el dictador de Bacteria, Napaloni (Jack Oakie), y busca dar la más convincente impresión de poder, Schultz y el barbero tratan de escapar ataviados con uniformes militares. Los soldados los capturan pero, debido al notable parecido, confunden al barbero por Hynkel y lo conducen al podio donde debe hacer uso de la palabra frente a una congregación masiva del partido. Es la chance de arruinar todo o... apacigüar los ánimos y salvar su vida (y la de millones).

THE DICTATOR (El Dictador-2012) de Larry Charles

Bajando un par de escalones en valores cinematográficos tenemos El Dictador con el irreverente Sacha Baron Cohen. A pesar que a siete décadas de su estreno seguimos hablando de la obra de Chaplin, es difícil vislumbrar que se siga mencionando este otro felm mucho más de la siguiente temporada. Aún así nos aporta una actualización de las ideas y conceptos que El Gran Dictador nos pone en la pantalla de su época.

La barba democrática

A pesar de tener muy pocas luces, el dictador Aladeen (Sacha Baron Cohen) es el más notable personaje de la pequeña nación norafricana de Wadiya: es presidente, el más lúcido hombre de ciencia, mejor atleta, mejor amante, etc. Sin embargo todos estos méritos los consigue obviamente por amenazar las vidas de aquellos que lo contradigan o tengan la insensatez de superarlo. El régimen de terror que impone en la comarca está secretamente amenazado por una conspiración cuyo lider es su propio tío Tamir (Ben Kingsley). Un viaje a los Estados Unidos, donde Aladeen dirigirá la palabra ante unas Naciones Unidas preocupadas por los presuntos informes acerca de armas nucleares en Wadiya, brinda la posibilidad al tío de deshacerse de su inoperante sobrino. El agente asignado a su seguridad (John C. Reilly), pagado por Tamir, trata de liquidar a Aladeen pero luego de afeitar su tupida barba, perece en el intento.

Lampiño y sin su pintoresco uniforme, Aladeen se entera que el tío lo ha reemplazado con un sosías que anuncia en el discurso oficial la inminente llamada a elecciones y la creación de una república democrática en Wadiya. Encolerizado, Aladeen decide poner las cosas en su lugar, pero se termina involucrando con una joven activista (Anna Faris) que está a favor de todo lo que pueda denominarse "progresismo"; de hecho, dirige un pequeño supermercado de productos orgánicos en que la totalidad de los empleados son refugiados de todos los rincones del orbe. Como eventual aliado para obtener sus propósitos, Aladeen se reencuentra con su antiguo jefe del proyecto nuclear, el científico Nadal (Jason Mantzoukas), otrora enemigo mortal que ahora ofrece darle una mano a cambio de volver a estar a la cabeza de dicho proyecto.

A esto, súmele dos o tres secuencias realmente hilarantes y la constante bajada de línea hacia los vicios en que caen las democracias occidentales que, al tratar de parecer lo más inclusivas y abiertas posibles, se tornan en dictaduras de la mayoría. Un final a toda orquesta con discurso estilo El Gran Dictador y ciertos giros espectaculares no alcanza a tornar el entretenimiento pasatista en algo valioso.



Enlace

Difícil es ver estos felms sin que se nos disparen inquietudes o ideas. La simbología del poder, sea un bigotito bajo la nariz o una tupida barba (sin bigote); la visión, desde la cima, de los subordinados; la tendencia de ese poder a la hegemonía; la manipulación de la voluntad popular para justificar no solo el ascenso sino el permanente ejercicio del poder; la conceptualización de un enemigo, sea racial o ideológico, que conduzca a dividir aguas; los intereses que se mueven en las distintas capas del poder así como los que palpitan en los grupos que no están en el poder... desarrollemos una de varias ideas y pasemos al enlace. Muchas gracias, joven.

Se suele creer que la proliferación de las dictaduras se rebate con el fomento de la educación. Pero bien podemos observar que la educación es perfectamente manipulable y ningún gobierno se anima a destinar presupuesto para una actividad que estimule demasiado la corteza cerebral de sus ciudadanos. Como evidencia tenemos naciones bajo dictaduras cuyos pueblos gozan del 100% de alfabetismo pero que no pueden leer nada que se aleje de lo oficialmente impuesto o sacar provecho de sus saberes académicos. Entonces, tal vez, el factor de la aceptación popular de los dictadores y los mandatarios mesiánicos en lo educativo pase por la manera de desalentar o coartar las inquietudes en los ciudadanos: vean sino la candidez infantil con que abrazan un discurso y rechazan el ajeno, la permeabilidad hacia el panfleto propagandístico y la imposibilidad de leer entre líneas o sacar otras conclusiones que no sean ajenas.

El dictador es un maestro del mensaje. No deja detalles al azar debido a que posee un avanzado conocimiento de la psicología de los potenciales receptores del mensaje. Por lo tanto es perfectamente natural que el climax de ambos felms se plasme a través de discursos. En tal sentido, Hynkel y Aladeen nos dan sus cátedras magistrales como un pintoresco juego de espejos: es el barbero judío que declara principios humanísticos asumiendo la impostura del dictador y es el propio dictador africano que, desplazando al impostor, reconoce que el abanico benéfico de la Democracia genera mayor bienestar general. Ninguno de los dos se baja del poder, pero darse cuenta que otorgar concesiones y derechos es más satisfactorio que mantener un poder imbatible y absoluto es ya todo un progreso.

Claro, esto es cine. En la vida real la cosa cambia. Con la afinidad de los mandatarios democráticos a promover sus reelecciones, imagínese qué tan poco dispuestos estarán los dictadores a ceder siquiera un ápice del poder que tanto desgaste, sacrificio, manipulación y traición les costó poseer.

Darío Lavia

El discurso final

Decíamos, así como el dictador arenga a sus huestes para la guerra y el odio, también podría hacerlo para la tolerancia y la armonía. Imagínese uno que comunique semejante mensaje a sus ciudadanos:



Una perlita arqueológica de difícil visionado

THE DICTATOR (1922) de James Cruze: Comedia con toques revolucionarios, con el playboy Brooke Travers (Wallace Reid), "mejor versado en flappers que en frutas", hijo de un millonario que, para huir de un taxista (Walter Long) que lo persigue para que le abone lo adeudado, aborda un vapor rumbo al pequeño país sudamericano de San Mañana, controlado por el dictatorial general Campos (Kalla Pasha). En destino se involucra con un movimiento revolucionario, enamorándose de Juanita (Lila Lee), hija de Carlos Rivas (Theodore Kosloff), líder exiliado "por razones político-bananeras" y, a fin de cuentas, enemigo del millonario padre de Brooks, el "rey de las bananas" (Fred Butler). A pesar que los voraces intereses empresarios paternos serán perjudicados, Brooke se pone del lado de la revolución y ayuda a que el movimiento triunfe, derrotando a Campos, obteniendo el amor de Juanita y, finalmente, el respeto de su padre. Esta versión de la antigua comedia "The Dictator; a Farce in Three Acts" (New York, 1904) de Richard Harding Davis, que ya había sido llevada a la pantalla en 1915 con el galán John Barrymore, no pareció haberse estrenado en Sudamérica tal vez por el típico descontento que solían generar las caricaturescas visiones hollywoodenses de los países al sur del Río Grande.

