sábado, 14 de junio de 2008

Medea y ¿Quién le Teme a Virginia Woolf?

MEDEA (1970) de Pier Paolo Pasolini
WHO'S AFRAID OF VIRGINIA WOOLF? (¿Quién le Teme a Virginia Woolf?-1967) de Mike Nichols

Medea
Mire Joven, el asunto es más o menos así.


Olvídese de sotas y de picas, Pasolini no juega con baraja española ni francesa. Más bien nos desafía con baraja…rumana; y si usted entiende la metáfora (nada del otro mundo por si acaso), va a disfrutar de un director que siempre arriesga y que va “por más”.

Una muestra de ello es este felm, Medea, donde una cautivante María Callas nos da una magnífica interpretación de quien fuera poseedora de los secretos del fuego, de los filtros y del arte de la venganza. *

Medea acompaña en sus travesías a Jasón, hijo de Eisón y líder de los navegantes del Argos. Heredero del trono de Yolcos, deberá recuperar un vellocino dorado para que le restituyan una corona que por derecho le pertenece pero que mora en manos de su pariente, el rey Pelias.


Medea, amante y fiel a Jasón, comprometerá todos sus poderes a efectos de cumplir con los retos que se le presentan; y como detalle de finura, hará matar a Pelias por sus propias hijas de un modo que sólo una mujer podría pergeñar.

Pero ya de regreso a Corinto, Jasón se enamora de otra mujer, la princesa Glauca, hija de Creonte. Imagínese efebo lector, la reacción de Medea, al notar que su marido, eterno aventurero, parte raudamente en búsqueda de nuevo himeneo.

Conjurándose con sus dioses, Medea realizará un último hechizo. Regalándole sus propias prendas impregnadas en conjuros y venenos a la flamante esposa, la encandecerá hasta incendiarla, causando la muerte de Glauca y la de Creonte, su padre. No alcanzando con esto, consumará su venganza matando a sus dos propios hijos varones, borrando su descendencia con Jasón del mundo de los mortales, e hiriéndolo en lo más profundo de su ser.

¿Quién le teme a Virginia Wolf?
Un matrimonio cuarentón, George (Richard Burton) y Martha (Elizabeth Taylor) recibe la inesperada visita de una joven pareja de recién casados, Nick y Money (George Seagal y Sandy Dennis).

George es el Jefe de Departamento de Historia, y Martha es la hija del Presidente de una mediana casa de estudios. Nick - quien acaba de ser contratado para trabajar en el departamento de Biología de la institución- y Money, serán sus vecinos en el campus de la Universidad.

Lo concreto es que una noche, se encuentran todos en lo de George. Y esa visita de cortesía terminará siendo algo así como…un viaje hacia las moradas infernales.


George y Martha venían “entonados” de cenar en casa del padre de Martha.
A poco de iniciados los diálogos entre ellos notamos que la relación está signada por un cinismo y una agresión desmesurados, y que reina un clima que irá creciendo sostenidamente a lo largo de la historia, alimentado por una verborrea sin frenos, y por un alcohol sin límites.

La joven pareja, en tren de congraciarse con quienes fueran familia directa del rector/empleador, comenzará por aceptar la violencia como algo natural o menor, hasta que entra en un juego, juego del que no se sale jamás: “el juego de la verdad”.

De muy pocas reglas, las irán planteando a lo largo del felm tanto George como Martha, avezados jugadores.

Nick y Money deberán decir –siguiendo el ejemplo de sus anfitriones-, todas las cosas que piensan uno del otro sin matices ni explicaciones. Verdad pura.

Sumarán puntos en la medida que ésas verdades sean de aquel orden de cosas que uno piensa pero no dice nunca. Y ganará quien exponga la real causa que ha motivado –y que motiva- sus decisiones y la de su pareja, desde el momento inicial del galanteo hasta el presente.

La película terminará con una estocada de George al corazón de Martha, cuando éste destrozara sin miramientos el recuerdo de un hijo que nunca existió, pero que fuera concebido por la mente y por las ansias de una madre tan infértil como apasionada.

Y así, cuatro adultos desolados, se encuentran aislados uno del otro, náufragos en este mundo tan complejo, necesitados de atención y de amor, y volverán a buscarse y quizás, vuelvan a encontrarse.

Enlace
¿Cómo sería la vida si uno no lubricara las relaciones que sostiene con los demás –y con la propia pareja- con mentiras o engaños? No lo sabemos. Lo que si sabemos es que si intentáramos tal ejercicio, sería una guerra sin vencedores, ni vencidos **, y probablemente, sin sobrevivientes.


En ambas historias mueren los hijos, y en ambas, su muerte es ocasionada con el sólo efecto de causar daño irreparable “en el otro”.

En ambas hay travesías largas y llenas de monstruos. En ambas, hombre y mujer medirán fuerzas.

Es de destacar que, también en ambos casos, hubo comunión en los inicios, pero el tiempo se ha encargado de ensuciar hasta los recuerdos más sagrados y más íntimos, distorsionándolos y envileciéndolos.

Ahora, si la idea de sufrimiento, o de dolor, o de conflicto propiamente, podríamos tomarla como una parte de la cosa que se sacrifica en beneficio del todo –la familia, la pareja-, la algofilia o masoquismo será algo propio de mentes perturbadas, enfermas. Bien podemos afirmar que el regodearse en el dolor propio o en el del otro, no es sino una forma de manifestar odio; odio que quizás more desde siempre en sus portadores, pero que, a fuerza de autoengaños o de apariencias, se mantiene “fuera del alcance de los niños”. ***

Quizás algo más velado pero de mucho interés también, sea el hecho que ni George ni Jasón podrían haber cumplido su misión sin la ayuda de su mujer, lo que deja más de una reflexión en ciernes. Pero para que usted, caro amigo, no se sienta presionado, ni tampoco comience un derrotero de dudas y de terror hacia su compañera, no las iniciaremos aquí. Sepa que lo entiendo y que, de alguna manera, este díptico es un modo de acompañarlo.

Patricio Flores

Dedicado a quienes cultivan la tolerancia y el respeto hacia sus semejantes.



*: Quizás encuentre en esto algún parecido con su esposa o con su suegra. Lo dejo en sus manos.
**: La frase es del General Eduardo Lonardi, responsable de la revolución que derrocara a Juan Domingo Perón de la presidencia de la Nación Argentina en setiembre de 1955
***: Un Mister Hyde siempre controlado y oculto.

1 comentario:

Gonzalo dijo...

Esa frase negro es de Justo José de Urquiza cuando derrota a Rosas,Lonardi la repitió.

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