martes, 15 de septiembre de 2009

Viaje al Congo y Disparando a Perros

VOYAGE AU CONGO (Viaje al Congo-1927) de Marc Allegret
BEYOND THE GATES (Disparando a Perros-2007) de Michael Caton-Jones

Danza y costumbres
Un escritor (André Gide) y un joven cineasta (Marc Allegret) viajan al África Ecuatorial Francesa con el objeto de realizar un documental que tenga un enfoque diferente al llamado cine de "travelogues" que fue moneda corriente durante el cine mudo y hasta entrados los años '30. Tras un largo viaje en vapor y algunos trayectos ferroviarios, no han pasado más de 5 minutos de metraje que se nos presentan en pantalla unas exuberantes negras con sus senos al aire. No sólo es la prueba de fuego para los degustadores del cine de "valijeros", sino el prólogo de lo que vendrá en el resto del metraje, primero con la visita a los Daptkas, una amistosa tribu que nos hace partícipe de sus pintorescas costumbres rítmicas. Luego que los exploradores remontan el río Bangui hasta el límite de la practicabilidad fluvial, inician una caminata que les permitirá tomar contacto con cinco interesantes tribus. Primero aparecen los Bayas, tribu primitiva de mujeres que cultivan la mandioca; la visita a los Saras nos ofrecen unas festividades multitudinarias con torneos de "cachascán" y otras atracciones además de mostrarnos detalladamente como es el cortejo y la petición de la mano de una doncella por parte de un mancebo. Antes de despedirnos de los Massas, una de las escenas más espectaculares de la película nos muestra como los nativos arrastran a un hipopótamo muerto a la orilla. La siguiente tribu es la de los Massas, agricultores y pastores, con sus extrañas viviendas y sus coloridos bailes; luego vienen los Mundangos, con danzas religiosas y simbólicas que requieren toda una comparsa para realizarse y finalmente los Foulbés, cuyas aldeas están divididas en sultanatos y son musulmanes. La despedida es rápida, pero antes de regresar a Europa, pasamos por una misión protestante en la que unas niñas (vestidas con atuendos occidentales) pasean durante el recreo. De esta manera, los realizadores consiguen ofrecer contrastes sociales y religiosos que chocan contra la identificación que alcanzamos tras más de una hora de estar entre nativos animistas.

Genocidio y masacre
Joe (Hugh Dancy), un joven profesor británico, trabaja en la Escuela Técnica Oficial de Kigali, Rwanda, establecimiento de enseñanza que también funciona como campo de deportes y como templo para que su director, el padre Christopher (John Hurt) oficie misa todos los días. Debido a la crisis social y política entre las dos clases sociales dominantes de bantúes (hutus y tutsis), una unidad de Cascos Azules de la ONU, bajo el mando del Capt. Delon (Dominique Horwitz), está estacionado en el lugar con la misión de observar la paz y el permiso para abrir fuego solamente en caso de ser atacados. Primero como rumores y un enrarecimiento del ambiente y haciéndose tangible poco a poco, se inicia la famosa masacre de tutsis a manos de los hutus. Tras conocerse la noticia que el avión del presidente del país ha sido derribado y el gobierno derrocado, un contingente de tutsis ingresa en la escuela como refugiados. Fuera de sus rejas, tierra de nadie, se opera una matanza metódica y sistemática, en la que los hutus, armados con lo que sea, atacan y asesinan a todo tutsi que atrapan. En las calles hay grupos paramilitares que, mientras se embriagan, detienen automóviles en busca de tutsis refugiados. Una pareja de reporteros gráficos de la BBC ingresa en la escuela. ¿Servirá ese testimonio audiovisual para concientizar a naciones civilizadas y que se autorice la intervención armada de las fuerzas de paz de la ONU?

Enlace
Después de viajar por el armonioso Congo de 1927 pasamos al complejo panorama de Rwanda de 1994. Ambos son salvajes, aunque el salvajismo de entonces colonia francesa contrasta con el de la antigua colonia belga. A esta altura, el lector se podrá dar cuenta que para el enlace de esta noche apuntaremos dos o tres cuestiones respecto del colonialismo, el que ya hemos hecho referencia en algún díptico anterior. Muchos estudiosos están de acuerdo en que el colonialismo que sufrió África durante siglos aplacó sensiblemente odios raciales y sociales entre tribus o pueblos vecinos. En algunos casos la sistemática emancipación de sus naciones hizo revivir estas diferencias y eso se tradujo a la larga, en constantes masacres, movimientos guerrilleros, persecuciones religiosas, dictadores crueles que son derribados por otros más sanguinarios y climas de inestabilidad permanente que provocaron importantes flujos de emigración.

Occidente (principalmente Europa) ha llevado a cabo un colonialismo salvaje en África, drenándola de material humano y materias primas. Un método de interacción diferente y, creemos, más humanitario, se intentó a través de la religión, las misiones sanitarias y educativas. Sin embargo Viaje al Congo nos muestra a los nativos musulmanes de la tribu Foulbé obligados a caminar posternados como señal de sumisión al sultán local y Shooting Dogs nos ofrece la decepción del sacerdote, que luego de 30 años de inculcar la moral católica, ha conseguido convertir a los tutsis en ovejas de un rebaño que se ofrecen pasivamente al degüello de los matarifes hutu.

De esta manera, nos parece justo ofrecer como enlace este nuevo y nocivo efecto causado por las bienintencionadas intervenciones foráneas en África, especialmente aquellas que tratan de "civilizar" al negro, entendiendo como civilización tanto la concepción occidental o bien la de los musulmanes con sus vicios fundamentalistas. En la práctica, ninguna de las dos parece tener muchos puntos en común con la africana propiamente dicha.

Darío Lavia

Dedicado a John Hurt

1 comentario:

Pato dijo...

"Aplacar odios" no parece ser más provechoso que "canalizarlos". Lástima que mientras Occidente aprende, sea el Africa quien padece estos procesos madurativos tan lentos. Igual, nada puede justificar al africano que, contando con multitudes de un vigor físico asombroso(muchas mujeres "bien" de nuestra Capital pueden dar pruebas al canto), elijan, como modo de ser, el "ser ovejas"

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