Como aporte a esta columna observemos que, después de aguantar tantos dictadores, los pueblos parecen haber heredado una tendencia que hicieron gala aquellos líderes que tanto amaron al llevarlos al poder y tanto odiaron al derrocarlos: ¡cero autocrítica! Una comedia norteamericana de la época silente que parodia los diversos intereses en juego en los países latinoamericanos: la libre empresa internacional, el populismo conveniente del dictador, el idealismo del revolucionario (que al subir al poder terminará pactando con las mismas corporaciones o sus competidoras) y en el medio, o mejor dicho, abajo, el pueblo que no alcanza a percibir sino un eco de ese drama titánico. A pesar de una visión inexacta y pintoresca de los países latinoamericanos retratados, eso no debería invalidar la crítica. Pero bueno... así estamos, joven.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Ocho a la Deriva y Ciudad de Vida y Muerte

LIFEBOAT (Ocho a la Deriva / Náufragos-1944) de Alfred Hitchcock
NANJING! NANJING! (Ciudad de Vida y Muerte-2009) de Lu Chuan

Aislados en alta mar



La cínica periodista Constante Porter (Tallulah Bankhead) es la única superviviente de un buque torpedeado por un submarino alemán. Sola y tranquila en el bote, observa la llegada a bordo de Kovac (John Hodiak), un operario de máquinas del carguero hundido. Poco después Kovac rescata y sube a bordo a Garrett (Hume Cronyn), operador del radio inglés. Luego van rescatando a la enfermera Alice Mackenzie (Mary Anderson), al marino herido Gus Smith (William Bendix) y al pasajero Rittenhouse (Henry Hull), viejo amigo de Constance. Un sobrecargo de color, Joe Spencer (Canada Lee), también alcanza el bote junto a la Sra. Higley (Heather Angel) y su bebé (que está muerto). El último náufrago llega al bote; es Willie (Walter Slezak), un alemán que no habla el idioma inglés, supuestamente un marino raso del submarino que, según la traducción de Constance, está apenado por el incidente. Tras algunos planteamientos, triunfa la moción del civilizado Rittenhouse de no abandonarlo en mar abierto y de mantenerlo como prisionero de guerra. Los supervivientes [1] quedan a la deriva en el bote salvavidas y, tras innumerables vicisitudes, se terminan salvando merced al ingenio y capacidad de Willie, que resulta ser nazi convencido al punto de animarse a tirar por la borda al malherido Gus, que complicaba la subsistencia del conjunto. A punto de ser rescatados, se arreglan para arrojar al alemán, quien antes se despacha con un discurso de descargo (el cual no alcanza para evitar su virtual ejecución).



Aislados en Nanking



Fines de 1937, Nanking, un episodio de la Guerra Chino Japonesa [2]. La acción de la película nos ubica en las afueras de la ciudad con el nerviosismo de los soldados japoneses en los momentos previos a ingresar a la semiderruida capital de la República China y en la triste deserción del comandante chino y la mayoría de las tropas. Sólo un grupo de soldados, mal armados y auxiliados por civiles y niños, se proponen resistir la entrada de las columnas del ejército nipón. Tras valeroso pero esteril combate, cientos de soldados son capturados y posteriormente fusilados. En ese momento, un pequeño grupo de extranjeros que se quedaron en Nanking organizan un comité, eligiendo al alemán John Rabe (John Paisley) como líder. Rabe, miembro del partido nacionalsocialista alemán, es quien logra hacer reconocer a los japoneses una "Zona de Seguridad" en un sector determinado de la ciudad que no será atacada con la condición que no albergue soldados chinos o integrantes de la resistencia. A partir de este momento se inicia la segunda fase del incidente conocido históricamente como "Masacre de Nanking", tras el fusilamiento de soldados y la matanza de civiles - fusilados, pasados por bayonetas, enterrados vivos, decapitados, etc.-, con la violación indiscriminada de cientos de mujeres chinas.

Enlace



Enlaces varios, contraenlace y conclusión. Dos tramas que ocurren en las bambalinas de la II Guerra Mundial. Dos films que fueron blanco de críticas destructivas pero cuyas virtudes sobresalen para aquellos espectadores que priman belleza cinematográfica sobre corrección política. Dos epopeyas de seres aislados, unos por la marea acuífera, otros por la marea nipona. Dos dramas de seres parecidos y opuestos obligados a convivir en un espacio reducido, sea éste un bote o un barrio de la semidestruída Nanking. Dos ejemplos de perjuicios que sufren los civiles a causa no ya de las acciones de los militares sino del monstruo de la guerra, ser deforme y aberrante para el que no existen tratados, convenciones ni humanidad posible. Eso posibilita la ejecución de un herido o la utilización de miles de mujeres para satisfacer los ánimos alzados de las fuerzas que sitian una ciudad.



Pero dejemos de lado tantas coincidencias y vamos por el contraenlace anunciado, que servirá de generosa conclusión. En el bote de los "Ocho a la Deriva", una minoría (el nazi) es finalmente sometida y ejecutada por la mayoría (democrática), a pesar que le deban la vida. Hitchcock y su guionista John Steinbeck preanunciaban sin saberlo las mejoras del mundo de la salud y la farmacéutica obtenidas por los nazis tras sus experimentos diabólicos o los avances de la cohetería y la aeronáutica que beneficiaron a Occidente y al Bloque Soviético tras las investigaciónes de los Von Braun y los sabios alemanes. Las democracias capitalistas y el comunismo tiraron por la borda al monstruo nazi y hoy es peor decirle "nazi" a alguien que acusarlo de comunista o capitalista, a pesar que el contubernio de jerarcas nazis que idearon el exterminio de judíos no tuvieron ni una gota de responsabilidad con las depuraciones raciales de los Balcanes, los pogroms rusos, las cacerías de negros en Estados Unidos, el genocidio de armenios, las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki o el hambruna provocada en docenas de países por el saqueamiento metódico de sus recursos.

En la Nanking sitiada se repite el concepto, y una mayoría japonesa liquida sistemáticamente a una reducida minoría china, desarmada, desahuciada. La óptica china, libre de la anteojera que tenemos los occidentales (aunque no tanto del que tendrán los ex comunistas), nos plantea una idea desafiante. Para ellos, el demonio que ingiere fetos crudos en bacanales orgiásticos no es nazi sino japonés. Y el nazi, como lo más cercano a un representante del Occidente medianamente civilizado, creador de convenciones de guerra y de paz, es el que salva vidas y ampara refugiados y no, precisamente, al estilo del Schindler Spielbergiano, que salvaba judíos del horno para tener mano de obra barata. ¿Es más monstruoso limpiar nuestras conciencias demonizando muertos del pasado? ¿Será nuestra hipocresía el único monstruo? ¿Quién o qué es el monstruo? ¿Es perjudicial humanizarlo [3]? Nada que nos permita despojarnos de un prejuicio podría serlo.

Darío Lavia

Dedicado a "Willie" y John Rabe



Notas al pie
1: Al igual que en ALIEN (Alien, el Octavo Pasajero-1979), hay ocho pasajeros-tripulantes y un infiltrado (si ud. cuenta al Johnsie, el minino de Ripley, ahí tiene los ocho pasajeros del "Nostromo").
2: En la actualidad se hablan de una Primera Guerra Sino Japonesa (1894-1895) y una segunda (1937-1945), que es la que se menciona en este film.
3: Que de eso es lo que se acusaba a un film que ofrecimos en díptico hace no tanto.


viernes, 30 de julio de 2010

El Aprendiz de Hechicero y La Infancia de Iván

CARODEJUV UCEN (El Aprendiz de Hechicero-1978) de Karel Zeman
IVANOVO DIETSTVO (La Infancia de Iván-1962) de Andrei Tarkovsky


El Aprendiz de Hechicero
Nuestra historia se remonta a los inicios del siglo XVIII durante la Gran Guerra del Norte, y nos presenta a Krabat, un huérfano de 14 años que se dedica a holgazanear y mendigar en los prados de Lusacia.

Una voz le llama en sueños a un molino en una villa de las cercanías. Allí irá Krabat, guiado todo el trayecto por un cuervo quien no era otro que un malvado Hechicero, quien le tomará inicialmente como mozo. ¡Cuanto tendrá que trabajar este pillastre! De todos modos, aunque el trabajo era extenuante, se aseguraba techo y comida en un invierno cruel, como suelen serlo por aquellos parajes.

Krabat no es el único que vive en el molino. Doce camas revelarán otras once presencias, quizás muchachos como él. Los doce conforman sin desearlo, una oscura hermandad de aprendices de mago del molinero. Sus inicios en la magia negra resultan pintorescos. Poco camino había recorrido y ya había desarrollado la habilidad de convertirse en cuervo. Con el tiempo, podrá asumir la representación del animal que más le plazca, o le convenga, según la circunstancia.

Una vez al año, el maligno molinero enviaba a sus doce discípulos por las villas aledañas a conseguir dineros, a través de trucos y engaños ingeniosos. Estas salidas le evitaban al astuto Amo el tener que comerciar con vendedores de granos o lidiar con compradores de harina, siendo el molino en realidad, una fachada.

La víspera de Año Nuevo, sucede que Tonda, el mejor amigo de Krabat, muere de un modo inesperado y misterioso. En una contienda de magia, se medirían Tonda y el Amo. Este último sería derrotado, pero resolvería su afrenta infligiéndole traicionera muerte al pobre muchacho. Pasarían los días y las semanas, y con ellas, la inexorable llegada del amor a la vida de Krabat: la Kantorka, una bellísima aldeana a quien "Krabat cuervo" encontrara en una de sus escasas salidas permitidas. Krabat no podrá manifestársele en su forma humana pero ya sabemos como el amor supera los obstáculos con sus particulares modos.

Para la noche del Año Viejo siguiente, será Michal, otro niño, quien morirá bajo circunstancias similares a las de Tonda. Así, Krabat se da cuenta que el molinero se deshace y mata a sus discípulos como parte de un pacto con el Padrino (el mismísimo Diablo) que le permitía conservar a perpetuidad sus poderes a cambio de un niño muerto en las vísperas de cada Año Nuevo.

Krabat desafiará al molinero a un duelo de magia del que saldrá vencedor. Se valdrá de sus conocimientos de magia, de sus experiencias, de su enojo con el Amo, y claro es, del amor de la Kantorka, inspiradora y generadora de todo esto. Nuestra historia se termina con el incendio del molino, del molinero y del Koraktor (el libro negro de hechicería) y con los doce huérfanos recuperando su añorada libertad.

La Infancia de Iván
Otro niño huérfano, Iván, vive y padece su infancia durante la Segunda Guerra Mundial. Con su familia muerta a manos de soldados alemanes, Iván alcanza a escapar hacia las líneas rusas, donde es adoptado por una unidad del Ejército Rojo. Poco tiempo pasaría para que Iván se convierta en un hábil explorador del ejército, tarea que realiza con arrojo y con soltura admirables. Varias veces se cruza tras líneas enemigas, volviendo con información calificada y con su orgullo bien alimentado por experiencias dignas de admiración.

Pero una de esas veces, sería la última. Iván, costilludo, decidido, se prepara como de costumbre, sin exhibir emoción alguna. Parte de madrugada en un pequeño bote reparado a las apuradas, atravesando los esteros de un río casi congelado, pero todavía navegable. Las bengalas surcan el cielo anticipando el inexorable y peligroso amanecer. Cuando Iván pise tierra firme será la última vez que lo veamos con vida.

Ya Iván ha muerto. Una mañana espléndida, en una playa cualquiera, Iván se reencontrará con su madre, con decenas de niños y con su hermanita. Están jugando a las escondidas. Los niños desaparecen, quedando solo nuestro héroe quien contaba con los ojos cerrados. Al encontrar a su hermana escondida tras unas matas, sale corriendo en busca de la meta, ahora libre.

Enlace
Krabat e Iván son exploradores en un contexto de guerra feroz. No lo dijimos antes, pero Krabat será sometido a una prueba truculenta por el Hechicero debiendo rescatar a un noble húngaro que había caído en manos del ejército turco. De esta prueba, Krabat terminaría por decidirse a desafiarlo en el duelo cuyo final es el que ya comentamos.

Ambos son huérfanos; ambas historias nos llegan de la parte más lejana de Europa. Pero no hay dos niños iguales, concepto aplicable también a los indios, los chinos, o las mujeres.

Uno los trata como niños. Después de todo son "los únicos privilegiados". Quizás esta frase la hayamos entendido mal después de todo, como tantas otras... Es cierto, no son adultos; no pueden procurarse para si mismos ni la contención ni los medios materiales de subsistencia (¿o sí?). En esto, los niños comparten el destino de millones de jóvenes, maduros y ancianos: la vida está siempre a disposición de quien quiera verla... y vivirla.

Cambian los tiempos, pero seguimos sin entender de qué se trata el asunto de los niños. Las vacunas, el alimento y el techo, todo pareciera poco pero no lo es. Podrán las circunstancias ser más o menos ventajosas, pero lo que no les puede faltar es su espacio; deben generárselo ellos mismos y debemos respetárselo. Si no puede ser en la casa, mejor; que sea en el parque, arriba de algún árbol bien alto o investigando en una casa abandonada o en un baldío. O mejor aún, el espacio sideral que espera ser surcado con una nave galáctica equipada con rayos gamma. Un niño que no tiene imaginación, que no trepa un buen árbol, que no se ha agarrado a tortazos, que nunca miente, que acepta todo lo que se le dice y lo que se le pide, es un niño infeliz. La guerra o la esclavitud, para el caso de Krabat e Iván, sirvieron de escenario donde dos muchachitos desarrollaron y aguzaron su ingenio, primero para sobrevivir, y luego para ser libres. Porque cuando uno es grande, no sabe bien que hacer con la libertad. Pero cuando uno es niño, no necesita leer ningún libro sobre el respecto.

Estas dos historias parecen fantasiosas. Niños envueltos en asuntos tan graves y que desarrollan sus propios caminos entre el laberinto enmarañado de incongruencias que puede presentar una guerra, nos dan una perspectiva saludable acerca de la verdadera naturaleza del propio niño para desarrollarse por si mismo. ¿Qué si precisa ayuda? ¿Y Ud. acaso no la precisa?. El niño, en tanto humano, siempre necesitará de ayuda sencilla, mínima e indispensable. Otra cosa es abortarle el crecimiento, volverlos tontitos maleables y, por supuesto, de poca o ninguna conflictividad.

Los doce años, un perfecto momento para arrancar la vida, ya sea para dilapidarla, para gastarla de a poco, para emprenderla a empellones, para pensarla, para sufrirla, para vivirla.

De ésto tratan estas dos perlas. Si Ud. ya pasó la niñez, haga el favor de no entorpecer a quienes la están pasando. Volar, sentir, correr hasta morirse, jugar, reír, mentir, hacer trampas, luchar... son todas cosas y aspectos que muestran un costado lúdico que el ser humano no comparte con ninguna otra especie animal.

¿O acaso la vida misma es otra cosa que un mero, difícil y hermoso juego?

Patricio Flores

miércoles, 20 de enero de 2010

La Caza del Hombre y Batman, el Caballero de la Noche

MAN HUNT (La Caza del Hombre-1941) de Fritz Lang
THE DARK KNIGHT (Batman, el Caballero de la Noche-2008) de Christopher Nolan



Quive-Smith (Sanders)
Cazando al führer
Thorndike (Walter Pidgeon) es un cazador deportivo de gran currículum. La cámara nos muestra sus huellas, en una zona boscosa y montañosa. Al fin lo vemos en persona, apuntando y gatillando cuando fija su mira telescópica en la figura de Adolf Hitler (Carl Ekberg), quien a 500 mts. está paseando por la terraza de su (queremos suponer) "wolfschanze". Por supuesto, con la recámara vacía, no pasa nada, pero cuando su rostro cambia de expresión y carga un cartucho, es sorprendido por un centinela que lo captura y lo lleva ante Quive-Smith (George Sanders), alto oficial de la Gestapo con extraño apellido no germánico. Thorndike explica que su propósito solo era el de demostrarse que podía disparar, pero no el de matar al führer. Quive-Smith, a pesar de ser él mismo un experto cazador, no cree una sola palabra y ordena torturarlo. Estamos en los días previos a la invasión de Polonia (mediados de 1939) y el horno no está para bollos. Cualquier incidente, por mínimo que sea, es materia prima para que los diplomáticos presenten quejas o denuncien maniobras sospechosas y todo puede ser utilizado como motivo para desatar una contienda. Fiel a su amor por el deporte, Quive-Smith suelta a Thorndike para proceder a su cacería, pero el protagonista escapa y, ayudado por un pequeño grumete (Roddy McDowall) logra escapar a Inglaterra, donde los agentes nazis (John Carradine y secuaces) no dejarán de seguirle el rastro. Oficialmente desaparecido, Thorndike se hace amigo de una prostituta (Joan Bennett) que le da asilo a cambio de dinero. Ahí es cuando se inicia el verdadero tema del filme, que consiste en el juego de gato y ratón en el que los nazis son decididamente malos pero no tontos.

Cazando al Guasón

Batman (Christian Bale) y
el Guasón (Heath Ledger)
Varios civiles improvisados se enfundan en trajes de murciélago para hacer justicia por mano propia y complicar las cosas al mundo del hampa. Sin embargo, el verdadero justiciero nocturno Batman (Christian Bale) se pone en alerta ante la aparición de un criminal fuera de serie que se hace llamar "el Guasón" (Heath Ledger). Pactando con los jefes mafiosos de turno, ofrece liquidar a Batman a cambio de una desorbitante suma de dinero. A medida que se lleva a cabo la investigación policial, encabezada por el teniente Gordon (Gary Oldman) y el fiscal Dent (Aaron Eckhart), Batman acomete proezas como la extradición ilegal de un empresario corrupto (Chin Han) o la desaforada persecución y captura del Guasón. Entre sus "experimentos sociales", el Guasón amenaza que, a no ser que Batman revele su identidad, personas del órden público comenzarán a morir; secuestra a Dent y a la joven Rachel Dawes (Maggie Gyllenhaal) y los oculta de tal manera que Batman solo pueda salvar a uno teniendo que sacrificar al otro; exige la muerte del gerente de las empresas Wayne (Morgan Freeman) para evitar volar un hospital público y sabotea dos ferries, uno lleno con reclusos, otro con civiles, cada uno de los cuales tiene dispositivos para hacer explotar al otro.

Enlace
¿Tendrá el maniqueísmo que políticos y líderes de masas utilizan en sus discursos algún basamento más tangible que lo ideológico? ¿Es siempre el "otro" el símbolo de todo lo dañino, lo indeseable, lo denigrante, lo indigno? ¿Es una lucha lo que separa ambos ying-yang o - nunca nadie lo aclaró explícitamente - una negociación?


Quive-Smith (Sanders) y Thorndike (Pidgeon),
frente a frente
Observemos estos casos, en primera línea tenemos a un "Otro Demonizado" por excelencia... ¿a ver? ¿Quién adivina? Thorndike es el famoso y típico inglés aristócrata de perfil alto y pretencioso, bueno, un tipo nada rescatable, especialmente para las naciones que han sido perjudicadas por la Corona Británica durante siglos. Aficionado a la caza, su propósito es acercarse lo suficiente a Hitler (cuya demonización hemos hablado en un díptico sobre DER UNTERGANG) como para dispararle. ¿Qué pasa cuando ese temerario inglés se encuentra frente a frente con uno de su misma audacia, Quive-Smith? El cazador se convierte en presa, y de eso trata el resto del magistral thriller propagandístico de Fritz Lang.

Estamos en el siglo XXI, y la asociación Bien y Mal juegan nuevas cartas. Esta vez tenemos al típico empresario que toma la ley en sus propias manos y se dedica a castigar a los que considera que rompen las reglas de la sociedad. Del mundo del crimen surge un visionario, perfectamente comparable al Quive-Smith del mundo de la guerra, un tal Guasón, que se dedica indiscriminadamente a poner en evidencia las injusticias sociales [1] exactamente igual que Batman, sólo que con un poco más de cinismo.


Thorndike, de cazador a presa
Con el esfuerzo argumental por redimirlos, el espectador termina por identificarse un poco más con Thorndike y Batman que con sus alter-ego Quive-Smith y Guasón. No son héroes de ética clara, inquebrantable, como la vieja escuela [2], sino seres lúdicos, de moral compleja [3] y de perpetua negación de los motivos del otro. El rechazo que nos provocan algunas determinaciones de los héroes va de la mano de la atracción de algunos postulados de los villanos y en su combinación tenemos las dos caras de una misma moneda que expusimos a través de estas dos películas dos.

Darío Lavia



Notas
1: Buen ejemplo es la famosa escena de los ferries. A los reclusos se les dice que la única posibilidad de supervivencia es hacer estallar el ferry de los civiles. Lo mismo se les dice a los civiles. ¿Qué hacer para salvarse? La película nos demuestra la Humanidad en la forma de un reo gargantúa (el gigantesco Tom 'Tiny' Lister Jr.) que arroja el dispositivo por un ojo de buey para impedir que alguien lo accione. Estamos en una película, es cine fantástico... la realidad nos hubiera deparado resoluciones más egoístas y primitivas.
2: En el desenlace de MAN HUNT hay un memorable duelo verbal y filosófico entre Quive-Smith y Thorndike. Estando en un filme propagandístico no se puede esperar mucho, pero los puntos de vista de Quive-Smith son lo suficientemente válidos para que su razonamiento sea digno de vencer por Thorndike. Esto no es frecuente, lo usual en el cine de esa época es poner en boca de los nazis discursos de barricada y sus típicos panfletos falaces.
3: En una escena fundamental de DARK KNIGHT también tenemos una confrontación oral entre Batman y Guasón. Cada uno expone sus cartas en la mesa y fundamenta sus actos... y ninguno está muy lejos de tener la razón.

jueves, 14 de mayo de 2009

La Caída y Frost/Nixon: La Entrevista del Escándalo

DER UNTERGANG (La Caída-2004) de Oliver Hirschbiegel
FROST/NIXON (Frost/Nixon: La Entrevista del Escándalo-2008) de Ron Howard

Un líder que cae
1945. Sitiado por las tropas rusas, moviendo en el mapa unidades militares que en la realidad no existen o bien están desbandadas, preocupado más por castigar a los traidores al régimen que por rechazar a los soviéticos y viendo el lado positivo de la destrucción masiva (que según él, implica la limpieza de la superficie para la pronta edificación de una nueva Berlín), este Hitler es, a todas luces, un ser humano. Un ser que sufre y hace sufrir, un ex cabo ascendido a líder de una Nación con la que aún tiene cuentas por saldar, un héroe wagneriano en el ocaso, que ha llevado sus ideas políticas al extremo de dejar de considerar como ser humano a todo aquel que no fuera de su raza superior. Pero Hitler (Bruno Ganz) no está solo en el infierno del búnker. Junto a él padecen sus jerarcas, con Joseph Goebbels (Ulrich Matthes) a la cabeza. El más temido de la camarilla, el ministro de propaganda, que se jacta de nunca haber desobedecido una orden del Führer, y que está signado a tomar junto con su esposa, una decisión límite para impedir que sus seis hijos vivan en una impensable Alemania sin nacionalsocialismo.

Uno que ya cayó
1977. El animador televisivo inglés David Frost (Michael Sheen) afronta el levantamiento de su programa y madura una idea suculenta: realizar una entrevista al ex presidente norteamericano Richard Nixon, actualmente retirado de la vida pública después del escándalo de Watergate. Comunicación va, comunicación viene, logra pactar con el representante de Nixon (Toby Jones) una serie de grabaciones televisivas mediante el pago de 600 mil dólares y la aprobación previa de los temas a tratar por parte del ex mandatario. Frost viaja a Estados Unidos junto a su productor (Matthew Macfadyen), donde comienza gestiones febriles para atraer a alguna cadena televisiva importante en la compra de los derechos de televisación y así recabar dinero para abonar su caché a Nixon. Mientras todas las gestiones fracasan dado que ninguna cadena se interesa por emitir una entrevista tan polémica realizada por un británico, Frost se contacta con dos periodistas investigadores (Sam Rockwell y Oliver Platt), a quienes le ofrece la redacción de las preguntas y la estrategia general de la entrevista. Llega el momento tan esperado y Frost acude a San Clemente, la residencia privada donde Nixon ha estado replegado durante los últimos tres años, rodeado de asesores obsecuentes. El ex presidente (un magistral Frank Langella) se presenta afable, bienhumorado, deseoso de colaborar... siempre y cuando se cumplan las condiciones previamente estipuladas. Tras semanas de tensa preparación, Frost/Nixon salen a la palestra y se inicia un combate dialéctico en que se miden no solo las fuerzas de ambos contendientes sino tendencias, ideas, propósitos. Unos pugnan por exponer a Nixon a la opinión pública y que haya algo parecido a un mea culpa. Otros prefieren arriesgar lo menos posible la dañada reputación del ex presidente o bien que la entrevista sea punto de partida para el paulatino regreso a la vida política.

Enlace
Hoy, en vez de optar por el camino usual de nuestra dialéctica, es decir, presentar un falso enlace o un vínculo aparente en primer lugar para luego cerrar con el enlace propiamente dicho, vamos a comenzar enlazando nuestras dos películas de la noche diciendo que ambas se enfocan en hombres aislados por el enemigo. En el caso del líder de Alemania, aún en funciones y confinado a su cancillería a raíz de una guerra y aguardando el gong del último round que está combatiendo, o el del ex presidente americano, desplazado de la Casa Blanca por un escandaloso ilícito y confinado a su residencia privada. Ambos hombres, rodeados de asesores y planificadores de estrategias, pretenden, a pesar de saber que ya todo está terminado, recuperar el terreno perdido y regresar a la cima del mundo... Hitler planifica reedificar Berlín, aunque para ello debería firmar algún tipo de armisticio con los Aliados (preferentemente por separado). Por su parte, Nixon cree que la entrevista le servirá para expiar sus culpas y estar en carrera para publicar algún libro o bien obtener alguna asesoría... quien sabe.


Ahora vamos al preliminar que, habiéndolo dejado para el final, creemos es una valiosa conclusión. Ambas películas, más allá de sus equivalencias o puntos opuestos, reflejan un intento sano, constructivo y ejemplar de desandar el camino de la "demonización" de la que han sido objeto ambos personajes. Ambos retratos, el de Bruno Ganz y el de Frank Langella, tienen tantas facetas y ofrecen tanta profundidad, que estamos en presencia no meramente ante un genocida nazi o un corrupto anticomunista sino ante seres humanos. Y este reconocimiento, esta "desdemonización", es la primer fase en el camino para percibir la dimensión histórica de estos personajes, no para justificarlos sino para comprenderlos en sus épocas y en contextos apropiados [1].

Darío Lavia

Dedicado a Bruno Ganz y Frank Langella



1: Ambas películas trajeron acarreadas consecuencias, cada una según la magnitud del personaje "desdemonizado". De La Caída se publicaron en todos los diarios del mundo repercusiones y polémicas, comenzando por la propia Alemania, que como era posible que "se humanizara así a un genocida". De Frost/Nixon, basta referir a la crítica publicada por Roger Ebert, que reflexiona: "cuanto más inteligente, reflexivo y, bueno, presidenciable, nos parece (Nixon) ahora, comparado con el ocupante de la Casa Blanca entre 2001 a 2009".

viernes, 6 de febrero de 2009

Becket y Valkiria

BECKET (Becket-1963) de Peter Glenville
VALKYRIE (Valkiria-2008) de Bryan Singer

Un atentado exitoso
Canterbury, 1170: El rey normando Enrique II (Peter O'Toole) se apresta a ser flagelado como penitencia por haber hecho ejecutar al Arzobispo de Inglaterra, ante cuyo mausoleo reflexiona como de ser su mejor amigo pasó a convertirse en su enemigo. Seguirá un flashback que abarca el resto de la película y que nos presenta al rey, joven, y a su mejor amigo, el sajón Thomas Becket (Richard Burton), con quien compartía aventuras picarescas tanto como decisiones de Estado. Ante la oposición de la Iglesia, liderada por el arzobispo (Felix Aylmer), el rey da una jugada maestra y nombra a su amigo como Canciller de Inglaterra (un sin precedentes en un reino manejado por normandos).


Richard Burton y Peter O'Toole
A medida que los personajes van desarrollándose, Enrique se revela como un eterno adolescente y Becket como una carismática voz de la razón. El momento de la verdad, llega cuando, tras una exitosa gestión de Becket, Enrique se hace con varias plazas fuertes en territorio francés. Ante la muerte del arzobispo, Enrique decide dar otro golpe de efecto y desoyendo el consejo de Becket, le nombra arzobispo de Canterbury. El punto más urticante de la confrontación es el reclamo de la Iglesia de inmunidad eclesiástica. Pero con Becket al frente, el reclamo no solo sigue en pie sino que hay alguna excomunión de por medio. Amenazado, Becket huye de Inglaterra y se asila en la corte de Luis VII de Francia (John Gielgud), llegando hasta Roma, donde es recibido por Su Santidad (Paolo Stoppa). Ahí Becket se da cuenta que tal vez ha sido, literalmente, "más papista que el Papa", así que regresa y se prepara para retomar su cargo con las trágicas consecuencias que la Historia atestigua.

Un atentado fracasado

Los conspiradores: Kevin McNally, Christian Berkel, Bill Nighy, Tom Cruise, Terence Stamp, David Schofield, Kenneth Branagh
África del Norte, durante la época en que comienza a irle mal al Afrikakorps. El capitán Von Stauffenberg (Tom Cruise) expresa en su diario aquellas motivaciones "profundas" que darán pie a todo aquello que veremos en la película. El Führer Adolf Hitler está llevando a su país al desastre, y Stauffenberg está en desacuerdo con tal curso. Hay un ataque aéreo de aviones ingleses y las consecuencias son terribles para el protagonista: Pierde el ojo, la mano derecha y tres dedos de la otra. Convertido en héroe de guerra y ascendido, su pública disconformidad hace que sea contactado por el general de división Tresckow (Kenneth Branagh), conspirador que ya había llevado a cabo varios intentos de atentado contra la vida de Hitler. Tresckow introduce a Stauffenberg en un nuevo ambiente, una camarilla de políticos y militares disidentes que debaten la manera más práctica de quitarse de encima a Hitler y tomar el poder, para salvar al país de la derrota final. Mientras algunos vislumbran la posibilidad de arrestarlo o llevarlo a juicio, otros (como Stauffenberg), directamente proponen asesinarlo. Su plan consiste en utilizar la llamada "Operación Walkiria", nombre clave que involucra la movilización del ejército de reserva en Berlín en caso de invasión o muerte del Führer.

Si se puede modificar el contenido formal de la operación para dejar fuera de combate a las poderosas SS, por supuesto luego de eliminar a Hitler y a su sucesor inmediato, Himmler, hay posibilidad de que la conspiración logre el éxito. Tras algunas idas y vueltas, Stauffenberg marcha a la famosa "Wolfchanze", cuartel general del Führer en Rastenburg, donde logra acceder a la sala donde Hitler y sus generales examinan la estrategia del día. Es el momento del famoso atentado del 20 de julio de 1944, que ha pasado a la historia como el más importante de todos aquellos realizados contra la figura del canciller alemán. Es tras este episodio que se inicia el plato fuerte de la película, consistente en las exasperantes horas que siguen al atentado, con un intento de golpe de estado llamado a fracasar desde sus primeros minutos hasta el ocaso con los arrestos y fusilamientos compulsivos que han pasado a la historia.

Enlace

Burton a punto de ser liquidado por Percy Herbert, Niall MacGinnis y Christopher Rhodes
¿Qué es lo que propicia el magnicidio? ¿Ansias de poder, traición, defensa propia? Para Enrique II de Inglaterra, la muerte del líder de la Iglesia Católica en Inglaterra es la última carta en un abierto desafío de poder. Es cierto que luego vendría la canonización de Beckett (1) y la flagelación de Enrique, pero eso fue cuestión de alta política. Para Stauffenberg y sus conjurados, la motivación pasa menos por las cuestiones éticas mencionadas en el diario del susodicho que por una situación particular de la estrategia del período 1943-44. En un momento, el general Olbritch (Bill Nighy) exclama: "Será más difícil negociar con los malditos aliados en Berlín". Hitler era de la idea de no ceder un ápice de terreno y de resistir en todos los frentes a como de lugar. En cambio, la camarilla de políticos y militares disidentes vislumbraban un horizonte de tregua con los aliados occidentales no-comunistas y una alianza contra la Unión Soviética (2).


Hitler (David Bamber)
Sin embargo, hay una cuestión visceral y más natural, más humana, que es la que enlaza ambas películas. Enrique II y sus caballeros nobles, los agresores, eran todos normandos, en tanto que Beckett era sajón. Stauffenberg, Tresckow, Beck y varios de los conjurados, los agresores, eran aristócratas y militares de carrera prusianos o alemanes. Hitler era un cabo austríaco (3). ¿Cuánto más sustentada resultan estas tentativas, especialmente poniéndose en época, cuando se dividen las aguas por las clases sociales de los agresores y agredidos?

Darío Lavia



Notas:
1- Es interesante notar el siguiente enlace inverso: Becket, asesinado, es canonizado. En tanto, Hitler, que se salva, será demonizado por la Historia.
2- Hasta 1941, la situación de la Unión Soviética era extrañísima, debido al acuerdo de No-Agresión la ligaba a la Alemania nazi.
3- En dípticos previos, hablamos sobre la película La Cruz de Hierro de Sam Peckinpah y La Gran Ilusión de Jean Renoir, en la que se plasman esta diferencia social entre militares aristócratas y burgueses en ámbitos castrenses.

sábado, 15 de noviembre de 2008

El Acorazado Potemkin y Katyn

BRONENOSETS POTYOMKIN (El Acorazado Potemkin-1925) de Sergei Eisenstein
KATYN (Katyn-2007) de Andrzej Wajda

Odesa, 1905
A bordo del Acorazado Potemkin hay innumerables infantes de marina recién llegados de la infausta guerra ruso-japonesa (1). Como si fuera una sanción por la derrota, los hombres son alimentados con carne agusanada y castigados con maltratos inhumanos. Entre los tripulantes se corre la voz de que los trabajadores están por rebelarse contra el poder del Zar. El horno no está para bollos, y al otro día los marinos observan la carne podrida que se les servirá. Como ironía final, un médico certifica que está en condiciones comestibles, lo que genera una pequeña rebelión, rápidamente atajada. Los oficiales a cargo ordenan la ejecución de los rebeldes. En el momento culminante, el marino Vakulinchuk (Aleksandr Antonov) cuestiona al pelotón de que lado está, del de los oficiales zaristas o del de sus propios camaradas. Es la gota que colma el vaso, y una batahola se desata en cubierta. Los insurrectos triunfan, pero Vakulinchuk es baleado por el capitán (Vladimir Barsky) y muere. Más tarde, frente al puerto, una multitud se congrega para saludar al barco y a sus tripulantes, rindiendo homenaje al marino muerto "por un plato de sopa", un mártir cuyo sacrificio sirve para encender la chispa de la sublevación entre los trabajadores.

Está todo listo para el gran espectáculo cinematográfico, el de la "escalinata de Odesa". Las tropas del Zar aparecen en lo alto de las escalinatas, fusiles en mano y dispuestas a avanzar para reprimir a sangre y fuego. Los civiles entran en pánico y una mujer es derribada por un disparo, cayendo su cochecito (con bebé incluído) escaleras abajo en una de las más memorables escenas de todo el Cine.

Katyn, 1940
El 17 de septiembre de 1939 las fuerzas del Ejército Rojo invaden Polonia. Han pasado poco más de dos semanas de que la Wehrmacht invadió y batió al ejército polaco y esta nueva invasión implica la anexión del territorio polaco, por partes iguales, a Alemania y la Unión Soviética. Ese día se inicia la narración de esta película que sigue la suerte de varias mujeres cuyos hermanos, maridos, suegros o novios, todos integrantes de las fuerzas armadas, son capturados por los invasores. En el caso de los oficiales polacos, son deportados a la Bielorrusia, donde son retenidos en un campo de prisioneros durante unos meses. Luego, de repente, las familias de los prisioneros no tienen más noticias de sus seres queridos. El tiempo pasa. En 1943 la prensa alemana difunde mundialmente la noticia de que en el bosque de Katyn se encuentran varias fosas comunes de donde se extraen los cuerpos (preservados por el frío) de miles y miles de oficiales polacos ejecutados por el Ejército Rojo durante abril de 1940 (2)

Indistintamente, sean responsables los nazis o los comunistas, se informa una lista de víctimas en la que no figura el nombre del Capt. Andrzej (Artur Zmijewski), marido de Anna (Maja Ostaszewska). Esto enciende una esperanza que más tarde es amputada por el regreso del Tte. Jerzy (Andrzej Chyra), ahora convertido en Mayor, quien informa a Anna que Andrzej ha muerto y que ha sido erróneamente identificado por un pullover que Jerzy le prestara durante el cautiverio. Con el final de la conflagración mundial, un gobierno comunista íntimamente alineado con el Kremlin se declara en Polonia, y se prohibe cualquier tipo de investigación o la sola mención del término "Katyn". ¿Cómo afrontan la masacre los familiares y algún que otro superviviente? Esto es lo que el insigne Andrzej Wajda trata de mostrar a través de la que podría considerarse la primera película inspirada en este hecho poco difundido de la II Guerra Mundial (3).

Enlace
Por supuesto, en este díptico volvemos a tocar un tema casi habitual en esta columna, pero enfocaremos de manera diferente, evitando reiterar conceptos o bien reutilizar caminos ya conocidos. Así que optaremos por la Propaganda como eje central del enlace. En el primer caso, Eisenstein omite informar que el motín del "Potyomkin" dejó un saldo de 7 oficiales zaristas muertos, que la represión zarista no se ejecutó sobre la extensa escalinata sino en las calles adyacentes de las mismas y que los cañonazos que el acorazado disparó sobre el área de la ciudad donde se encontraba la sede de las autoridades imperiales mataron a un civil. En nuestra segunda película de la noche, Wajda si bien cumple mostrando las penurias de los polacos bajo los nazis, los soviéticos y hasta los propios polacos adictos al gobierno comunista de Bierut, evita ofrecer ninguna bajada de línea para el gobierno polaco en el exilio del General Sikorski, que durante el período 1943-1945 renunció a recurrir a la Cruz Roja Internacional para investigar el crimen y reanudar las relaciones diplomáticas soviético-polacas (rotas brevemente tras el anuncio de Radio Berlín de 1943).

A veces observamos un hecho junto con sus circunstancias y construimos una interpretación en base a la interacción de dichas circunstancias. Cuando la intepretación se dedica a exponer todos aquellos hechos que la respalden y silenciar o tergiversar aquellos que pueden llegar a generar contradicciones o ambigüedades, en tanto enfocados a influenciar, estamos frente a un ejercicio propagandístico, a una versión propagandística del hecho. Es curioso como esta misma operación de interpretación es realizada por historiadores, cronistas, periodistas y todo tipo de autores que persiguen una tesis. Así que el punto para decidir si se trata de propaganda o no dependerá de lo que ud. o yo entendamos por "influenciar". Aquí es donde Eistenstein y Wajda, opuestos ideológicamente, optan por caminos similares, el uno en aras de influenciar, el otro en pos del alegato. Pero ambos tomando de hechos puntuales, de dos masacres - de rusos imperiales contra bolcheviques la una, de bolcheviques contra polacos la otra, ambas indefendibles desde cualquier plano, político o humano-aquellos fragmentos históricos que respaldan sus propias interpretaciones.

Darío Lavia

Dedicado a Nikolái Aleksándrovich Románov y a Iósif Visariónovich Dzhugashvili



1: Guerra que tuvo lugar entre 1904 y 1905, entre dos potencias imperiales y expansionistas. La victoria del Sol Naciente fue total.

2: Estrictamente hablando de las fosas de Katyn, se calculan unos 12 mil oficiales polacos (incluyendo desde generales hasta pilotos). Sumando víctimas ejecutadas de campos de prisioneros de guerra del área de Smolensko (no solamente los POWs polacos) y enterrados en Katyn o sus adyacencias, la cantidad asciende a 22 mil almas.

3: No solo los juicios de Nuremberg fueron incapaces de arrojar culpables de Katyn, sino que la matanza permaneció como un tabú de la Polonia comunista hasta 1989. Poco después el gobierno de Boris Yeltsin reconoció que Katyn fue perpetrada por orden firmada por José Stalin y envío al gobierno polaco de Walesa todos los documentos relacionados. Pero la polémica continúa en nuestros días, con la negativa de Moscú a reconocer Katyn como genocidio o siquiera crímen de guerra, prefiriendo adherirla como "crimen político" del diabólico Stalin.

domingo, 26 de octubre de 2008

La Edad de Oro y Salò, o los 120 Días de Sodoma

L'ÂGE D'OR (La Edad de Oro-1930) de Luis Buñuel
SALÒ O LE 120 GIORNATE DI SODOMA (Salò, o los 120 Días de Sodoma-1976) de Pier Paolo Pasolini

Gaston Modot en L'ÂGE D'ORLa Edad de Oro
Esta incalificable obra del cine surrealista de Luis Buñuel (1) y Salvador Dalí (co-guionista), carece de un argumento narrativo convencional y se dedica a poner en pantalla una serie de cuadros de mayor o menor grado de escándalo, pero de impacto aún vigente. Estamos en 1930 y a causa de su anticlericalismo, su teoría de la represión sexual y sus escenas chocantes, la película se prohibió terminantemente. Como escenas clave y su interpretación, hemos rescatado:
- un Jesucristo borracho y violador (odio hacia la Iglesia)
- los obispos transformados en esqueletos (el sin sentido de la curia)
- el protagonista (Gaston Modot) arroja a un obispo por la ventana (el odio a los clérigos)
- también defenestra una jirafa, y en otras escenas patea un perrito y pisa a un escarabajo (el mensaje antiecologista)
- cuando vapulea a un indefenso ciego (el no respeto hacia los discapacitados)
- y cuando abofetea a la madre de su amante (la rebelión hacia los mayores)
En definitiva, los realizadores violan todo tipo de convenciones con esta película, llegando quizá a plantar la reflexión de que todo tipo de males, violaciones, crímenes, etc tienen su raíz en que el autor no se ha descargado sexualmente. Aunque esta conclusión puede llegar a no ser más o menos válida que otra opuesta, dado el carácter ambiguo de la trama.


Paolo Bonacelli, Aldo Valletti, Giorgio Cataldi y Umberto P. Quinavalle en SALÒ...Salò
Adaptación de una novela del Marqués de Sade ambientada en tiempos modernos. Durante el período conocido como La República de Saló (un gobierno al mando de Mussolini establecido en el norte de Italia durante 1944, cuando la II Guerra Mundial dividió a Italia en el Reino del Sur bajo el mando de Badoglio y esta República de Saló) un grupo de jerarcas fascistas selecciona a 18 jóvenes (9 chicas y 9 chicos) todos vírgenes, para conducir una suerte de experimento dirigido a confirmar la afirmación de que "todo lo excesivo es bueno". Se encierran en un recluída villa donde planean vivir de orgía en orgía. Los jóvenes comienzan a ser violados, degradados, torturados y sometidos a mil perversiones. La película está dividida en tres capítulos (2):
- El Círculo de la Obsesión: Muestra el primer escalafón en el descenso hacia la abyección de estos jerarcas, y es cuando se dedican a realizar todo tipo de actos sexuales, sin distinguir hombres o mujeres.
- El Círculo de la Mierda: Se comienzan a mezclar las fantasías eróticas con una escatológica costumbre de sentir excitación a través de la ingesta de excremento.
- El Círculo de la Sangre: Es el final, la última fase de degeneración, en que se compara la fascinación y placer de la víctima de un violador (que puede repetir su acto innumerables veces) y el de la víctima de un verdugo (que solo puede ser ejecutado una sola vez). Sin embargo, la muerte sería buena, porque libera a la víctima de sufrimiento. El placer es en cambio el de la tortura y la mutilación de las personas.

Jesús borracho en LA ÂGE D'OREnlace
Sobre el final de LA EDAD DE ORO, un Jesús lampiño se retira de un castillo en el que ha participado de una extendida y salvaje jarana. El "Salvador" tiene una expresión descompuesta en su rostro y expresa la más grande de las tristezas (aunque también su gesto podría indicar la repulsión después de tanto placer carnal). Por su parte, Pasolini planta su cámara en el interior del castillo, mostrando las innumerables iniquidades que los jerarcas perpetran contra sus jóvenes cautivos. La cámara de Buñuel nos llena de desasosiego mostrándonos la consecuencia de la orgía. Nuestra mente llena el hueco narrativo con todo tipo de atrocidades innenarrables y felizmente (para nuestra mente) innenarradas. Pero Pasolini se dedica íntegramente a describirnos con lujo de detalle esas atrocidades. Para la película de Buñuel, Jesús embriagado de placer saliendo del castillo es el punto culminante de su cruento ataque a la Iglesia. Pero para la de Pasolini, la metódica y reiterada orgía representa una parábola de las clases sociales y su interacción dentro de las sociedad fascista de la época (y también en la moderna democracia occidental).

Dos genios del cine
¿Qué pasa cuando el cine destroza los sistemas de "normalidad" que las personas tienen incorporados como integrantes de una sociedad? A pesar que día a día tratamos de alejarnos de la idea de dividir todo y todos los que nos rodean en buenos y malos, naturalmente tendemos a manejarnos por esa percepción. Lo que nos resulta negativo, es malo, y aquello que nos da la impresión de positivo, es bueno. ¿Qué nos asegura que lo que consideramos bueno realmente sea bueno, sea malo o no tenga ningún carácter particular y solo "sea"? El Marqués de Sade planteó implícitamente estas cuestiones en su momento y ambos filmes (que toman la novela en mayor o menor dimensión) indagan inhóspitos territorios en los que nadie se siente cómodo y cualquier intento de interpretación requiere un esfuerzo intelectivo importante. Mientras este esfuerzo se haga bajo la premisa de una apertura mental de la suficiente envergadura como evitar el facilismo de negar lo feo, lo malo, lo perverso, lo obceno, tendrá algún sentido realizarlo. En los difíciles años '20, Luis Buñuel (por entonces un joven surrealista), trabajó sobre estos conceptos en el que sería su primer largometraje. En los tremendos años '70, el maduro ateo, comunista y homosexual Pasolini se sirvió de los mismos elementos para la que sería su última película. Dos genios del cine y un mismo tema de polémica que, en tanto propicie la discusión sana, genera evolución y aprendizaje.

Darío Lavia

Dedicado a Luis Buñuel, Salvador Dalí, Pier Paolo Pasolini, Pupi Avati



1: Tras su cortometraje en común UN CHIEN ANDALOU (Un Perro Andaluz-1929), Buñuel y Dalí generaron todo un escándalo en su época. Para la época de filmación del largometraje, ambos creadores se habían distanciado (dicen que Buñuel tenía fobia a Gala, quien no podía separarse de Dalí).
2: Creemos que estas divisiones refuerzan la idea de "viaje dantesco" al Infierno, literalmente.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Prisioneros del Terror y Sabueso Verde

MINISTRY OF FEAR (Prisioneros del Terror-1944) de Fritz Lang
GUMSHOE (Sabueso Verde-1971) de Stephen Frears

MINISTERIO DEL MIEDO
Luego de estar confinado dos años en un asilo psiquiátrico por haber dado la eutanasia a su esposa, Stephen Neale (Ray Milland 1) es dado de alta y sale a una frenética y paranoica Inglaterra en plena II Guerra Mundial. Su primer viaje en tren le depara una extraña sorpresa, con la visita a una extraña feria de "Madres de Naciones Libres" en la que una adivina (Aminta Dyne) le lee la buenaventura y como premio se lleva un pastel. Stephen no lo sabe, pero se ha llevado un pastel muy "especial", pretendido por ciertas gentes indeseables. Al abordar su tren de regreso, un supuesto ciego (Eustace Wyatt) roba el pastel y dispara a Stephen, huyendo al tiempo que el tren aminora su velocidad debido a un ataque aéreo. Stephen sale en persecución de este presunto invidente, pero cae una bomba y evapora todo rastro, tanto del individuo como del pastel. Luego de esta extraña aventura, Stephen regresa a Londres y contrata a un detective privado (Erskine Sanford) para que investigue semejante caso. También acude a los organizadores de la mencionada feria de caridad, que resultan ser dos hermanos austríacos, Willi (Carl Esmond) y Carla (Marjorie Reynolds), con quien Stephen de inmediato congenia. Será la punta del iceberg de una atrayente encrucijada de espionaje, misterio y romance que ofrece como premisa básica la permanente duda o ambiguedad sobre el asunto.

DETECTIVE BARATO
Un buen día, Eddie Ginley (Albert Finney 2), presentador y animador de eventos de lotería y música, publica un aviso en el periódico ofreciéndose como detective privado. Eddie parece haberse leído las obras completas de Dashiell Hammett y Raymond Chandler y es un maestro honoris causa en el arte de la réplica cínica. Su sueño, tras la gran decepción de su vida, es ser el protagonista de una novela de misterio. De esta manera se le presenta su primer caso. Un desconocido contacta con él y le cita en un departamento. Al ingresar (ya que la puerta está abierta), un hombre obeso (George Silver) - siempre es indispensable en toda buena novela de detectives, le indica tomar un sobre e irse. En el interior hay una suma de dinero, una Smith & Weson de 5 balas y la fotografía de una joven (Carolyn Seymour) que resulta ser hija universitaria de un militar, la víctima que Eddie debe hacer desaparecer. Así nuestro protagonista se involucra con cuestiones de compleja resolución, relacionadas con la política sudafricana, el tráfico de armas y las drogas. Por si no lo aclaramos antes, Ginley vive en la Liverpool contemporánea y ennoblece tanto el pasado como desprecia el presente.

ENLACE
Con este, volvemos unir dípticos por similitudes marcadas en tramas. Ya que ambos filmes nos proponen a un protagonista con antecedentes mentales (en el caso de Milland, recién salido de un asilo; Finney, por su parte, tratándose infructuosamente con un psiquiatra) que llega a un lugar y momento equivocado siendo confundido por otra persona más (por Dan Duryea en la primera película y por Fulton Mackay en la segunda) y llevándose consigo un paquete destinado a otro (un pastel, un sobre con un arma y dinero). Ambos regresan en ferrovías (Finney en subterráneo) y emprenden la investigación de lo que ocurrido, Milland contratando al detective, y Finney por su propia cuenta. Ambos se topan con lazos fraternales equívocos, Milland con los hermanos austríacos, y Finney con su propio hermano. Y, por supuesto, la intriga será extranjera en cada caso (por parte de los nazis o bien de una facción de Sud África).

Pero más allá de estas coincidencias superficiales queremos hacer pie en el hecho de suplantar, sin quererlo, a un tercero desconocido. Esta situación se da, por ejemplo, en las entrevistas laborales en las que, siendo seleccionados, estamos capturando el puesto que pudo haber sido de otra persona con características necesariamente similares a las propias. Del mismo modo, el fracaso implica que una especie de sosías ha logrado el puesto para sí mismo. Por supuesto esta, digámosle, impostura de oficio, se da naturalmente en infinidad de aspectos de la vida urbana. De hecho, la sociedad nos requiere una alerta permanente en pos de ocupar esos protagonismos vacantes y de arrebatar (o arrancar) toda oportunidad a posibles competidores (y viceversa). Hasta que punto esta es un contraefecto de la vida civilizada, un precio que se tiene que pagar o bien, una faceta profundamente humana, será cuestión de otra elucubración, ya que debo publicar ahora mismo antes que algún otro lo haga por mi...

Darío Lavia

Dedicado a Patricio Flores



Ray Milland: Este actor ya ha sido eje de otro díptico, por su actuación como el Dr. James Xavier en X: THE MAN WITH THE X-RAY EYES (El Hombre con Vista de Rayos X-1963).
Albert Finney: Otro monstruo sagrado de la pantalla, que también nos diera sustento para mencionarlo en la imperecedera BEFORE THE DEVIL KNOWS YOU'RE DEAD (Antes que el Diablo Sepa que Estás Muerto-2007).

miércoles, 30 de abril de 2008

Doce del Patíbulo y El Libro Negro

THE DIRTY DOZEN (Doce del Patíbulo-1967) de Robert Aldrich
ZWARTBOEK (El Libro Negro-2006) de Paul Verhoeven

Misión peligrosa en Reims
Londres, 1944: El Mayor Reisman (Lee Marvin) es encargado por el Estado Mayor de entrenar a 12 convictos por delitos graves para cumplir una misión suicida en Reims, Bretaña. A través de la eliminación de los altos oficiales que se darán cita en un castillo, se espera desorganizar el mando alemán. Reisman recluta a sus doce reos y los entrena duramente a lo largo de varias semanas, en las que tiene tiempo de darse cuenta del carácter psicopático o bien llanamente idiota de varios elementos.

El grupo supera pruebas de fuego, como la intriga del Coronel Breed (Robert Ryan), que a toda costa intenta desentrañar la naturaleza de la misión secreta que lleva a cabo Reisman o un ejercicio de maniobras en el salen airosos del combate. Sin embargo, nada de eso es tan serio como la ejecución de la misión, que depara momentos tensionantes para todo el grupo. Para eso, Reisman y el ex convicto Wladislaw (Charles Bronson) se disfrazan de oficiales alemanes, ingresan en el castillo y cortan las comunicaciones. En tanto que el inestable Maggott (Telly Savalas) entra en crisis y comienza una balacera *. La misión concluye cuando, con todos los invitados y militares en el sótano, el castillo es demolido con explosivos, aunque solo Reisman y Wladislaw sobreviven.

Misión peligrosa en Amsterdam
Israel, años '60: Rachel (Carice Van Houten) es una maestra judía que recibe la visita de una mujer (Halina Reijn) a quien conoció durante la II Guerra Mundial. A partir de este encuentro, la protagonista recuerda su increíble odisea para sobrevivir en Holanda durante la Ocupación Nazi, a través de un flashback del que se compone casi toda la película. Primeramente asistimos a la muerte de la familia que ocultaba a Rachel, cuyo hogar es bombardeado por los alemanes. Más tarde, su auténtica familia es masacrada, hecho que fuerza su unión a la Resistencia, y su ingreso como amante y empleada administrativa del comandante Müntze(Sebastian Koch). Hay un golpe al cuartel alemán, pero fracasa debido a un traidor dentro del movimiento (Thom Hoffman).

A medida que Rachel va superando estos acontecimientos, toma real afecto por Müntze y cuando los Aliados liberan Holanda, ambos se refugian en un pantano. Pero claro, el militar alemán es capturado y rápidamente ajusticiado, en tanto que Rachel, a pesar de haber sido integrante de la Resistencia, es tratada como prostituta nazi y denigrada. Hasta que logra rehabilitarse exhibiendo el temible "libro negro" donde figuran los nombres de los auténticos traidores.

Enlace
Parece que estamos violando las reglas al alinear dos películas ambientadas en un idéntico momento histórico (segunda mitad de la II Guerra Mundial hasta su desenlace). Sin embargo los filmes, que pertenecen cinematografías, épocas y postulados narrativos diferentes, confluyen en un punto en común, interesante e inusual. Pero primero definamos conceptualmente a cada película.

DOCE... es, quitando los aspectos folletinescos, cómicos y aventureros, el derrotero de un grupo sucio con una misión de guerra sucia. Ok, el director Robert Aldrich facilita mucho la cuestión al público, mostrando al enemigo desde el punto de vista del agresor, o sea, como anónimos uniformes de las SS, meros blancos militares. Pero tampoco cae en el típico punto de vista del cine bélico propagandístico que tiende a demonizar al "otro". Por su parte, EL LIBRO... no deja de definir ninguno de sus personajes, pero trae la novedad de ofrecer miembros de la Resistencia no tan héroes y comandantes nazis no tan villanos.

El cine bélico suele recurrir a la épica para ensalzar los valores del soldado. La propaganda, destinada en tiempos de guerra a reforzar el frente interno, dota al relato cinematográfico del condimento ideológico destinado a dejar en claro que el bando enemigo es malo pero no solo por ser enemigo. En DOCE... el enemigo no está pintado con ningún trazo y los protagonistas poseen rasgos ambiguos. En EL LIBRO... el enemigo no es malo por sí mismo y los miembros de la Resistencia no son necesariamente buenos.

Algún comentarista podrá decir que el pacifismo es también una ideología. Y como tal está panfletariamente presente en ambas películas a través de la puesta en pantalla de una guerra totalmente desprovista de todo elemento romántico o épico. Pero tal vez esa ausencia de impostada grandilocuencia es la que les termina infiriendo a cada una de las películas un diferente carácter épico, tal vez aquel que poseen las proezas de la vida real.

Darío Lavia



* Frase célebre: "Coronel, son todas mujerzuelas".

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